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¿Son los bosques los responsables de los incendios?

¿Son los bosques los responsables de los incendios?

Redacción Levante-EMV

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Carles Arnal

Carles Arnal

Doctor en Biología. Comissió Forestal d’Acció Ecologista-Agró

Un bulo recorre estos días redes sociales y medios de comunicación y parece ser compartido por mucha gente que, de buena fe, pero con malos datos, o sin ellos, comparte esa opinión. Resulta muy preocupante que el decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Forestales de la Comunidad Valenciana comparta y propague estas ideas, con datos muy discutibles. Levante EMV publicó recientemente un interesante articulo recogiendo las opiniones del señor J. M. Batiste Marçal, que pienso que merece una respuesta.

Soy doctor en biología, especializado en bosques e incendios, y un ecologista que lleva 50 años siguiendo la política y la gestión forestal valencianas y, sobre todo, un ciudadano que considera que sólo los datos, el respeto al conocimiento de los hechos reales y la fundamentación científica, han de ser las bases de un diálogo respetuoso y riguroso para resolver problemas sociales. Como es el de los incendios, que tiene poco de natural y muchísimo de social. Como problema, es básicamente humano. Me siento, por ello, llamado a responder y combatir estos bulos, con datos oficiales y fuentes científicas, accesibles y contrastables.

Los bosques jamás se queman espontáneamente. En la inmensa mayoría de los casos los quemamos los humanos. La despoblación y el abandono rural, que son otros problemas a resolver y combatir, pero con actuaciones adecuadas, independientemente del problema de los incendios, no son tampoco responsables de causar ningún incendio. Esta despoblación, sobre todo a lo largo del siglo XX, ciertamente motivó la regeneración de los bosques (que no se puede calificar de “desordenada”, que en este contexto es una expresión poco científica, totalmente subjetiva e inadecuada para describir el proceso) no originó, ni origina incendios. Es al contrario, al menos en el territorio valenciano, al que todo el tiempo me referiré.

Extensions cremades en 10 anys recents (2014-2023).

Extensions cremades en 10 anys recents (2014-2023). / ED

La vegetación jamás se quema ella sola. La creencia contraria es totalmente falsa. Al menos en nuestro tiempo y en nuestro territorio y en condiciones normales. Puede que exista alguna excepción totalmente anecdótica, pero ni mucho menos sería un fenómeno considerable ni conocido. Tampoco el calor, ni la sequía, ni el viento de poniente, ni otros factores meteorológicos que frecuentemente se invocan como causantes de fuegos originan ningún incendio. Lo podrán facilitar o propagar, jamás lo inician. Para que se inicie el fuego se necesita o una chispa (como la de un rayo, o un fuego originado por humanos directa o indirectamente). No hay otra causa. Los provocados por rayos son una gran minoría (un 20 % en el máximo período estadístico disponible, que es el que debe tenerse en cuenta) y el resto, un 80 %, responde a causas humanas, de diverso tipo, todas ellas conocidas, estudiadas y recogidas en estadísticas oficiales por demarcaciones y municipios. Así que culpar a la vegetación o al bosque de causar incendios es una afirmación rotundamente falsa, sin base en hechos reales comprobados.

Efectivos de bomberos en La Vall d'Uixó (Castellón), cuando el incendio declarado el pasado sábado cumple este jueves su sexto día activo, con un perímetro de 84 kilómetros y 9.300 hectáreas quemadas, según el último balance oficial, y cuyos trabajos de extinción afrontan unas 48 próximas horas cruciales para lograr su estabilización. EFE/Kai Försterling. AÑADE TEXTO

Efectivos de bomberos en La Vall d'Uixó (Castellón), cuando el incendio declarado el pasado sábado cumple este jueves su sexto día activo, con un perímetro de 84 kilómetros y 9.300 hectáreas quemadas, según el último balance oficial, y cuyos trabajos de extinción afrontan unas 48 próximas horas cruciales para lograr su estabilización. EFE/Kai Försterling. AÑADE TEXTO / Kai Försterling / EFE

