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El puente de agosto no es el final de los incendios: más de 50.000 hectáreas quemadas en 26 años

El 37 % de los terrenos calcinados en verano en la Comunitat Valenciana durante el siglo XXI se han dado a partir del 15 de agosto

Un hidroavión realiza una descarga de agua en los alrededores de la ermita de Santa Bárbara en Onda, este verano.

Un hidroavión realiza una descarga de agua en los alrededores de la ermita de Santa Bárbara en Onda, este verano. / EFE/Manuel Bruque

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Diego Aitor San José

Diego Aitor San José

València

Se acabó la canícula, ese periodo del 15 de julio al 15 de agosto donde, supuestamente, se concentra lo peor en términos de altas temperaturas del verano. ¿Acabó entonces el riesgo de incendios forestales? No, ni mucho menos. Porque el puente de agosto hay quien lo ve como principio de las vacaciones y quien lo ve como ya la recta final, sin embargo, en la amenaza de las llamas es solamente un punto y seguido, un momento en el que la alerta sigue máxima, como demuestran los datos históricos del último siglo.

Según las cifras recopiladas por la Generalitat Valenciana, en el siglo XXI se han quemado más de 50.000 hectáreas a partir del 15 de agosto. En concreto, 53.100 en los últimos 26 años dejando varios incendios por encima de las 500 hectáreas calcinadas. Estos terrenos son el 37 %, más de un tercio, de las más de 141.000 hectáreas quemadas durante las campañas de verano que suelen empezar a finales de junio, lo que demuestra que si bien no es el periodo de mayor intensidad para el daño de las llamas, no es un tiempo inocuo para los montes valencianos.

El gran ejemplo de estos números es el incendio de Bejís en 2022. Este empezó a partir de un rayo latente, tras una tormenta, un 15 de agosto y acabó devorando 19.500 hectáreas. Es el más grave con muchísima diferencia de los ocurridos a partir del puente agosteño. Se dio apenas unas horas después de que empezara otro en la Vall d'Ebo que también superó las 10.000 hectáreas y también tuvo su inicio en una tormenta eléctrica, dato a tener en cuenta ante los cambios de tiempo que se avecinan para esta semana.

Sin embargo, más allá del de Bejís, sí que es cierto que la extensión de los fuegos producidos más allá del 15 de agosto han sido menores. En el recuerdo está el de Montitxelvo, con 2.077 hectáreas, pero en noviembre, una muestra de cómo el cambio climático puede desestacionalizar la época de incendios. También aparece el del paraje de La Solana en 2010 cuando se quemaron más de mil hectáreas en dos incendios distintos iniciados a principios de septiembre y que acabaron confluyendo. Ese año se quemaron 5.400 hectáreas a partir del 15 de agosto de las 5.591 de todo el verano, con 80 fuegos en total.

Casos pasados

Ese alto porcentaje de terreno calcinado a partir del 15 de agosto en comparación al resto de la campaña estival se dio también en el 2000, cuando se quemaron 4.978 hectáreas de las 6.154 total con dos incendios destacables como el de Planes (623) y Xàbia (372); en el 2001, cuando se calcinaron 3.599 hectáreas a partir del 15 de agosto de los 4.569 de todo el verano o en 2007, cuando fueron 5.700 hectáreas a partir de la segunda quincena de agosto por los 6.128 que fueron desde junio.

De momento, en lo que va de verano, dos han sido los incendios que han encendido especialmente las alarmas: el de la Vall d'Uixó y el de Tírig. El primero ha sido el más grave, situándose como uno de los más dañinos en cuanto a terreno forestal se refiere, de la última década al arrasar casi más de 9.500 hectáreas, incluido un 12 % de la Serra d'Espadà. El segundo ha tenido muchísimo menos efecto en hectáreas afectando a 800.

Ahora, con las temperaturas todavía altas, jornadas donde aún se registrará el riesgo máximo de incendios, un incremento de las actividades turísticas y festivas y la posibilidad de tormentas abren un tiempo que podría ser complicado y que, como muestran los datos, no dan ni mucho menos por acabada la campaña de fuegos. Los constantes avisos del 112 son una prueba de ello.

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