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Cambio climáico

La boya de València roza los 29 grados y alcanza su récord este verano

Alcanza los 28,97 grados calcado al máximo del pasado verano cuando el sensor estuvo inactivo casi todo agosto

La playa de la Malva-rosa de València hace unos días.

La playa de la Malva-rosa de València hace unos días. / Miguel Ángel Montesinos / LEV

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Lluís Pérez

Lluís Pérez

València

La temperatura de la boya de València ha alcanzado los 28,97 grados este lunes a las dos del mediodía. Se trata de un dato inédito este verano; se habían alcanzado los 28,77 grados a mediados de julio en plena ola de calor e iguala a los registros alcanzados durante el pasado verano. Entonces la temperatura llegó a 28,97 grados a mediados de mes, pero es cierto que el sensor estuvo inactivo durante gran parte de agosto de 2025, cuando hubo una ola de calor de prácticamente 10 días de duración a mediados de agosto. Sin embargo, aunque el mar Mediterráneo está muy caliente este verano, aun no se han conseguido superar los 29,72 grados, el récord en la costa valenciana registrado en julio del año 2023. El año pasado estuvo a punto y tal vez lo hizo, pero los datos no pudieron tomarse con normalidad. Aunque altos, los registros distan bastante de los 33,02 grados registrados en la boya de Mallorca, en alta mar, de hace unas semanas.

Es evidente que el Mediterráneo occidental está "muy caliente" y su temperatura supera a los valores habituales para esta época del año. Las olas de calor marinas han disparado la temperatura media a 28,3 grados, con una anomalía de 1,9 grados según recoge el visor de monitorización del Mediterráneo del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM). En muchos puntos, la temperatura superficial del mar supera los 30 grados.

En julio, tras el final de las sucesivas olas de calor, la temperatura media bajó a niveles habituales para finales de julio y eso permitió que la superficie marina se enfriara tres grados en muy pocos días. Pero era un efecto temporal como ya explicó el jefe de Climatología de la Aemet en la Comunitat Valenciana, José Ángel Núñez, quien explicaba a Levante-EMV que "el calor acumulado durante los últimos años se difunde a capas profundas", lo que provoca que cuando vuelve el calor, vuelva a caldearse más rápidamente y no se consiga un enfriamiento real.

El Cantábrico está más de 3ºC por encima de lo normal y el Mediterráneo occidental, más de 4ºC.

El Cantábrico está más de 3ºC por encima de lo normal y el Mediterráneo occidental, más de 4ºC. / AEMET

Energía para una dana

Un mar caliente es un remanente de energía potentísimo para la atmosfera y aumenta el riesgo ante posibles precipitaciones explosivas. Pero, además, se necesita un contexto de inestabilidad atmosférica, causada por un embolsamiento de aire frío. Y el tercer elemento es que esta bolsa se sitúe en el suroeste de la Península Ibérica. Así ocurrió el 29 de octubre cuando, como contaba la Aemet, una "dana se fue descolgando de la circulación general de norte a sur hasta quedar situado su centro en la zona del Estrecho", provocando "un gran forzamiento dinámico sobre el este de la Península". La conjugación de estos tres elementos es indispensable. No es imposible su repetición, pero la virulencia de ese día podría tardar décadas en repetirse. Que no sean de tal magnitud no anula la posibilidad de que las lluvias de este otoño sean torrenciales. Se vio el pasado otoño, cuando hubo hasta cuatro avisos de nivel rojo entre septiembre y diciembre, con el envío de sus respectivos mensajes Es-Alert de carácter informativo para la ciudadanía.

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