Medio ambiente
La Generalitat adelanta la quema de la paja del arroz a septiembre para intentar evitar las aguas negras en l’Albufera
El año pasado, cuando el plazo comenzaba el 10 de octubre, las lluvias impidieron que se quemara y la acumulación de material acabó generando mortandad de peces
A pesar de la ampliación del plazo, solo se podrá quemar los días de preemergencia nivel 1 por riesgo de incendios forestales

Quema de la paja del arroz en 2024, el último año en que se pudo quemar con normalidad / Germán Caballero

Para muchos arroceros de l’Albufera, quemar la paja del arroz fue, el año pasado, misión imposible. La autorización comenzaba el 10 de octubre, y esa fecha en el calendario encontró toneladas de paja mojadas por las lluvias y, por lo tanto, incombustibles. Las consecuencias no tardaron en hacerse visibles: la acumulación de material que comenzó a pudrirse desembocó en mortandad de peces en algunas acequias del Parc Natural.
Para evitar esa misma imagen de aguas negras, peces flotando y los efectos ambientales que trae consigo, este año la Generalitat ha ampliado -y adelantado- el periodo autorizado para quemar la paja en los campos aledaños a la laguna. En concreto, este año se puede quemar desde el 16 de septiembre y hasta que se acabe la campaña de la siega del arroz o, en todo caso, no más allá del 31 de diciembre de 2026. Es decir, que se da un margen de tres semanas más a los agricultores para que acometan esta tarea.
Así se ha publicado este lunes en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana, en una resolución en la que se contempla ampliar, “como medida extraordinaria y por razones fitosanitarias”, el periodo hábil para la quema de residuos vegetales procedentes de rastrojos y paja de arroz, en concreto, “en superficies agrícolas dedicadas al cultivo del arroz ubicadas en el entorno de L'Albufera de València y situadas en la zona de influencia forestal”.
Solo con riesgo bajo de incendio y viento de menos de 30 km/h
El único cambio respecto a la resolución del año pasado es ese calendario ampliado, pero el resto de condiciones para intentar minimizar el impacto de esa quema siguen iguales. Por ejemplo, el horario de la quema estará comprendido desde la salida del sol y hasta dos horas antes de su puesta. En el momento del ocaso no deberán quedar llamas activas.
Además, y dado el riesgo que entraña la combinación de fuego y terreno de cultivo, sobre todo teniendo en cuenta que el mes de septiembre suele ser, estos últimos años, excepcionalmente cálido, solo se podrán realizar quemas cuando el nivel de preemergencia por riesgo de incendios forestales sea 1. Queda prohibido, por tanto, con nivel de preemergencia 2 o 3.
Pero además tampoco se podrán hacer quemas de paja cuando se den condiciones de inversión térmica o cuando la velocidad del viento sea superior a 30 km/h, sople de la dirección que sople.
La resolución indica además que no podrán eliminarse con fuego otro tipo de residuos distintos a los autorizados -solo la paja del arroz- y se distinguen diferentes medidas según la cercanía de la parcela a terreno forestal. En concreto, en las de mayor riesgo, es decir, las parcelas colindantes o a menos de 500 metros de terreno forestal, es obligatorio limpiar previamente una faja de matorral y hierbas de al menos 2 metros de ancho alrededor de la quema.
No podrá quemarse sin vigilancia, ni se permite iniciar el fuego y desentenderse de él. Mientras se esté quemando, deberá haber al menos una persona encargada de la vigilancia de la quema, y esa debe tener consigo los medios y equipos necesarios para poder comunicar inmediatamente cualquier incidencia a través del 112. Esa persona designada debe conocer el lugar más próximo con cobertura de telefonía móvil y disponer de un vehículo para desplazarse hasta allí en caso necesario. Además, no debe abandonar la vigilancia de la zona de quema hasta que el fuego esté totalmente apagado y hayan pasado dos horas sin que se vean brasas. Es un papel relevante, el de ese vigilante del fuego, pues la resolución indica que “en todo momento será el responsable de cuantos daños pueda causar”.
Se establece además que, en el caso de las quemas realizadas en el Parc Natural de l’Albufera y en la Marjal y Estanys de la Ribera Sur del Xúquer, será obligatorio utilizar la aplicación móvil QUEPAR, disponible en la web del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo. Esta herramienta analiza las condiciones atmosféricas y pauta los momentos óptimos para realizar las quemas, minimizando así los efectos de contaminación en estas zonas arroceras
Cosecha más temprana y el peligro de las anoxias
En la propia resolución se indica que la ampliación del calendario se prevé “con motivo de las elevadas temperaturas que se vienen registrando en las últimas semanas”. Por estas condiciones climáticas, dice el documento, “es previsible que la cosecha del arroz se adelante a la primera quincena de septiembre en las parcelas más precoces”.
Y es que este año algunos agricultores han apostado en sus cosechas por una variedad un poco más temprana de arroz, aseguran Fuentes de la Conselleria de Medio Ambiente, que explican que, por eso, a mediados de septiembre algunos tendrán ya paja para quemar. El calendario permite que la paja de esas variedades más tempranas puedan quemarlas a partir del 16.

L'Albufera de València por la zona del Perellonet y parador del Saler con aguas negras por la imposible quema de la paja del arroz / Francisco Calabuig / LEV
Pero el motivo fundamental del nuevo calendario es evitar la repetición de la situación que se dio el año pasado, cuando cayó mucha lluvia a principios de octubre, que impidió que la paja se quemara como habitualmente. A eso se sumó la imposibilidad de recoger ese residuo en muchas de las parcelas más inaccesibles a la maquinaria, lo que obligó a muchos agricultores a ‘fanguejar’ -reincorporar a la tierra- mucha más cantidad de paja de la normal.
Pero la tardanza en poder hacer algo con todo ello hizo que el tiempo y la humedad activaran una cadena de consecuencias: las lluvias mojaron la paja del arroz, la paja mojada no se pudo quemar ni retirar y el proceso de putrefacción generó falta de oxígeno en el agua, conocida como anoxia. En las zonas con anoxia, la población de peces no pudo obtener el oxígeno necesario para sobrevivir, y por eso en octubre del año pasado, en algunas zonas del parque natural se detectó mortandad de algunas especies. Los regantes fueron los encargados de alertar a las distintas administraciones tras observar que el número de llisas, lubinas y anguilas halladas sin vida durante esos días no había dejado de aumentar.
Según un informe al que tuvo acceso Levante-EMV con datos de octubre, en solo dos días previos al inicio de la campaña de quema murieron hasta casi 4.000 peces. Estos episodios se dieron sobre todo en los términos del Perelló y Sueca, pero no en el lago, sino en la red de conductos y acequias que llegan a la laguna.
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