Es cierto que la consecuencia del abandono rural a lo largo del siglo XX ocasionó que el bosque se recuperara partiendo de la situación de extrema reducción y degradación a la que llegó a finales del siglo XIX, pero no fue el bosque quien expulsó a la gente, ni los ecologistas, ni las legislaciones proteccionistas, que no aparecieron en nuestro caso hasta hace muy poco. Ni es un fenómeno que se pueda despachar con cuatro líneas simplificadoras. Fue realmente resultado de un colapso, por agotamiento del modelo socio-económico hasta entonces vigente. El colapso de un sistema tradicional de explotación de los bosques y de la economía rural agrícola y ganadera de las comarcas de interior valencianas. Un fenómeno que, con rasgos diferenciales y matices, se dio también en gran parte de la cuenca mediterránea europea y, con más diversidad de detalles y causas, en todo el planeta. El éxodo del territorio rural al urbano ha sido un hecho, y sigue siéndolo, muy complejo y de escala mundial, más allá de regímenes concretos. En resumen, la vegetación natural se está recuperando, lentamente, con dificultades (y con muchos matices y aspectos que contemplar) y reocupando el “vacío” dejado por los humanos y no al revés. Es verdad que esta vegetación, aún en regeneración, y sometida a diferentes interferencias humanas, entre ellas incendios, malas repoblaciones, errores de gestión y muchos otros impactos puntuales, es en gran medida inmadura. I también, en general, y a causa de esas perturbaciones, menos diversa y valiosa ecológicamente, más inflamable y menos resiliente que la vegetación originaria de nuestros bosques, dominados por especies arbóreas y arbustivas, mayoritariamente “rebrotadoras” post-incendio. Muchas de las medidas que se proponen y que se vienen ejecutando por administraciones, técnicos forestales y particulares, contribuyen a impedir o dificultar que los bosques alcancen la madurez y la resiliencia, que tarden en mejorar su composición de especies y la biomasa característica de los bosques mediterráneos completos y sin degradar. Unos bosques densos, con elevada biomasa y biodiversidad y con mucho matorral y lianas en su sotobosque. No son bosques atlánticos, ni cultivos, ni jardines… son ecosistemas complejos y ricos en vida, de lo cual depende la calidad e intensidad de los servicios ecosistémicos que esperamos y necesitamos de un buen bosque (y que no son los mismos servicios de un campo de olivos ni de un jardín urbano). Actuaciones como, por ejemplo “limpiezas”, “cortafuegos”, desbroces, talas y explotaciones excesivas y poco viables económicamente en nuestras condiciones naturales, contribuyen a ello, por desgracia. Así como una protección aún insuficiente, deficiente y escasamente dotada económicamente. Naturalmente, quienes ignoren y desprecien el valor real de estos servicios vitales para nuestra sociedad discreparan de lo que acabo de decir, pese a los estudios que lo demuestran. De todo esto hay documentos históricos y científicos, así como estadísticas publicadas por la misma Generalitat. Por ejemplo, el boletín Espurna, o las estadísticas del Ministerio (MITECO) y datos recogidos en diferentes publicaciones oficiales y administrativas, acuerdos y convenios internacionales, etc., reflejados en nuestro informe sobre Prevención.

Ordenació de les 31 comarques valencianes en funció del nombre d'incendis (2014-2023).

Ordenació de les 31 comarques valencianes en funció del nombre d'incendis (2014-2023). / ED

El mito de que la despoblación causa incendios, choca también con los datos recogidos en las mencionadas fuentes oficiales. Las comarcas que más se despoblaron durante el siglo XX están entre las que menos incendios sufren en las últimas décadas (recogido también en el PATFOR). El caso más espectacular es el de la comarca de Els Ports. Es la que mayor despoblación sufrió y actualmente está entre las que más proporción de superficie forestal posee y con algunos de los mejores y más extensos bosques de nuestro territorio; diversos, densos y algunos bastante bien conservados. Es la comarca que menos incendios forestales ha padecido. Era esperable, ya que no existe ninguna explicación lógica que relacione despoblación con número de incendios, puesto que las causas son mayoritariamente humanas. Las comarcas con más población y mayor actividad humana son las que más incendios padecen.

Sobre la evolución histórica de nuestros bosques, la gestión de los mismos, las actividades humanas y sus impactos, recomiendo revisar libros de historia y de economía agraria. Por ejemplo, las “Observaciones…” Cavanilles de finales del S.XVIII y el informe de Bosch i Julià (ingeniero forestal, de los primeros y de los más destacados que ha habido) que llega a definir como lastimoso el estado de los bosques valencianos a mediados del siglo XIX. El estudio sobre economía agraria por comarcas y su evolución al largo del siglo XX realizado por un grupo de ingenieros agrónomos dirigido por J. V. Maroto y publicado en 1990 explica, de manera clara y sin condicionantes ideológicos ni políticos, como se produjo la despoblación y parte de sus causas. No son los únicos testimonios existentes, pero debería ser de lectura obligada para quien quiera hablar de bosques, incendios y mundo rural.

