Meteotsunami
El meteotsunami y las ondas gravitacionales: el extraño fenómeno detrás del retroceso del mar y las olas en Xàbia y Cullera
El definido por la Aemet como un suceso "marítimo raro" consiste en la oscilación brusca del nivel del mar y afectó a las playas de Cullera y Xàbia el pasado 24 de agosto

Un meteotsunami inunda algunas calles de primera línea de mar en Elx / Francisco Calabuig
Los últimos días en la Comunitat Valenciana han estado marcados por fenómenos extremos: episodios de calor abrasador, turbonadas y varios reventones húmedos con rachas de más de 150 kilómetros por hora. A todos hay que sumarle el episodio de resacas especialmente marcado registrado el domingo en algunos puntos del litoral valenciano, como Cullera y Xàbia. Durante unos minutos y de forma súbita la línea de costa retrocedió unos metros para, a continuación, volver con fuerza.
Desde la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) han explicado el funcionamiento de este fenómeno natural calificado como "raro", según los expertos, y que recibe el nombre de "meteotsunamis". A diferencia de los tsunamis, las resacas (llamadas así en toda la costa mediterránea y muy comunes en las Islas Baleares), no se producen por acción sísmica sino por una variación brusca de la presión sobre el mar. Pese a que el resultado puede ser similar, al provocar primero un retroceso y luego una ola que se adentra en la costa provocando daños en puertos y embarcaderos en el caso de los episodios más graves, ambos fenómenos tienen desencadenantes totalmente diferentes.
En el caso de los ocurrido en Xàbia, Cullera y otros puntos del litoral valenciano, hay que tener en cuenta la situación atmosférica registrada en la Comunitat Valenciana durante la semana pasada: calor extremo y un final brusco por la entrada de un frente frío. Los expertos explican que la formación de los "meteotsunamis" combinan varios fenómenos. El primer elemento necesario son las ondas gravitatorias atmosféricas que hacen variar la presión y el nivel del mar. En un contexto en el que el aire cálido es acumulado en la superficie, llega una racha de aire frío o una banda de tormentas eléctricas organizadas una junto a otra. El aire caliente es forzado a ascender y alimenta los "downdrafts", que provocan bruscos saltos de presión atmosférica en cuestión de minutos. Es ahí cuando las ondas gravitatorias actúan propagando ese efecto.
El resultado es un mar que se retira decenas de centímetros en pocos minutos para, a continuación, inundar de forma abrupta muelles, playas y dársenas portuarias. Este fenómeno es frecuente en el Mediterráneo, y se conoce tradicionalmente como rissaga, término balear procedente de "resaca".
Cuando una tormenta provoca un cambio brusco de presión atmosférica sobre el mar, el agua reacciona como un enorme barómetro: la alta presión hunde la lámina marina y la baja presión la eleva. Normalmente esta variación es mínima, pero si la onda de gravedad tiene la misma velocidad que esa pequeña onda en el agua, la amplifica poco a poco, gracias al efecto de resonancia de Proudman. Si después esa ola, ya más grande, entra en una bahía o puerto estrecho, la forma de la cuenca actúa como una caja de resonancia y la amplifica todavía más, la resonancia topográfica. Cuando ambos efectos se combinan, unos pocos centímetros iniciales pueden convertirse en subidas y bajadas repentinas del mar de hasta uno o varios metros, lo que conforma el meteotsunami.
¿Cómo afecta a estas infraestructuras? En el caso de los puertos, una fuerte rissaga puede suponer efectos devastadores. La rápida retirada del agua deja las embarcaciones varadas en el fondo marino en cuestión de minutos, provocando la rotura de amarres y colisiones. Al regresar la ola con fuerza, la corriente arrastra barcos, inunda paseos marítimos y locales comerciales a pie de playa, y genera fuertes turbulencias en las bocanas de los puertos que suponen un grave peligro para la navegación deportiva y pesquera.
Frecuente en costas de la Comunitat Valenciana
En el Mediterráneo, las pequeñas oscilaciones, de entre 10 y 60 centímetros, son habituales y se registran decenas de veces al año, especialmente entre mayo y septiembre. Los meteotsunamis moderados, superiores a 1 metro, suceden de 1 a 3 veces por año en los puntos más expuestos, mientras que los eventos destructivos, de 2 a 4 metros, ocurren de media cada 10 o 15 años.
Ciutadella, en Menorca, es la "zona cero" mundial por la particular morfología alargada de su puerto, mientras que en las costas de la Comunitat Valenciana y Cataluña se registran principalmente en dársenas expuestas como las de Valencia, Alicante, Castellón o la bahía de los Alfaques. Por ello, no es sorprendente que los municipios en los que se ha podido observar el fenómeno sean Cullera y Xàbia, situados en zonas de condiciones propicias.
Detección, predicción y monitorización oficial
La detección temprana de estos eventos depende del monitoreo continuo en tiempo real. Las redes de estaciones meteorológicas de superficie de la Aemet y de la Associació Valenciana de Meteorologia (Avamet) identifican el paso de las ondas de gravedad mediante los microbarogramas, donde la presión dibuja un característico perfil en "diente de sierra". Combinando estos datos barométricos con la red de mareógrafos portuarios, los organismos oficiales pueden emitir avisos meteorológicos con margen suficiente para amortiguar los daños en el litoral.
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