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Universitarios de fuera que estudian en València: "Los pisos son muy caros, están sin reformar o solo tienen un baño, es muy difícil encontrar uno en buenas condiciones"

Los universitarios cada vez notan más el aumento del precio de las viviendas y las complicaciones de encontrar un piso cuando llegan a València para estudiar fuera de su ciudad

La Odisea de la convivencia y los precios siguen dificultando el alquiler a los estudiantes

Kevin Contreras

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Kevin Contreras

Kevin Contreras

València

Elegir estudiar una carrera universitaria fuera de casa no es una decisión sencilla, menos aún cuando durante el proceso toca encontrar un piso que compartir que se adecúe a las necesidades, las personas y, sobre todo, el presupuesto. Puede resultar una experiencia enriquecedora en la que, durante al menos cuatro años, se aprende a afrontar las dificultades de la vida adulta lejos de unos padres que tienden a solucionar todos los problemas. Un primer contacto con la independencia familiar, cada vez más difícil de mantener por el encarecimiento de la vivienda.

Son muchos los que prefieren optar por irse a residencias y no alquilar un piso, sin embargo el elevado coste de estas hace que una gran cantidad de universitarios opten por alquilar un piso a partir del primer año, una vez ya han conocido a gente con la que quieren compartir su día a día. Otros, como Daniel Izquierdo, estudiante de biotecnología recién graduado, optaron directamente por el alquiler de un piso, completamente a ciegas y sin conocer a nadie. "Me enseñaron un piso 'online', me gustó, se ajustaba al precio y entré ahí", recuerda el estudiante, que tuvo una primera experiencia en la que sus compañeros y él no casaron excesivamente bien. Raquel Rodríguez, una estudiante que vino de Teruel a València para estudiar la carrera., tuvo suerte con sus compañeras, pero no para encontrar piso según cuenta: "Fue horrible encontrar algo en València. Los pisos son muy caros, están sin reformar o solo tienen un baño, es muy difícil encontrar uno en buenas condiciones".

Uno estudiantes miran las ofertas de pisos en una inmobiliaria

Uno estudiantes miran las ofertas de pisos en una inmobiliaria / JOSÉ LUIS ZARAGOZÁ

En València, el precio de los pisos de alquiler para estudiantes se ha duplicado en los últimos cinco años. Un aumento que también tendrá efecto de cara al próximo curso, cuando los alquileres volverán a subir entre un 10 y un 15 %. La subida generará un aumento de precio que obligará a muchos estudiantes a pagar entre 400 y 500 euros de media de cara al próximo curso.

Un proceso de búsqueda infinita

Desde tomar la decisión de irse a estudiar fuera hasta la mudanza a un nuevo hogar está el paso previo de la búsqueda. Redes sociales, páginas web especializadas en alquiler o incluso el boca a boca son herramientas que se convierten en grandes aliadas a la hora de encontrar un lugar donde vivir los próximos meses. "Si vas a vivir fuera hay que dejarse guiar por las reseñas de google, gente que pueda haber vivido allí, contactos que hagas antes de mudarte o las inmobiliarias", asegura Izquierdo.

El proceso no es fácil, hay que encontrar un lugar que se adapte al precio, a las necesidades que pueda tener cada uno de los inquilinos y al número de personas que vais a convivir. Varias características que pueden hacer que aumente la suma de dinero que hay que pagar para conseguir un piso. En muchos casos es la suerte la que le permite encontrar un piso que se adapte a las necesidad del grupo. Un piso que justo se queda vacío, una persona que decide poner en alquiler una herencia o el padre de un amigo que puede dejar el piso a un precio asequible desde el primer momento y no lo varía nunca, como le pasó a la joven de Teruel, una suerte que no tiene todo el mundo. "El dueño del segundo piso quiso subirnos el alquiler y nos tuvimos que ir", rememora el biotecnólogo, que pasó por tres pisos diferentes en los cuatro años que duró la carrera.

Dos jóvenes estudiantes de la Universidad de Alicante, que comparten piso, en una imagen de archivo

Uno de los pisos de estudiantes en el que conviven dos jóvenes / Redacción Levante-EMV

En muchas ocasiones, el propietario del piso también forma parte del número final de personas que habitará dentro de la vivienda. Para Ana Tomás, una joven estudiante que alquila su propio piso, tanto la búsqueda como la convivencia pueden ser asuntos de preocupación máxima, ya que ven que un desconocido dormirá entre sus paredes mientras ellos también están presentes. "Cuesta mucho encontrar a personas, algunas me han llegado a inundar la casa. Siempre va a existir ese miedo a que pase algo", expresa la propietaria, que comenta la importancia del proceso de selección: "Intento buscar personas con las que compagine en gustos y pueda haber buena relación, pero hay de todo".

Una experiencia enriquecedora

Pese a las dificultades que supone comenzar con la independencia a una edad tan temprana, también es una experiencia enriquecedora en todos los aspectos. Aprender a gestionar el dinero, a desenvolverse por uno mismo, no depender de nadie y a convertir los errores en aprendizajes son algunas de las enseñanzas que se guardan de forma permanente. "Lo mejor es aprender a gestionar los gastos y responsabilidades que recaen sobre uno mismo y dejar de depender otra persona", reconoce Izquierdo, que vuelve a casa tras terminar la carrera y no sabe cómo gestionará las limitaciones de volver a vivir con sus padres.

Daniel Izquierdo junto a sus compañeras de piso

Daniel Izquierdo junto a sus compañeras de piso / Cedidas por Daniel Izquierdo

Una vivencia que también saca la parte más familiar. Estar lejos de casa resulta complicado para muchas de las personas. Es un nuevo comienzo de vida en el que uno debe adaptarse a las dificultades que se presentan desde la lejanía, sin el apoyo cotidiano de la familia. "Es duro estar fuera de casa y no vivir con tus padres o tus hermanos", reconoce la Turolense.

Para muchos, es tan solo el primer paso en una andadura que significa no volver a casa, sino seguir con la vida de persona independiente pese a la juventud presente. Una forma de adquirir aprendizajes que sirven de cara a un futuro cercano, en el que muchos jóvenes ven imposible independizarse por completo. "Quiero seguir en València estudiando y luego quedarme a trabajar allí también", admite Rodríguez, a la que se suma Izquierdo, que acepta que estudió opciones de "hacer un máster en otro lugar y seguir viviendo fuera", aunque esta vez siendo totalmente independiente.

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