29/07/2026 Incendio de la Vall d'Uixó COMUNIDAD VALENCIANA ESPAÑA EUROPA CASTELLÓN SOCIEDAD CONSORCIO DE BOMBEROS

29/07/2026 Incendio de la Vall d'Uixó COMUNIDAD VALENCIANA ESPAÑA EUROPA CASTELLÓN SOCIEDAD CONSORCIO DE BOMBEROS / CONSORCIO DE BOMBEROS / Europa Press

Para acabar, hay algunos detalles que en el artículo mencionado resultan confusos, incompletos o equivocados. La “superficie forestal” se define a nivel estadístico por defecto (y no con criterios botánicos o ecológicos). Se considera forestal todo aquello que no sea urbano, agrícola o lámina de agua, básicamente. Por lo tanto, el simple abandono de tierras agrícolas, aunque la vegetación forestal apenas creciera, y aunque no hubiese un solo árbol más, implicaría un incremento estadístico de superficie forestal.

No es lo mismo, ni mucho menos, que “bosque”. De hecho, una parte considerable de esta superficie son terrenos yermos, herbazales, pedregales, suelos casi desnudos de vegetación… que ni de lejos se pueden confundir con un bosque. También en las estadísticas recientes se constata (datos del boletín Espurna) que el 77 % de la superficie quemada, como promedio de los últimos años, son zonas desarboladas, “ralas”, como se denomina en las estadísticas; o sea, sin ningún o poquísimos árboles, y que pueden ser matorrales, herbazales, campos de cultivo o zonas casi totalmente desprovistas de vegetación.

Dades del Pla d'Acció Territorial Forestal.

Dades del Pla d'Acció Territorial Forestal. / ED

Por otra parte, los inventarios forestales recientes consideran bosques a las superficies que tienen al menos un 15 % de cubierta arbórea; es decir, casi como un campo de almendros o un jardín con unos cuantos arboles dispersos. Hace unos años se cambió, de un inventario a otro, el limite inferior para considerar superficie arbolada y “de repente” las superficies arboladas que estaban por muy por debajo, en extensión, de los matorrales, “crecieron súbitamente” y paso a invertirse la situación. Los números globales ocultan que gran parte de los matorrales y bosques que tenemos actualmente están muy degradados y que las especies que originariamente (antes del desarrollo de la ganadería y la agricultura) eran dominados por especies muy resilientes a los incendios, como encinas, alcornoques y robles, ocupaban más del 70 %, y ahora menos del 5 % de la superfície de todo el territorio valenciano. ¿Tenemos demasiados bosques, cuando ocupan mucho menos de la mitad de la superficie potencial original? ¿Debemos estar satisfechos cuando están muy degradados y maltratados por causas humanas seculares y no acaban de llegar a etapas maduras? No nos quedemos con datos genéricos y entremos en los detalles y en los aspectos más importantes.

Como estamos viendo este año, la mayoría de grandes incendios se originan en campos de cultivo o su entorno inmediato, en periferias de núcleos habitados, cerca de carreteras o zonas bastante desprovistas de árboles, y surgen por acciones humanas, muchas de ellas relacionadas con la agricultura, la ganadería o la explotación forestal. Se inician fuera del bosque y luego se extienden por donde sea; llegan a casas, ciudades y, claro está, también a bosques, que no originan, sino que padecen los fuegos que los humanos generamos. Incendios de causa humana que incluso han quemado áreas semidesérticas que difícilmente puede considerarse bosques. Esa es la realidad que muchos se niegan a ver. Una vez en marcha las llamas, atraviesan o saltan “cortafuegos”, áreas previamente “limpiadas”, bosques “gestionados” y aclarados, carreteras y autovías, barrancos e incluso ríos. Es decir, se saltan las barreras y contenciones del fuego que constituyen las principales medidas “preventivas” actuales, aunque no eviten ningún fuego y aunque fracasen muy a menudo en frenarlos o controlarlos… pero ahí va a parar el 90 % de las inversiones de “prevención”, mientras no se ataca el origen del problema: las causas humanas de los fuegos.

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