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El Saler: el pulmón de València que se quema a 8 kilómetros de la capital

Este antiguo pueblo, ahora pedanía de València, está situado en el parque natural de la Albufera y es uno de los elegidos por los turistas que quieren desconectar de la ciudad

Valencia. VLC. Albufera. El mirador de la Albufera al atardecer

Valencia. VLC. Albufera. El mirador de la Albufera al atardecer / Miguel Ángel Montesinos / LEV

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El Saler, a tan solo 8 kilómetros de la agitada ciudad de València, es un lugar al que escapar y conectar con la naturaleza. Con casi 2.000 habitantes, es una pedanía que depende del Ayuntamiento de València situada en el distrito de los Poblats del Sud, dentro del Parque Natural de la Albufera. Situado justo detrás de su playa, que atrae a turistas desde todas las parte del mundo, el pueblo presenta una gran tradición hostelera y se constituye como una de las zonas húmedas más importantes de la península ibérica, que alberga más de 300 especies de aves y que cuenta con el distintivo de Bandera Azul por la calidad del agua y su gestión ambiental.

Siega de arroz en el Tancat de l'Estell junto a la Albufera.

Siega de arroz en el Tancat de l'Estell junto a la Albufera. / PERALES IBORRA

Tal y como su nombre "El Saler" indica, que en valenciano hace referencia a la salina, la extracción de sal fue su actividad económica principal, además de la pesca y el cultivo del arroz. Sin embargo, poco queda ya de lo que era anteriormente. A pesar de conservar algunas de sus características tradicionales como las barracas, vivienda por excelencia de percadores, y con otros edificios ligados a la cultura del arroz, las edificaciones modernas empezaron a invadir el terreno, sobre todo tras un gran incendio arrasó la mitad de El Palmar en 1883.

Sus primeras referencias históricas datan de 1250, cuando Jaime I de Aragón, mediante un privilegio otorgado en Morella, se reservó para sí y su familia los ingresos de la producción de sal, lo que le permitió quedar protegida en el siglo XIX ante la explotación en masa de las riquezas forestales y faunísticas de la Dehesa, así como cualquier tipo de asentamiento estable en la zona.

En definitiva, un enclave que nació ligado a la sal y a la pesca, y que sobrevivió gracias a la protección real que salvó su patrimonio natural. Hoy combina esa herencia rural con un valor ecológico de proporciones mayúsculas, al estar integrado en una de las zonas húmedas más importantes de la península. Es al mismo tiempo pueblo y reserva natural, es decir, el lugar perfecto para escapar de la gran ciudad de València.

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