Incendio forestal
“Me he quedado por mis animales. No es el primer incendio que vivo”
El municipio de Gátova era ayer un municipio de contrastes: vacío en la mayoría de calles del pueblo, pero un hervidero en torno al centro de El Hoyo, donde se ha instalado el puesto de mando avanzado que dirige las labores de extinción del incendio

Un helicóptero refresca la zona de La Covatilla, más cercana a Gátova, donde el fuego se aproximó peligrosamente al municipio del Camp del Túria. / José Manuel López
El tranquilo pueblo de Gátova ofrecía ayer una imagen apocalíptica. Con las calles vacías de vida, sin vecinas ni vecinos, pero con el centro del pueblo tomado por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los bomberos y las brigadas forestales. El edificio municipal multifuncional El Hoyo era un hervidero de uniformes y de los periodistas que acuden a las actualizaciones del Puesto de Mando Avanzao (PMA) que dirige la operativa del incendio. El Hoyo también acoge el Local de jubilados y pensionistas de Gàtova y el bar también se ha convertido en el centro de avituallamiento de los efectivos de extinción y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

El Puesto de Mando Avanzado montado en el edificio El Hoyo, en Gátova. / José Manuel López
Más allá del hervidero del ir y venir de bomberos, brigadas forestales, guardias civiles y policías, Gátova parece un pueblo fantasma. Ni un alma por las calles. Algunos coches aparcados, alguno casi que parece abandonado a toda prisa. Y de banda sonora los helicópteros y los hidroaviones sobrevolando las casas y refrescando la zona del Pico del Águila, la Cañadica y Los Alcornoqueros que el viernes fueron las zonas que más sufrieron el zarpazo del fuego y el que más se acercó a este municipio de 452 habitantes (en 2025, según el INE) de la comarca del Camp del Túria.
Aunque no todas las almas han abandonado el municipio. En una finca de varias alturas un hombre otea el horizonte y la evolución de los helícópteros e hidroaviones que sobrevuelan Gátova con unos prismáticos. Es uno de los escasos vecinos que ha decidido quedarse en el pueblo. En su caso por una razón especial, los animales que cuida con mimo y que no piensa abandonar. "Me he quedado por mis animales. No es el primer incendio que vivo", explica desde la terraza. Prefiere que omitamos su nombre pero acepta que contemos su decisión de quedarse en el pueblo, si lo consideramos oportuno. El vecino se muestra tranquilo porque, explica, ha sido brigadista forestal y dos de sus familiares también lo son. Las autoridades han permitido a los vecinos que así lo han querido quedarse en sus casas, aunque les han pedido que permanezcan en sus viviendas.
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