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Eclipse

Del miedo apocalíptico a fenómeno de masas

Los fenómenos astronómicos que actualmente son motivo de celebración han sido utilizados a lo largo de la historia como signo de premonición de la muerte y método de control sobre el pueblo por parte de las personas más cultas.

Imagen generada por inteligencia artificial de un hombre observando una representación inca del Sol

Imagen generada por inteligencia artificial de un hombre observando una representación inca del Sol / Redacción Levante-EMV/Magnific

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Los eclipses son actualmente, y como ha demostrado el revuelo generado por el del próximo 12 de agosto, un fenónemo de masas. Se trata de un acontecimiento único y los interesados en la astronomía se sienten afortunados de poder observar un fenómeno de este calibre y que será recordado a lo largo de la historia. Sin embargo, los eclipses no siempre han sido motivo de celebración, ya que antiguamente eran utilizados como signo de premonición de la muerte y método de control sobre el pueblo por parte de las personas más cultas.

Estos eventos astronómicos se llevan observando desde hace 4.000 años: "los babilonios, en 1790 a.C. ya los observaban, los registraban y descubrieron el periodo de Saros, el ciclo de repetición de los eclipses", afirma la astrónoma en el Observatorio Astronómico de la Universidad de Valencia Amelia Ortiz. No obstante, este conocimiento no estaba al alcance de todos, y se utilizaba para atemorizar o incluso controlar a plebeyos y culturas menos desarrolladas.

De hecho, este método fue uno de los utilizados por Cristóbal Colón tras su llegada a América. Tal y como recoge el mapa interactivo creado con la colaboración de la Universitat de València, "Un mundo de eclipses", el historiador José Luis Comellas afirma que en el último viaje del conquistador, según cuenta su hijo, "Colón y su tripulación sintieron la amenaza de las poblaciones locales, que empezaban a hartarse de su presencia allí, para atemorizar y calmar la resistencia de los locales, Colón recordó que al día siguiente, 29 de febrero, habría un eclipse de Luna, y lo usó a su favor".

La muerte es anunciada por eclipses en el cristianismo

El miedo y la incertidumbre que generaban estos fenómenos astronómicos traspasaba las barreras culturales y religiosas, convirtiéndose en un temor común y extendido por todo el mundo. El cristianismo de la Edad Media reunía ciencia y creencia a la hora de interpretar los eclipses solares, y su asociación con acontecimientos funestos era habitual.

En "Un mundo de eclipses" aparece cómo la oscuridad del planeta era entendidda como uno de los precedentes al Juicio Final, el momento que los creyentes sitúan como el fin de los tiempos. Según la visión profética del Apocalipsis de Juan y haciendo referencia a esta profecía, "cuando el ángel toque la cuarta trompeta, una tercera parte del Sol, de la Luna y de las estrellas serán heridas, lo que provocará el oscurecimiento de un tercio de la luz del día y de la noche". Aunque hay teorías que sostienen que esta descripción simbólica podría tener un origen puramente atmosférico, también se ha interpretado como una alusión a la oscuridad de un eclipse. El relato cuenta, además, con varias representaciones artísticas, que también demuestran la inspiración artística que ha supuesto siempre este fenómeno, representado en piedra, lienzo y figura.

En otros textos el del clérigo y notario Galberto de Brujasse se señalan estos fenómenos como una advertencia de la ira divina que "al ser ignorada por amos y siervos, sobrevino una repentina hambruna y el azote de la mortandad".

Coincidencias en territorios lejanos

En la antigua China, y a pesar de la gran distancia a la que se encuentra este territorio, los eclipses también se vivían con gran temor, ya que se creía que anunciaban grandes desgracias y hambrunas. El oscurecimiento de la luz sobre la Tierra se asociaba a la existencia de un dragón celestial que intentaba devorar al Sol durante el eclipse. Para evitarlo, hacían todo el ruido posible: tocaban tambores, gritaban y lanzaban flechas al cielo, de esta forma conseguían que el dragón lo escupiera y que todo volviera a la normalidad.

En el caso de los Mbyá Guaraní, situados en el norte de América, se cree que en el cielo habita el Jagua Jhovy o Tigre Azul, que en ocasiones se comía al Sol o a la Luna. Al ver esto, de forma parecida a la cultura china, los guaraníes gritaban «Jaguá Jhou Yasy» (El Tigre se comió la Luna) o «Jaguá Jhou Kuarajhy» (El Tigre se comió al Sol) mientras lanzaban flechas o piedras para que el animal escupiera al Sol y volviera la luz.

La leyenda de eclipses que ha llegado hasta la actualidad

Aunque actualmente sabemos que los eclipses son fenómenos astronómicos muy alejados de cualquier presagio de muerte, algunos todavía los usan como señal de premonición en series o películas. Un ejemplo es Verónica, la película de ficción estrenada en 2017 e inspirada en hechos reales: un caso de ouija con final mortal en el 91 en Madrid. Ese mismo año, ocurrió un eclipse solar total que no fue visible en España, pero que su director, Paco Plaza, recupera y decide hacer visible en Madrid.

Tal y como explica "Un mundo de eclipses", el fenómeno funciona como contexto temporal, ya que la sesión de ouija está sincronizada con él, y también como "metáfora visual de una oscuridad que envuelve a la protagonista hasta acabar con ella". La ouija se anuncia cuando la profesora de Verónica habla de la zona "con oscuridad absoluta" que provoca el eclipse en una parte del mundo. El director asemeja las los situaciones, ya que igual que el eclipse solo oscurecerá por completo algunas zonas de la superficie terrestre, la ouija solo afectará a una de las tres personas que participan en ella.

Como detalle adicional, el anillo del eclipse proyectado en la clase de un colegio se refleja en el pecho de Verónica justo cuando ella y su amiga se disponen a salir del aula, mientras las demás alumnas suben a la azotea a observar el eclipse. Esto deja clara la intención del director y refuerza el símbolo de premonición de muerte que ya venía dado por culturas y relatos anteriores.

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