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Los 15 ahogamientos de julio en la Comunitat Valenciana elevan a 30 los muertos en piscinas, ríos y playas este año

La Comunitat Valenciana es la segunda comunidad con más fallecimientos por ahogamiento en julio y la quinta en el cómputo anual

Playa de València abarrotada de personas

Playa de València abarrotada de personas / Miguel Ángel Montesinos / LEV

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Kevin Contreras

Kevin Contreras

València

El mar y el verano son buenos complementos, pero no siempre se llevan bien. El consumo de alcohol, el exceso de confianza, las zonas sin vigilancia, la mar adversa o las imprudencias dentro de la mar se han convertido en algunos de los factores de riesgo más comunes que provocan que muchas personas durante la temporada estival corran peligro durante las vacaciones. Desde que comenzó el año, 30 personas han fallecido por ahogamiento, una cifra que refleja la gravedad de un problema que vuelve a repetirse cada año y que encuentra en los meses de verano su momento más crítico. Solo en julio se han registrado 15 muertes, la mitad de todos los fallecimientos contabilizados en lo que va de año, coincidiendo con el aumento de la afluencia en playas, ríos y piscinas.

El balance, además, va mucho más allá de las víctimas mortales. En el mismo periodo se han contabilizado 70 personas afectadas por incidentes acuáticos. Unos datos que evidencian que el riesgo en el medio acuático continúa siendo una de las principales amenazas del verano y que obligan a poner el foco tanto en la prevención como en la vigilancia. El estudio, realizado por la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS), coloca a la Comunitat Valenciana en el segundo lugar en el mes de julio, tan solo por detrás de Cataluña, que ha sufrido 20 fallecimientos a causa de ahogamientos. En el cómputo anual, la Comunitat se coloca en quinto lugar con un total de treinta muertes en el agua, detrás de Andalucía, que encabeza la lista con 49 fallecimientos. El resto de posiciones las completan Cataluña, que suma 44; Galicia, con 42 y Canarias, con 38. Entre las cinco comunidades recogen un total de 203 decesos de las 308 que han ocurrido a nivel nacional, lo que representa el 65'9 %.

El séptimo mes del año ha vuelto a convertirse en el más letal hasta la fecha. El aumento de actividad acuática sumado a la gran cantidad de personas que sobreestiman sus capacidades físicas y sapienciales, infravalorando a la vez el poder del mar, multiplica la exposición al riesgo que corren las personas que frecuentan las costas. El elevado número de fallecimientos en el último mes confirma una tendencia que los servicios de emergencias repiten cada verano: a mayor afluencia de bañistas, mayor probabilidad de accidentes graves.

Accidentes, problemas de salud y natación recreativa

Según muestra el estudio 'Ahogamiento en España', promovido por la Escuela Segoviana de Socorrismo, los fallecimientos no obedecen a una única causa. La actividad que se estaba realizando, las condiciones de salud o el estado del entorno son algunos de los factores decisivos que pueden influir, incluso hasta el punto en el que puedan sumarse entre ellas para favorecer que una persona pierda la vida.

Este año, ocho de las defunciones por ahogamiento estuvieron relacionadas con enfermedades o problemas médicos anteriores, entre los que se encuentran los infartos, las pérdidas de conocimiento y otras patologías que sorprendieron a las víctimas mientras se encontraban en el agia. A ellos se suman también las víctimas de accidentes de tráfico que fallecieron a causa del agua, las condiciones marítimas en el momento del baño o el no saber nadar, que también es un dato relevante pero no el decisivo.

Los equipos de salvamento marítimo de la playa del Cabanyal rescata a uno de sus "ahogados" durante el simulacro

Los equipos de salvamento marítimo de la playa del Cabanyal rescata a uno de sus "ahogados" durante el simulacro / Ayuntamiento de València

Además, gran parte de los decesos tuvieron lugar mientras los bañistas se encontraban realizando actividades habituales dentro del agua y aparentemente seguras. Dieciocho de ellas fueron mientras durante la práctica de la natación recreativa o mientras disfrutaban de un baño recreativo. Una cifra que se coloca muy por encima de las dos víctimas que se ha cobrado el buceo a pulmón o las tres que han sido a causa de las actividades que tenían lugar cerca del agua o con vehículos acuáticos a motor.

La vigilancia y las playas, factores determinantes

Uno de los aspectos que más llama la atención es el papel que desempeña la vigilancia. Diecisiete de los fallecimientos se produjeron en lugares que no contaban con un servicio de vigilancia o socorrismo en el momento de la tragedia, una circunstancia que reduce considerablemente las posibilidades de una intervención rápida en caso de emergencia. Pese a ello, la presencia de socorristas no elimina completamente el riesgo, ya que trece de los fallecimientos se produjeron en lugares donde sí existía esa seguridad.

Las playas vuelven a ser también el escenario perfecto para aumentar la cifra. Dieciocho víctimas han perdido la vida en las costas de la Comunitat Valenciana, la mayoría de ellas en zonas que sí contaban con vigilancia. Los ríos son el segundo entorno más peligroso, con seis fallecidos, el último de ellos en Manises, un registro que se completa con las piscinas, tanto domésticas como públicas.

El operativo de búsqueda se desplegó en el río Túria a su paso por Manises

El operativo de búsqueda se desplegó en el río Túria a su paso por Manises / A. Manises

La vulnerabilidad de la edad

Los extremos de edad vuelven a concentrar una parte importante de las víctimas. Entre los 30 fallecidos por ahogamiento en la Comunitat Valenciana se encuentran, por una parte, dos menores de edad que tenían 15 y 16 años. Ambos perdieron la vida en zonas costeras de la Comunitat Valenciana durante los meses de abril y junio.

Por otra parte, catorce de los difuntos se trataban de personas pertenecientes a la tercera edad, es decir, mayor de 65 años. Una cifra que preocupa, ya que se trata de casi la mitad del total. Dentro del grupo destacan dos víctimas de 83 años, una cifra que refleja la especial vulnerabilidad de las personas mayores en el medio acuático. La es capacidad de reacción, el cansancio o la aparición repentina de problemas de salud pueden convertir un baño habitual en una emergencia en cuestión de segundos.

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