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Acción social

Vicent Andrés, director de Proyecto Hombre: "Las adicciones se han normalizado y ya no generan la alarma social de los años 80"

Tras 43 años en Cáritas y once como director de Proyecto Hombre, Vicent Andrés se jubila tras una vida en primera línea de las exclusiones

Entrevista a Vicent Andrés, Director de Proyecto Hombre que se jubilará proximamante

Daniel Tortajada

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Mónica Ros

Mónica Ros

València

Vicent Andrés es psicólogo de formación, padre de cuatro hijos, abuelo de seis nietos (la última, en camino), y una de las figuras clave en la acción social en Valencia. Vinculado a Cáritas desde 1983, ha vivido en primera línea la evolución de las exclusiones: desde la epidemia de la heroína y el sida en los 80 y 90 hasta la dirección de Proyecto Hombre, entidad a la que llegó en 2015 y en la que se jubila. Ahora, en plena despedida de su cargo, reflexiona sobre un mercado ilegal que corrompe estructuras y una sociedad que parece haber bajado la guardia ante las nuevas adicciones y que tiene normalizada la droga que causa mayores estragos: el alcohol.

Usted comenzó en Cáritas en el año 1983 en programas de personas sin hogar y viviendas para enfermos de sida. ¿Cómo recuerda aquellos inicios?

Fue una época marcada por la epidemia de la heroína y el VIH. En aquel entonces, las adicciones estaban muy presentes en la calle y generaban una gran inseguridad, lo que derivó en una alarma social que obligó a una respuesta política inmediata. Hoy en día no existe esa alarma social. Tras toda una vida en Cáritas, coordinando distintos programas, en 2015 me propusieron asumir la dirección, algo que consulté con mi familia antes de dar el paso a mis 50 y pocos años.

¿En qué ha cambiado el panorama de las adicciones desde aquellos años hasta hoy?

El alcohol siempre ha estado ahí y es la droga que más estragos causa en la salud y en el entorno familiar. Pero es una droga legal y está absolutamente normalizado aunque causa los mayores estragos en la salud del que consume y en el entorno donde hay una persona con esta adicción. Para el resto de sustancias, el mercado ha evolucionado. De la heroína pasamos a un consumo mayor de cocaína y cannabis, y ahora nos enfrentamos a múltiples sustancias sintéticas con efectos devastadores y un deterioro muy grande. Cuesta estar al día, porque el mercado ilegal tiene una capacidad inmensa de corromper gobiernos y estructuras sociales con tal de ganar dinero a costa de las personas.

Usted menciona que hoy no existe esa "alarma social" de antaño. ¿Es eso un problema?

Absolutamente. Hoy las adicciones se han normalizado; ya no preocupan a la sociedad, sino solo a la persona afectada y a su entorno. Al no haber alarma social, no figura en la agenda politica y la respuesta presupuestaria en salud pública es escasa. Aunque hay voluntad de reforzar el sistema sanitario, todavía estamos más en el terreno de las posibilidades que en el de la realidad. Y encima hay zonas oscuras y no atendidas como el uso problemático de las tecnologías.

¿Le preocupa especialmente el impacto en los más jóvenes?

Sí, ahí es donde vemos una diferencia abismal. Existe un uso problemático de las tecnologías y somos nosotros mismos los que regalamos esa herramienta en la primera comunión. Ya hay evidencia científica de las consecuencias que esto tiene en el desarrollo de nuestros hijos: pierden responsabilidad y límites. Los pediatras ya advierten que hay que prohibir las pantallas a edades tempranas, pero como no hay una preocupación generalizada, el tema pasa a un segundo plano y no es raro ver a bebés con una pantalla en las manos.

Se anuncias leyes (la de protección de menores en entornos digitales, la del alcohol y menores...) pero no avanzan, y la del tabaco recién aprobada está sin dearrollar ¿por qué cuesta tanto?

Hay grupos de interés muy potentes que impiden que se pongan límites al consumo. La ley de alcohol y menores entra y sale del Congreso sin avanzar, y me temo que acabaremos la legislatura sin que se apruebe. Regular no es prohibir; es poner coto basándose en la evidencia para proteger a los colectivos más vulnerables. Parece que el consenso político es difícil cuando choca con intereses económicos que solo buscan ganar dinero.

Salud mental y adicciones parecen ir hoy de la mano. ¿Está el sistema preparado para la "patología dual"?

Es uno de nuestros grandes retos. Los consumos actuales generan brotes psicóticos y enfermedades mentales crónicas. Necesitamos un tratamiento integral porque la red de salud mental y la de adicciones deben trabajar unidas. Actualmente, un joven de entre 13 y 17 años con estos problemas no encuentra un recurso adecuado para su atención. Existe una Dirección General de Salud Mental y Adicciones que escucha, pero hace falta una voluntad política real traducida en medios.

Proyecto Hombre ya ha cumplido 40 años y 15 de ellos ha sido bajo su dirección. ¿Cuál es el balance de su labor?

Hoy es una entidad muy profesionalizada con más de 100 personas colaborando en diversos programas. Ofrecemos un abanico de tratamientos para sustancias y también para adicciones comportamentales. Nuestra labor no es solo asistencial; hacemos un trabajo sociopolítico para visibilizar lo que pasa detrás del escaparate y proponer normativas junto a sociedades científicas.

Tras un año de transición, deja el testigo. ¿Quién asumirá el relevo?

Ha sido un año de trabajo conjunto con Constanza Romero, quien ha estado como directora en funciones. Ella es una terapeuta con muchos años de experiencia y aporta ese perfil profesional necesario para continuar con esta labor. Nuestra puerta siempre estará abierta para quien necesite ayuda o para las familias que viven en conflicto permanente porque el afectado no quiere iniciar el tratamiento.

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