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Fenómeno a bordo

El eclipse en altamar le gana la batalla a las nubes

Cerca de mil personas han apreciado el fenómeno desde el ‘Ciudad de Barcelona’ en una jornada de nervios que culminó con la aparición del sol apenas unos minutos antes de la totalidad

Así ha sido el eclipse en altamar

Kevin Contreras

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Kevin Contreras

Kevin Contreras

València

Ver un eclipse solar total desde altamar, desde luego, es algo que muy poca gente se espera hacer a lo largo de su vida. Si ya resulta extraño vivir un evento astronómico de estas repercusiones, ya que hace más de un siglo que ninguno pasa por territorio español de forma completa, más insólito aún es vivirlo desde un barco a la deriva en medio del mar Mediterráneo a la vuelta de Ibiza. A bordo de una nave, el horizonte se abre casi por completo y el cielo se convierte en el protagonista de una obra que tardará en volver a representarse. Se ha tratado de un fenómeno que cerca de mil personas han podido ver desde el buque ‘Ciudad de Barcelona’, propiedad de Trasmed, pero que también han sufrido por sus deseos debido a una nube enorme que no permitió apreciar el fenómeno desde el principio.

Lejos de los edificios, las ciudades y la contaminación lumínica, la experiencia se vive diferente. A falta de varias horas, el eclipse ya levantaba expectación al respecto dentro de la embarcación y eran muchas las personas que anhelaban vivir la experiencia desde un lugar único. "Estoy muy emocionada, nunca he visto uno y creo que puede ser algo especial", destacaba María Gutiérrez. La rutina es la misma que en tierra firme: desplazarse hasta un lugar donde se pueda ver con claridad -en este caso la cubierta del barco-, esperar a las 19 horas para que comience, ponerse las gafas homologadas antes de que finalice la penumbra total y disfrutar de un fenómeno astronómico digno de recordar, tanto para bien como para mal.

La gran mayoría de los pasajeros del barco, por no decir la totalidad de ellos, han decidido coger el barco con un objetivo presente: ver el eclipse desde un lugar tan peculiar como es altamar. No es para menos, los propios miembros de la expedición de la Universitat de València aseguran que es un lugar único para apreciarlo, ya que la baja altura del sol provocará que desde a bordo de la naviera será uno de los pocos lugares desde los que se vea sin obstáculos en el horizonte. Sin embargo, nadie contaba con la aparición de una enorme nube que tan solo permitió apreciar unos breves rayos de luz antes de que el cielo perdiese la luz.

El eclipse que duró dos días

Apenas ha sido un minuto de oscuridad, pero a bordo de la naviera el fenómeno comenzó alrededor de las 23 horas del martes 11. Fueron muchas las personas que participaron en un quiz astronómico organizado por el Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universitat de València y en los talleres divulgativos y charlas científicas que realizaron durante la noche anterior al evento y pocas horas antes de que este tuviera lugar, además de compartir una guía técnica sobre la observación en directo desde la cubierta del barco. "Ha sido un trabajo de mucho esfuerzo y coordinación, pero estamos orgullosos de cómo ha salido", aseguraba Michael Gabler, profesor permanente de astrofísica de la UV.

El eclipse, desde el barco de Transmed.

El eclipse, desde el barco de Transmed. / K.C.

Poco antes del ‘apagón solar’ y de que se pudiera apreciar que una nube tapaba el sol, durante el viraje completo del buque, que tenía que encararse hacia el astro que se escondería tras la luna, la cubierta del barco se convirtió en una fiesta total al ritmo de canciones como ‘Superestrella’ de Aitana o ‘El Fin del Mundo’ de LaLaLove, canción que también sonó en el momento en el que el satélite opacó la estrella que ilumina la Tierra.

Expectativas por las nubes

"Estamos muy emocionados de estar aquí", "los nervios crecen conforme pasan los minutos", "la curiosidad es muy grande" o "tenemos las expectativas muy altas" eran algunas de las respuestas más repetidas a los pensamientos de los pasajeros en el momento que el barco volvió a zarpar alrededor de las 17.30 horas. Las ganas de que el eclipse tuviera lugar aumentaban exponencialmente al paso del tiempo y la emoción comenzó a ganar terreno en el momento en el que comenzaron las charlas preparatorias previas al evento.

Uno de los factores clave es la compañía. Un acontecimiento como esté es imposible no verlo rodeado de amigos y familiares a los que se aprecia y se estima, como es el caso de Amparo Zaragoza, que reconoce que uno de los puntos más importante es verlo en compañía de sus familiares más cercanos, su marido y su hija. Lo mismo piensan Xabi Zacarés y María López, que habían cogido el barco con la única finalidad de ver el fenómeno desde altamar y estaban ilusionados de poder apreciarlo con sus amigos. No es la situación de todos, ya que la familia López se encontraba más ilusionada por ver el mítico ‘sol negro’, pese a que afirmaban que estaban muy felices de poder vivir algo así todos juntos, especialmente por Marola, la hija mayor que se había vuelto una experta en eclipses.

La terraza del 'Ciudad de Barcelona', antes del eclipse.

La terraza del 'Ciudad de Barcelona', antes del eclipse. / K.C.

El evento también es especial para aquellos que se han dedicado a verlo desde un puesto de responsabilidad. Aitor Cabo, capitán del buque, afirmaba antes del fenómeno que trataría de disfrutar la experiencia y que no se trata de un viaje más, sino de uno realmente especial. “No es una cosa que pase todos los días, el último que recuerdo es de hace 27 años y este quiero recordarlo toda mi vida”, expresaba el capitán. Una emoción que compartía con su tripulación, pese a que tenía claro que todos cumplirían con su deber pese a lo especial de la jornada. A él se unía también Gabler, que afirmaba: “el punto de estar en el barco es disfrutar y poder verlo todo con los ojos, no estudiar nada”.

La emoción y la expectación desaparecieron por un periodo de tiempo cuando, unos minutos antes de la fase de totalidad, se comenzó a apreciar el sol desde la parte trasera del barco escondido tras una nube. “Casi nos corta el rollo, pero al final lo que ha hecho ha sido dar más suspenso”, comentaban Héctor y Rolando, que se van contentos después de haber podido ver el fenómeno con un extra de dramatismo.

Una corona brillando sobre el mar

Fue justo en el momento en el que parecía que no quedaban esperanzas cuando el sol comenzó a apreciarse a través de las gafas de seguridad. Pocos pasajeros conservaban la confianza en apreciar el fenómeno, pero un pequeño rayo de luz rojo comenzó a verse a falta de cinco minutos para que se diese la totalidad. Los gritos de ilusión recorrieron la nave que se encontraba navegando a velocidad reducida por el Mediterráneo. “Ha superado las expectativas por completo, pero pensaba que no lo íbamos a ver”, aseguraba Claudia, otra de las pasajeras.

Para muchos, se ha convertido en un evento inolvidable, tanto por cómo lo han vivido, como por las expectativas que llevaban desde un principio. El diamante que aparecía poco antes de la totalidad, ver como el cielo se volvía negro progresivamente, las perlas o el reflejo de la corona sobre el mar tan solo han sido algunas de las cosas más destacadas sobre la cubierta del ‘Ciudad de Barcelona’, que ha visto el eclipse desde altamar. Poco ha faltado para que no lo viera, pero finalmente, quizás cosa de suerte o cosa del destino, los pasajeros han podido disfrutar de una experiencia que a punto ha estado de dejarse eclipsar por las nubes.

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