Entrevista
Gerardo Muñoz, 90 años después del 18 de julio: "El PP ha sido el reservorio de la extrema derecha, mientras ha estado domesticada"
El escritor y miembro del Consell Valencià de Cultura Gerardo Muñoz (Melilla, 1955) acaba de publicar ‘Historia de la ultraderecha en España’ (Almuzara, 2026), una genealogía del extremismo político que va desde el búnker franquista a la nueva radicalidad alineada con la internacional ultra. Por el camino, compone una 'biografía' de Vox en un momento en que ocupa el centro del tablero político

Rafa Arjones

Pregunta: Desde el año 82 con Blas Piñar hasta 2019 con Santiago Abascal no hubo una representación de extrema derecha en el Congreso. Leyendo su libro da la sensación de que la ultraderecha nunca ha necesitado unas siglas para mantener su influencia.
Respuesta: Hay cierto mito de que la extrema derecha había prácticamente desaparecido en España. Claro que existían. El franquismo no desapareció de la noche a la mañana, ni el sociológico ni el político. Mi investigación pretendía demostrar con datos que no solamente no había desaparecido, sino que estaban bien organizados, o bien dentro de Alianza Popular y luego el PP u organizados en instituciones que estaban influyendo de una manera cada vez más determinante en la actividad política.
¿Qué sería hoy el franquismo sociológico?
Es algo que ha existido en España de hace dos siglos: un sentimiento de rechazo a la democracia, al voto universal, a la igualdad de derechos religiosos, de sexo, un sentimiento de reacción contra cualquier progreso. Primero los absolutistas de Fernando VII, luego los liberales más conservadores, luego los partidos conservadores de la Primera República y la restauración monárquica, con la dictadura de Primo Rivera y sobre todo con la dictadura de Franco. Ese sentimiento de autoritarismo fue el que dominó durante 40 años en este país a través de la dictadura franquista. Llegó la transición y empezó el periodo de apertura hacia la democracia, no desapareció ni mucho menos, simplemente se acomodó a la situación. No es que se acobardara, es que flexibilizaron su manera de vivir, sus exigencias y se amoldaron a una nueva situación.

