Cuando la emergencia también fue el silencio: Asocide CV ayuda a reconstruir la vida de personas sordociegas después de la dana
La Fundación «la Caixa» impulsa un proyecto de atención psicológica especializada para recuperar la seguridad y el bienestar emocional

La experiencia de la dana también puso de manifiesto las carencias de los sistemas de emergencia para este colectivo. / Asocide CV

Las catástrofes no solo dejan viviendas destruidas o carreteras cortadas. También dejan un rastro mucho más difícil de contabilizar: el miedo, la incertidumbre o la sensación de que el mundo ha dejado de ser un lugar seguro. Para las personas sordociegas afectadas por la dana, ambas realidades se cruzaron de la peor manera posible. Mientras el resto de la población seguía las alertas por televisión, radio o teléfono móvil, muchas de ellas ni siquiera podían acceder a la información sobre lo que estaba ocurriendo. Durante días permanecieron aisladas, a la espera de que alguien lograra llegar hasta ellas.
«La pantalla de avisos no es accesible en braille. Se enteran porque somos nosotros quienes difundimos la información y eso les genera muchísima ansiedad», explica Maica García, coordinadora de la Asociación de Personas Sordociegas de la Comunitat Valenciana (Asocide CV), quienes desde el primer momento se convirtieron en el principal vínculo entre muchas personas sordociegas y un exterior del que habían quedado completamente desconectadas.
Antes incluso de poder acceder a las zonas afectadas, el equipo comenzó a enviar mensajes adaptados para ofrecer instrucciones y tranquilidad. Sin embargo, las carreteras cortadas retrasaron las visitas durante días. García es incapaz de emocionarse al recordar aquellos primeros momentos: «Llegué a la primera usuaria un viernes. La dana había sido el martes. Solo podía decirles que aguantaran, que tuvieran comida en conserva, que ya iríamos. Porque muchas veces los familiares tampoco podían llegar».

La intervención psicológica busca enseñar herramientas para reconocer una crisis, controlar la ansiedad y evitar que el miedo termine condicionando toda su vida. / Asocide CV
Cuando por fin pudieron acceder, no solo llevaron agua, alimentos o ayuda con gestiones. También explicaron qué estaba ocurriendo, desmontaron rumores y ofrecieron algo tan necesario como la ayuda material: calma. Porque el mayor daño no siempre fue visible. Meses después, muchas personas siguen evitando salir cuando llueve, sienten pánico al recibir alertas meteorológicas e incluso se plantean abandonar el lugar donde siempre han vivido porque el recuerdo continúa demasiado presente. No se trata únicamente de superar una catástrofe, sino de volver a sentirse seguros en un entorno que dejó de serlo de un día para otro.
Reconstruir para reconstruirse
Para brindar medios capaces de combatir esta realidad es que nació el proyecto de atención psicológica especializada impulsado por Asocide CV y con el apoyo de la Fundación «la Caixa». Más que atender una emergencia puntual, el objetivo es acompañar a las personas sordociegas en un proceso de recuperación emocional que requiere tiempo, recursos y una intervención adaptada a sus necesidades de comunicación. No basta con ofrecer atención psicológica convencional. Es imprescindible que los profesionales conozcan sistemas como la lengua de signos táctil, el dactilológico en palma o las líneas braille y sepan trasladar conceptos complejos de una forma plenamente accesible.
Ese trabajo exige, además, una paciencia extraordinaria. Y muchas veces, antes de comenzar la terapia, hay que reconstruir la confianza. «Hay palabras que ni siquiera tienen signo. Explicar qué es el estrés postraumático puede ocupar una sesión entera, porque la comunicación es más lenta. El primer día, por ejemplo, solo se echaban a llorar. No querían que me fuera, aunque supieran que iba a volver. Es normal: no ven, no oyen y no sabían qué estaba pasando». Por ello, la intervención psicológica busca enseñar herramientas para reconocer una crisis, controlar la ansiedad y evitar que el miedo termine condicionando toda su vida.
La experiencia de la dana también evidenció las carencias de los sistemas de emergencia para este colectivo. «Si llaman al timbre, una persona sordociega no va a abrir porque no ve ni oye. Y aunque los servicios de emergencia lleguen antes que nosotros, muchas veces no pueden comunicarse con ella». Esta falta de comunicación, lejos de tranquilizar, incrementa todavía más la angustia, por lo que desde Asocide CV reclaman protocolos específicos, sistemas de aviso realmente accesibles y una mayor coordinación entre los servicios de emergencia y las entidades especializadas.
Un colectivo «invisible»
Actualmente, la entidad acompaña a 78 personas afiliadas en la Comunitat Valenciana, aunque saben que existen muchas más que todavía no conocen la entidad o que retrasan pedir ayuda porque aceptar una pérdida progresiva de visión y audición no siempre resulta sencillo. Es un colectivo pequeño en número, casi «invisible», pero con necesidades muy específicas que con demasiada frecuencia permanecen fuera del foco social. De ahí la importancia de iniciativas como la de la Fundación «la Caixa», que permiten ampliar las horas de atención psicológica cuando los recursos ordinarios ya no son suficientes.
Sin embargo, si algo quiere subrayar la coordinadora es que la historia de las personas sordociegas no puede contarse únicamente desde la vulnerabilidad. También habla de fortaleza, de capacidad de adaptación y de una resiliencia construida a base de superar obstáculos cotidianos que la mayoría ni siquiera imagina. «Son personas muy resilientes. Cada emergencia nos ayuda a prepararnos mejor para la siguiente. Siempre faltarán recursos, pero ellos van adquiriendo herramientas para afrontarlas».
Hoy en día, muchas calles han recuperado la normalidad y el barro hace tiempo que desapareció. Pero hay reconstrucciones que avanzan mucho más despacio. Recuperar la tranquilidad para salir de casa cuando llueve, dejar de asociar una alerta con el pánico o volver a confiar en que, cuando llegue la próxima emergencia, alguien podrá explicarles qué está ocurriendo, es un proceso mucho más largo. Porque reconstruir también significa garantizar que nadie vuelva a quedarse aislado en el silencio. Y esa, quizá, no solo sea una de las lecciones más importantes que dejó la dana, sino también el verdadero reto.
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