Seísmo
"Me voy a morir por ponerme el pantalón": el valenciano que vivió el terremoto de Colombia desde su apartamento en Manizales
Luis Cazallas, propietario del restaurante 'La Luna de Valencia' desde 2013, se despertó con el temblor en el piso que ocupa sobre el local: "Fue muy largo y muy intenso, pensé que iba a morir"


"Me voy a morir por ponerme el pantalón". Ese fue el pensamiento que cruzó por la cabeza de Luis Cazallas mientras intentaba vestirse para salir a la calle en mitad del terremoto que este lunes sacudió Colombia. Luis es valenciano, propietario del restaurante La Luna de Valencia, en Manizales, y se despertó a las 7.30 de la mañana con todo su apartamento temblando. Al principio pensó que era uno de los movimientos sísmicos habituales de la zona. Pero esta vez no paraba.
"Aquí, como es zona volcánica, estamos acostumbrados a temblores de 4,5 o 5, de unos diez segundos, pero este no paraba y se iba haciendo más intenso. Temblaba todo y empecé a tener miedo, temí por mi vida", cuenta Luis, que desde 2013 cocina paellas en el corazón del Eje Cafetero.
Luis vive en el segundo piso del mismo edificio en el que está su restaurante. Cuando comenzó el terremoto estaba todavía tumbado. "Los primeros 20 segundos estuve en la cama", relata. Después decidió salir a la calle. Fue entonces cuando se dio cuenta de un pequeño problema: estaba desnudo.
Desde el restaurante, mientras todo se movía, escuchó cómo empezaban a caer objetos. «Escuché que las lunas y la cubertería del restaurante se caían y rompían»
"Cuando estaba saliendo a la calle me di cuenta de que iba en pelotas, así que subí otra vez para ponerme el pantalón". Y mientras intentaba vestirse, con el edificio todavía sacudido por el terremoto, pensó que quizá estaba cometiendo un error fatal. "Pensé: “Me voy a morir por ponerme el pantalón”.
Luis bajó finalmente a la calle y justo cuando salió, el terremoto terminó. Calcula que el movimiento duró más de un minuto. "Fue muy largo. Yo diría que más de un minuto. Desde el restaurante, mientras todo se movía, escuchó cómo empezaban a caer objetos. Escuché que las lunas y la cubertería del restaurante se caían y rompían".
De Valencia a Manizales entre paellas y callos
Luis Cazallas es valenciano y trabaja en Manizales; su mujer es de Manizales y trabaja en València. "Es curioso, sí, muy curioso, pero como yo cada vez puedo pasar más tiempo en España, no hay problema", explica. En 2013 Luis fundó La Luna de Valencia, un restaurante que se ha convertido en un pequeño rincón valenciano, y español, en Manizales, donde prepara paellas y otros platos de cocina española, entre ellos callos madrileños.
El negocio, con muy buenas valoraciones de sus clientes, es hoy su vida en Colombia. Luis llegó a convertir la cocina española en una pequeña embajada de Valencia en pleno Eje Cafetero, una zona del país conocida por sus plantaciones de café y sus ciudades construidas sobre un territorio de fuerte actividad sísmica.
Luis Cazallas es valenciano y trabaja en Manizales; su mujer es de Manizales y trabaja en València. "Es curioso, sí, muy curioso, pero como yo cada vez puedo pasar más tiempo en España, no hay problema", explica
Antes acostumbraba a pasar aproximadamente medio año en Manizales y el otro medio en Valencia, donde están sus padres y su mujer. Ahora puede permitirse pasar más tiempo fuera de España. Ha formado durante años a sus trabajadores hasta conseguir que el restaurante funcione prácticamente con autonomía cuando él no está. "Ya están bien formados y se apañan muy bien con los platos", explica.
Eso le permite viajar más. Desde mayo, sin embargo, Luis no se había movido de Manizales.
"Estoy en el estrato 6, el más alto"
La primera sensación durante el terremoto fue de desconcierto. Después llegó el miedo. «El miedo entra a la media hora después del terremoto, porque te das cuenta de lo que has vivido», explica. Durante el movimiento, en cambio, asegura que estaba «muy confundido».
En las horas posteriores comenzó a comprobar la dimensión de lo ocurrido: "Vi los destrozos en la ciudad y los muertos y desaparecidos". Luis se encuentra a unos cinco minutos de la Avenida Santander, una de las principales arterias de Manizales y una de las zonas donde se concentran más edificios y construcciones de varias alturas.

Una calle de Manizales, en una imagen captada por un empleado de La Luna de Valencia. / ED
"Aquí, en el barrio Palermo, son casas más bajas y hay menos daños", explica. En la Avenida Santander se encuentra también la catedral de Manizales, uno de los edificios más reconocibles de la ciudad, que sufrió el desprendimiento de una de sus torres.
La diferencia entre unos barrios y otros permite apreciar la magnitud de lo ocurrido. "El gobierno colombiano estratifica los barrios por poder adquisitivo. El estrato 1 es el más bajo, y el 6 el más alto. Como en los más bajos son más precarios y las construcción de peor calidad, los destrozos son mayores. Yo estoy en un barrio de estrato 5, casí que apenas se nota el terremoto", explica. "Independientemente de eso,estuvimos más de una hora sin luz y sin cobertura, pero volvió rápidamente".
La preocupación se trasladó entonces de Colombia a Valencia. Luis consiguió finalmente contactar con sus padres, su mujer, sus familiares y sus amigos.Y descubrió que el terremoto también había hecho que personas con las que llevaba años sin hablar se acordaran de él. "Fíjate que conocidos del instituto, del Instituto Blasco Ibáñez de València, de los años 90, con los que había perdido el contacto, me preguntaron".
A la ciudad se desplazado la organización del chef José Andrés The World Central Kitchen y Luis les ha ofrecido su restaurante para cocinar y repartir comidas
Este martes por la mañana, cuando los trabajadores de La Luna de Valencia comenzaron a regresar al restaurante, Luis conoció también cómo vivieron ellos las horas posteriores al terremoto. Algunos pasaron buena parte de la noche en sus propios barrios colaborando en las tareas de emergencia. "Estuvieron retirando escombros y haciendo sonar pitos hasta la madrugada por si había alguien atrapado debajo", explica.
"Hoy voy a abrir con normalidad"
Son las 7.30 de la mañana cuando Luis. Exactamente la misma hora a la que, un día antes, Luis estaba en la cama cuando comenzó a temblar todo. "Hay una calma tensa. Mucho silencio en general", describe. Pero Luis ha decidido abrir. En La Luna de Valencia ya está preparado el menú: Paellas y callos.
A la ciudad también ha llegado la ong del chef español José Andrés, que ha desplazado a parte de su organización humanitaria World Central Kitchen (WCK) para colaborar en la respuesta al terremoto y preparar alimentos para las personas afectadas. Luis ha puesto su restaurante a disposición de la organización. "Les he ofrecido el restaurante para que hagan comidas para repartir y para lo que haga falta", explica el valenciano, dispuesto a convertir por unos días su cocina de paellas y comida española en un punto más de ayuda para los damnificados.
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