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Tomatina 2026

La Tomatina vuelve a teñir Buñol de rojo

La guerra de tomate ha dejado cuatro heridos sin consecuencias graves por el lanzamiento de un gas pimienta ilegal

Video: Tomatina de Buñol 2026

Francisco Calabuig

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Kevin Contreras

Kevin Contreras

València

Buñol ha vuelto a teñirse de rojo y a convertirse en el epicentro festivo de la Comunitat Valenciana. 150.000 kilos de tomate, 22.000 personas de alrededor de 20 países diferentes, un convoy de siete camiones diferentes y un pueblo que cambia de color y duplica su población durante menos de 24 horas. Son algunas de las características de la 79ª edición de la Tomatina, la gran guerra de tomate que ha sucedido en Buñol entre las 12 y las 13 horas. Ha sido justo a las 12 horas cuando la primera de las carcasas, la que daba inicio a la batalla, volaba sobre el cielo de Buñol para dar inicio a una lluvia de tomate aplastado que ha dejado cuatro heridos por el lanzamiento de un gas pimienta ilegal.

Apenas unos minutos después de que sonara la primera de las carcasas, las calles del municipio por las que pasa el recorrido oficial ya eran prácticamente irreconocibles a la vista de los habitantes. Sin embargo, para muchos de los asistentes, especialmente los locales, la fiesta comenzó el martes 25 por la noche, durante la tradicional 'Noche de la empalmá', y ha continuado con el ya tradicional almuerzo que han compartido familias y amigos y con el 'palo jabón', un acto en el que se coloca un jamón en la cima de un palo de madera embadurnado con un jabón resbaladizo para complicar la tarea de llegar hasta este. Poco después, justo al mediodía, comenzaría el acto más esperado por todos, la Tomatina, que ha colgado el cartel de 'Sold Out' por tercer año consecutivo.

Hasta 22.000 personas se han concentrado en las calles del centro del municipio equipados con sus camisetas blancas de la Tomatina, una cifra que gana importancia al tener en cuenta que el municipio cuenta con algo menos de 10.000 habitantes de forma habitual. Las gafas de bucear, las fundas impermeables de plástico para el móvil y algún que otro disfraz complementaban el código de vestimenta 'oficial' del evento. Mientras los participantes esperaban con ansia la llegada de los camiones cargados de tomates, los vecinos se agrupaban en balcones y ventanas para tratar de aliviar el calor usando cubos y mangueras de agua.

Poco después, la primera de las carcasas hizo resonar Buñol y dio paso al primero de los camiones, que comenzó a lanzar parte de las 150 toneladas de tomate de las que disponían para la ocasión. No tardarían en aparecer el resto del convoy, seis camiones más que continuaron con la misma labor: lanzar tomates aplastados a la muchedumbre para que peleasen entre ellos. Conforme pasaban los minutos, se hacía más común ver a las personas embadurnadas de tomates aplastados y dejar de apreciar las camisetas blancas, código de vestimenta 'oficial' del evento, en favor de una mezcla de tomate y tela.

El proceso era sencillo: recoger tomates del suelo, estrujarlos con las manos y lanzarlos en cualquier dirección. En cuestión de minutos, el pavimento se ha visto cubierto por una mezcla entre pulpa, agua y pieles de tomate. La fiesta en todo el pueblo ha sido más que evidente, y el festival se trata de un evento que prácticamente es "obligatorio de vivir al menos una vez en la vida", según repetían múltiples testimonios. Una actuación que ha continuado hasta una hora después del inicio, cuando ha sonado la segunda de las carcasas, la que ponía fin a la guerra.

4 heridos en un dispositivo de seguridad de 1000 efectivos

La celebración de la famosa batalla de tomate ha ido acompañada de un amplio dispositivo de seguridad formado por un millar de agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Policía Local y servicios de emergencia sanitaria. Un dispositivo que se ha desplegado tanto en el interior del recorrido principal como en los principales accesos a Buñol con la finalidad de controlar la llegada y la salida de miles de visitantes y garantizar el desarrollo de una celebración con la máxima seguridad posible en una edición en la que se han reportado cuatro atendidos por el uso de un gas pimienta ilegal, pero ninguno ha necesitado de ingreso.

Hasta 20 países diferentes y mayor inclusividad

La dimensión internacional vuelve a ser una de las señas de identidad de una fiesta que hace tiempo traspasó las fronteras de la Comunitat Valenciana. Australianos, indios, japoneses, estadounidenses, chinos y visitantes llegados desde veinte países europeos se han mezclado con participantes españoles en una celebración que ha vuelto a colgar el cartel de entradas agotadas.

Tomatina 2026, en Bunyol

Tomatina 2026, en Bunyol / Francisco Calabuig

La edición de 2026 también ha reforzado las medidas para facilitar la participación de personas con discapacidad, con zonas reservadas, voluntariado, acompañamiento individualizado, pictogramas y espacios adaptados dentro del dispositivo preparado por la organización. Una evolución notable por parte de la organización, que siguen buscando la manera de adaptar una de las fiestas con mayor afluencia de la Comunitat Valenciana al mayor número de personas posibles.

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