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Educación

Limbo y fin de ciclo para los institutos escuela, el modelo experimental contra la despoblación y el abandono escolar

El Consell del Botànic configuró siete centros con líneas de Infantil, Primaria y Secundaria, de los que solo perviven dos en Castelló de la Plana

CEIPSOS e institutos escuela se implantaron para fijar la población en zonas despobladas, descongestionar institutos que absorben alumnos de otras localidades o luchar contra el abandono escolar

Terreno para la FP de Jardinería en el instituto escuela Maestro Carlos Selma de Castelló de la Plana

Terreno para la FP de Jardinería en el instituto escuela Maestro Carlos Selma de Castelló de la Plana / Redacción Levante

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Marta Rojo

Marta Rojo

València

Era un modelo experimental, y se experimentó. En concreto en siete centros educativos, que habían nacido como Centros de Educación Infantil y Primaria, CEIPS, y vieron cómo les crecían siglas: se convirtieron en CEIPSOS. Algunos aún hoy responden al nombre de institutos escuela, aunque para la mayoría, esa fase “experimental” es algo que ha quedado en el pasado. El modelo que creó el Consell del Botànic y que combinaba en el mismo CEIP aulas de Primaria y de Secundaria para fijar población en zonas despobladas, desahogar institutos masificados o luchar contra el abandono escolar ha puesto punto y final con el cambio de color en la Generalitat. Los centros han vuelto a su estado original: de CEIPSOS nuevamente a CEIP. Salvo algunas -contadas- excepciones. 

Las siglas CEIPSOS son las de Colegio de Educación Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria. Es decir, que la realidad que designan es la de un centro público donde los alumnos pueden cursar de forma continuada desde los 3 hasta los 16 años. Ese modelo de centro permite completar Infantil, Primaria y toda la ESO en el mismo colegio, evitando el cambio de centro a los 12 años.

Fueron siete los centros educativos elegidos, desde el anterior Consell, para ensayar este nuevo modelo. En concreto, el CEIP Carlos Selma y el CEIP Guitarrista Tàrrega de Castelló de la Plana, el CEIP Gaspar Gil Polo de València, el CRA Penyagolosa, de Atzeneta del Maestrat; el CEIP Francesc Carròs, de la Font d'en Carròs; el CEIP Josep Alba, de la Vilavella; y el CEIP Serra de Bèrnia, de Xaló. Centros muy diferentes porque también lo eran los objetivos en cada uno de los casos.

Una salida para el alumnado vulnerable, en el limbo

En concreto, los dos centros de Castelló respondían a la necesidad de buscar una salida para el alumnado especialmente vulnerable. El Instituto escuela Maestro Carlos Selma es, sobre el papel, el CEIP Maestro Carlos Selma, y que se le siga considerando como una excepción, una isla experimental en el sistema educativo valenciano, es un logro para una base de alumnos que, en más de un 95%, son de etnia gitana y proceden de familias en riesgo de exclusión.

Hoy, el instituto escuela es “una cosa rara”, en cuanto a inusual. Lo reconoce su director, Javier Beltrán, que habla de un modelo que, a ellos, les ha funcionado: el de un CEIP con un “proyecto experimental” con aulas de Secundaria y Formación Profesional. Hasta 2018, eran un colegio al uso. Cuando sus alumnos acababan sexto de Primaria, pasaban al instituto de adscripción. Pero, para esos alumnos de entornos vulnerables, la Secundaria era “terreno hostil” y, reconoce Beltrán, “no iban con la mejor predisposición”. “Ese alumnado procedente del CEIP llegó a protagonizar el 80% de los conflictos disciplinarios de todo el instituto de destino”, dice. Así que había que tomar medidas. 

FP Básica de Jardinería en el instituto escuela Maestro Carlos Selma de Castelló de la Plana

FP Básica de Jardinería en el instituto escuela Maestro Carlos Selma de Castelló de la Plana / Redacción Levante

En el curso 2018-2019 fue cuando se tomó la decisión de convertir el CEIP en instituto escuela. Para hacerlo, se optó por un itinerario educativo que pudiera ser de utilidad para el alumnado: se abrieron aulas de Secundaria, en concreto de 1º, 2º y 3º. Acabado ese tercer curso, se abren dos posibles vías para los estudiantes: o derivar a otro centro al alumnado con mejores calificaciones para que acabe la ESO y se gradúe sin dificultad, o la alternativa de la FP Básica de Jardinería, que también se puede cursar en el propio centro.

“Dio la casualidad de que teníamos el terreno, pusimos unos huertos alrededor del centro y, con monos, botas de seguridad y algunas azadas, pudimos empezar a funcionar”, explica el director. La FP de Jardinería tiene la ventaja añadida de salir “barata” al sistema educativo, reconoce, y por eso cree que el modelo ha conseguido sobrevivir, no sin dificultades, mientras el resto de CEIPSOS desaparecían.