Gerardo Muñoz, con su nuevo libro. / Rafa Arjones
¿Y donde está ahora?
El CIS, en sus estudios sociológicos, empezó a dar síntomas de que había un grupo de gente cuyas respuestas entraban dentro de los parámetros ideológicos de la extrema derecha. No te decían 'soy de extrema derecha', pero te decían que a lo mejor preferían un régimen autoritario, un gobierno sin autonomía, que les gustaría que hubiera pena de muerte,.... En 1989 estaba entre un 15 y un 21% de españoles. En el 90, el PP tenía un 25,79% de de voto. El PP ha sido el reservorio de la extrema derecha en este país. Lo que pasa es que un ha sido una extrema derecha que ha estado, entre comillas, domesticada porque eran minoría dentro del partido. Han intentado hacer sus cosas, pero no las han dejado porque eran minoría hasta que Vox se formó como fruto de no estar de acuerdo.
Parece que persiste cierta pulsión de intervención en la vida pública: ‘El que pueda hacer que haga’.
Para este tipo de de mentalidad, la democracia consiste en respetar los resultados democráticos mientras me beneficien a mí. El momento en que no, hay que buscar la forma de cuestionar esa democracia, a quien está mandando. Eso pasó con Adolfo Suárez, fue brutal. Lo que estamos viendo ahora con Pedro Sánchez le pasó a Suárez, no tanto judicial, sino militar y político y mediático. Fue el último presidente ‘borboneado’ en este país.
Aznar sigue mandando en el PP.
Sigue siendo el expresidente que más influencia tiene. Ante su partido tiene más poder que el que que tiene Felipe González en el PSOE. Lo está utilizando. En el libro recuerdo que desde FAES, antes de la aparición de Vox, ya le decía a Rajoy, siendo presidente del Gobierno: "Ojito, no pierdas los votos de la ultraderecha. Hay que cuidarlos".
La izquierda no debe insultar a los votantes de Vox. Habrá reaccionarios, pero la inmensa mayoría son gente que tiene otras preocupaciones que durante los últimos gobiernos la democracia no han sabido responder"
¿Qué le dice un 18 de julio como el de ayer, 90 años después del golpe de estado de Franco, que el 27% de los jóvenes entre 18 y 20 años votaría hoy a Vox?
Hay que discernir entre la ideología de Vox, los dirigentes y el votante. Los jóvenes votan más a Vox, sí, sé cómo está la gente de esta generación. Tienen sus razones, que pueden estar equivocadas o pueden ser discutibles. Por eso, la izquierda no debe insultar o meterse con los votantes de Vox. Habrá filofascistas, reaccionarios peligrosos, pero la inmensa mayoría son gente que tiene otras preocupaciones que durante los últimos gobiernos de la democracia no han sabido responder. Los jóvenes tienen razones, algunos lo hacen simplemente porque no les han enseñado en la escuela lo que era el franquismo, ha sido una asignatura pendiente.
En ‘Los amnésicos’, Géraldine Schwarz plantea una tesis sugerente: las sociedades que no hicieron un buen trabajo de memoria son más vulnerables para este renacimiento ultra. ¿Lo comparte?
Mis nietos no saben lo que era el franquismo y cuando le hablas de una dictadura, no saben lo que es una dictadura: sí, saben que no votan, que no hay partidos políticos, y ya está. Es mucho más, pero tienes que explicárselo. Si hubiesen estado en las escuelas escuchando aunque fuera una hora a la semana la historia reciente de España, qué supuso la República, la guerra civil, la dictadura franquista, la Transición,... Es un fallo que hemos tenido y una de las consecuencias la estamos pagando ahora. Es un caldo de cultivo perfecto para que venga el populismo y te diga: "Esto se soluciona de esta manera” y “con Franco había cosas que no estaban bien, pero la mayoría de las cosas estaban muy bien”.
Vox aparece retratado como una especie de producto híbrido, entre herencia franquista y las tesis de la Internacional Ultra. ¿Qué queda de aquel búnker dentro de Vox?
No tienen los símbolos pero ellos defienden la dictadura de Franco. Incluso gente todavía dentro del PP, como Jaime Mayor Oreja. Vox es parte de esa ideología, de ese franquismo sociológico, con resentimiento hacia el bando vencido en en la guerra, que todavía hoy prevalece el no querer que se recuperen los muertos de las cunetas, la unidad de España por encima de todo, el odio al comunismo, a los nacionalismos periféricos, a Marruecos, el orgullo de la reconquista y la conquista de América... Ese sentimiento es sociológico franquista, resuena desde hace dos siglos, es un sentimiento reaccionario decimonónico.

Portada del libro. / Rafa Arjones
Luego llegó el laboratorio europeo.
Al principio Abascal no estaba tan en contra de la inmigración ni le preocupaba mucho el cambio climático. Estaba en pañales decimonónicos. Al empezar a codearse con líderes de extrema derecha europea y sudamericana, pero sobre todo europea con Marine Le Pen, con la italiana, con el húngaro, empezó a tener más claro cuáles eran las herramientas que se estaban empleando en Europa con mucho éxito, de manera que los partidos conservadores habían prácticamente desaparecido ante la efervescencia de los partidos de ultra de ultraderecha en Francia, Italia, Holanda, etcétera. Descubrieron el cambo climático, la globalización, el odio hacia hacia el inmigrante...
Rajoy es moderado y pagó las consecuencias de no aceptar las presiones extremistas, pero ha caído en la tentación de darle la razón a la extrema derecha en inmigración: es imperdonable políticamente"
Hablando de inmigración, y en vísperas de la final del Mundial, no me resisto a terminar sin preguntarle por Rajoy y su opinión: ‘Francia es una selección sin franceses’.
Me ha sorprendido porque lo considero políticamente muy conservador, pero dentro de una línea más moderada. De hecho, él pagó las consecuencias de no haber aceptado las presiones extremistas que tuvo dentro y fuera del partido. Se ha pasado de sarcástico. Pero en un momento tan delicado como el que estamos estamos viviendo nosotros y los franceses y los europeos y el mundo en general, es una metedura de pata que hace señalarle como alguien que está cayendo incluso en la tentación de darle la razón a la extrema derecha en este tema. Es imperdonable políticamente.
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