Temperaturas extremas
El calor en los márgenes
Levante-EMV visita el asentamiento del circuito de Fórmula 1 y a familias pendientes de desahucio en el barrio de la Fuensanta para saber cómo afrontan temperaturas de 40 grados quienes no pueden ni encender un ventilador

Germán Caballero

Es un desierto, pero de asfalto. El circuito de Fórmula 1 diseñado para poner a València "en el mapa" mantiene ocultos a quienes nadie quiere ver. En los márgenes no hay sombra, cero verde. Chabolas sin electricidad, ni agua dan forma a un asentamiento donde las olas de calor son otro nivel. El suelo arde, pero nadie mide las temperaturas que se alcanzan en un lugar que alberga a los más pobres de entre los pobres.
El calor extremo alcanza aquí otra dimensión, una que solo soportan quienes no tienen nada. Su lucha se centra en que el PAI del Grao no se lleve por delante sus tristes casas. Literalmente. O que cuando eso pase, y cuando esa tierra yerma se convierta en un nuevo barrio, la Administración les den una alternativa habitacional. "Como para quejarse del calor, para qué", explican. Los desahuciados de la vida viven ahí, en el circuito de Fórmula 1. Y desahuciar a los desahuciados multiplica y esparce la miseria que hoy vive en los márgenes de la ciudad y sólo se ve si vas a buscarla. Y allí no va nadie.
Sólo una entidad recorre las chicanes del circuito. No lo hace en un monoplaza de competición, sino en una furgoneta industrial repleta de agua embotellada. Se trata de València és Refugi, que todas las semanas de este verano que ya lleva tres olas de calor con temperaturas de hasta 44,8 grados, realiza dos y tres repartos de agua embotellada, además de llevar alimentos, medicinas, ropa o calzado. "El agua es un reparto constante. También llevamos alimentos no perecederos, y muchas veces funcionamos por encargo", explican desde la entidad mientras recorren el circuito y van haciendo paradas en los diferentes "barrios". València és Refugi tiene estudiado el asentamiento y ha contabilizado 250 chabolas, donde estima que viven 400 personas (150 según el ayuntamiento).

Voluntarios de València és Refugi reparten agua en el asentamiento chabolista del circuito de Formula 1 / Germán Caballero / LEV
Quienes habitan en el circuito de Fórmula 1 han construido sus casas con maderas, somieres, cajas, palets, mantas, plásticos... Tienen estancias divididas, pero no importa en cuál estés, porque dentro de la chabola el calor es asfixiante. Efecto invernadero. Fuera, el aire quema. No hay ventiladores con los que "mover" el aire caliente, ni nevera con la que refrescar el agua. "Menos mal que València és Refugi reparte agua, si no moriríamos", explica Isabel. La expresión puede parecer exagerada, pero la gente muere de calor. De hecho, este verano, 253 personas han fallecido en en la Comunitat Valenciana entre el 21 de junio y el 23 de julio de este año, según las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III. La mayoría de los fallecimientos se han concentrado en personas mayores de 65 años. 134 corresponden a hombres y 119 a mujeres. Se contabiliza la edad y el sexo, pero nada se dice de las condiciones de vida de esas personas.
Isabel se acerca a la furgoneta de reparto en cuanto la oye y coge dos packs de agua. "Me llevo el mío y el de Joana, que está liada con el crío", asegura. "El crío" es mayor de edad pero tiene una discapacidad intelectual, y así le llaman quienes le conocen. Isabel mete el agua en el recibidor de su chabola y se sienta fuera. "Menos mal que nos traen agua. Este calor es insoportable. El agua está caliente porque no la podemos enfriar. Lavarnos alivia un poco, pero enseguida sudas de nuevo. Es asfixiante. Por el día tienes que salir y buscar alguna zona verde, o con sombra. Esto es una sartén", explica la mujer señalando el asfalto.

Isabel en su chabola en el asentamiento chabolista del circuito de Formula 1 / Germán Caballero / LEV
Sobre esa sartén camina descalzo Abde Nor. Es argelino, tiene 18 años y acaba de llegar al asentamiento tras cumplir 18 años y salir del sistema de protección de menores. Ya no es un joven tutelado. Ahora es un joven que no tiene ni chanclas. "Mañana te traemos ropa", le explica Jose, desde València és Refugi. "Nadie imagina lo que es vivir aquí, así, con este calor infernal", recalca Isabel.
De la chabola a un piso humilde, pero con techo
Trini sí sabe lo que es vivir en una chabola. Así vivía ella hace 12 años, con dos niños pequeños. Salió del asentamiento cercano al ecoparque de Vara de Quart cuando su familia la avisó de un piso vacío, con la puerta abierta y propiedad de un banco, en el barrio de la Fuensanta. La mujer se metió allí con sus hijos y a los dos días le llegó un comunicado del banco para firmar un alquiler social. "Me pareció un milagro", dice la mujer. Y ahí han crecido sus hijos. En los márgenes de la ciudad. Sin lujos, pero con techo. Y ahí ha nacido el pequeño de la familia, un bebé que ahora tiene dos meses.

Trini, su bebé, su madre y un familiar a la fresca en La Fuensanta al no tener como refrescar su hogar pendiente de desahucio / Germán Caballero / LEV
En casa de Trini, ahora pendiente de un desahucio desde que la casa la compró un fondo ruso que se niega a firmar alquiler social alguno, viven 6 personas en dos habitaciones: el matrimonio y el bebé duermen en una habitación, un familiar de 21 años en otra habitación "minúscula" y los dos hijos de Trini, de 19 y 15 años, duermen en el comedor. "Esta casa es una caja de cerrillas, pero es un techo y tiene suministros. Yo sí sé lo que es vivir en una chabola, nadie imagina la vida así. Es muy duro", asegura.
La mujer afirma que tener un techo le cambió la vida porque encontró un empleo con el que pagar el alquiler y los suministros. Ahora bien, en los márgenes no hay ni lujos ni excesos. Ni tan siquiera para ducharse o para tener el ventilador encendido todo el día. "Vivimos como podemos y no nos quejamos, porque perder esta casa es volver a la chabola y si pienso en el bebé, en mis hijos y en cómo era mi vida sin luz y sin agua... Que yo me iba a la fuente con mis niños pequeños y cargada como una mula", explica la mujer.
Trini, además es beneficiaria del bono social eléctrico, y aun así, la última factura supuso para ella el pago de 105 euros. "Así que no podemos tener en ventilador en marcha todo el día. De hecho, cuando ponemos el ventilador apagamos la televisión y no podemos tampoco poner la lavadora. Todo lo tenemos medido. Así que por la noche salimos a la calle, porque es el único momento en el que se puede salir", afirma.
Hay algo que destacan quienes sufren el calor desde una situación de vulnerabilidad: "todo el mundo está irascible". "Este calor tan extremo y sin poder aliviarlo con nada es desesperante así que todo el mundo está tenso. Hay más discusiones, más problemas y tensiones". Desde las entidades sociales que trabajan con colectivos vulnerables y personas en situación de calle y exclusión social lamentan la "nula intervención" de las Administraciones para atender a estas personas "en situaciones de calor extremo que cada vez son más frecuentes".
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