Explica Javier Beltrán que, con el cambio al frente del gobierno valenciano, los nuevos gestores del PP vieron que ese modelo mixto era “jurídicamente complicado”. Es verdad, dice, que en un centro como este conviven dos cuerpos docentes, de Primaria y Secundaria, con una única coordinación y algunos “vacíos jurídicos”. No es la única anomalía: el acceso al grado de FP está reservado para el alumnado que ha cursado la Primaria en el centro, así que, al no poderse matricular nadie externo, al inicio de este curso constaban oficialmente cero solicitudes de matrícula. 

“En la dirección general de FP no conocían el centro y les explotaba la cabeza: nos llamaron diciendo que tenían que suprimir la FP este curso porque no había ninguna solicitud”, relata Beltrán. Al final, la cosa quedó clara, incluso el director general de Centros, Jorge Cabo, visitó el instituto escuela y “le gustó lo que vio”. Así que el modelo continúa pero, eso sí, en un limbo. “No se nos suprime pero tampoco se nos regula mejor”, dice. Son una rara avis, una excepción a la norma, una anomalía. Pero sobreviven, y cada año gradúan pequeñas promociones de dos, tres, seis alumnos que saben a éxito.

Lucha contra la despoblación en Atzeneta del Maestrat

Dos años después de autorizar el cambio de modelo en el centro castellonense, en 2020, año pandémico, la Conselleria de Educación convirtió el Centro Rural Agrupado (CRA) Penyagolosa, en Atzeneta del Maestrat, en un CEIPSO o instituto escuela para que integrara los niveles de Infantil, Primaria y Secundaria en un mismo centro. La idea de fondo era la de fijar población en una zona despoblada: a las aulas de ese centro acudirían también alumnos de Vistabella del Maestrat, Xodos, les Useres y Benafigos.

“Hemos conseguido reducir el tiempo de desplazamiento del alumnado que debe empezar los estudios de ESO, lo que ha hecho que algunas familias de estas poblaciones que estaban pensando dejar el pueblo se queden, e incluso algunas que no vivían aquí se planteen ahora establecer su residencia”, detalló el entonces conseller de Educación, Vicent Marzá, en la inauguración de las instalaciones.

Una propuesta para descongestionar institutos

El CEIP Francesc Carròs de la Font d'en Carròs, el CEIP Josep Alba de la Vilavella y el CEIP Serra de Bèrnia, de Xaló, son los centros que se convirtieron en institutos escuela por otro motivo: su población escolar, una vez acabada la Primaria, tenía que cursar la ESO en institutos que recogen alumnado de varias escuelas de la comarca y que habían llegado a estar bastante masificados. Permitir cursar los niveles superiores en el mismo centro donde ya había aulas de Primaria tenía el objetivo de dar un balón de oxígeno a los institutos al borde del colapso. Ahora, todos han vuelto a ser centros de Primaria ordinarios.

El exCEIPSO (ahora CEIP) Francesc Carròs de la Font d'en Carròs

El exCEIPSO (ahora CEIP) Francesc Carròs de la Font d'en Carròs / Redacción Levante / GVA

Fuentes que conocen bien el funcionamiento de uno de esos centros, el CEIP Francesc Carròs de la Font d'en Carròs, explican que el centro estuvo cinco años en ese modo experimental. Los alumnos cursaban la ESO en Vilallonga, en un instituto al límite de su capacidad y, durante ese tiempo, pudieron hacerlo en las propias aulas del colegio. La idea era buena. La ejecución fue “una locura”, reconocen estas fuentes.

Para el claustro, indican, fue confuso y complejo: había docentes de Primaria y de Secundaria en el mismo centro bajo la supervisión de una única dirección sobrepasada, la construcción del nuevo edificio prometido para albergar las nuevas aulas tardaba en llegar, faltaban laboratorios, personal de administración, hacer los horarios era misión casi imposible. Se hicieron cosas, reconocen estas fuentes: trabajo en contra del absentismo escolar, sobre todo, y medidas en beneficio del alumnado de Infantil y Primaria. Pero las dificultades fueron más.

Y pesaron más: hoy de estos CEIPSOS solo quedan las siglas CEIP, excepto en los dos casos de Castelló de la Plana. El cambio de gobierno dio carpetazo a la etapa experimental, que se había saldado con éxitos pedagógicos y problemas organizativos y de recursos. Los dos últimos ejemplares de institutos escuela sobreviven hoy, discretamente, en un limbo, en permanente estado de anomalía, mientras promoción tras promoción siguen graduando alumnos que veían muy remoto ese escenario.

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