05 de octubre de 2007
05.10.2007
iglesia

El cardenal Cañizares recibe críticas por ordenar a dos curas por el rito preconciliar

05.10.2007 | 10:48
Boato. Cañizares, con la capa magna cardenalicia, usada antes del Concilio Vaticano II.

Las imágenes del cardenal Antonio Cañizares envuelto en una larga capa de color púrpura han si­do objeto de todo tipo de comentarios en ambientes eclesiales (físicos y virtuales) desde que empezaron a circular a través de internet el pasado verano.

Levante-EMV, Valencia

Las fotografías correspon­den a una ceremonia presidida en Italia el 5 de julio por el prelado nacido en Utiel. La explicación del impactante ropaje del vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) radica en que el acto -una ordenación sacerdotal- tuvo lugar en una capilla del Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote, un movimiento católico de corte muy conservador y tradicionalista que defiende la liturgia tridentina, anterior a la reforma aprobada por Pablo VI tras el Concilio Vaticano II.

Esta institución tiene su casa de formación sacerdotal en la Toscana italiana y suele celebrar las ordenaciones de nuevos ministros en julio. No es extraño que cardenales acudan a actos de este movimiento tradicionalista. Cuando así sucede -como en el caso del arzobispo de Toledo-, estos han de vestirse y celebrar como se hacía antes del papado de Pablo VI (1963-1978). Por ello, Cañizares aparece con la capa magna cardenalicia (de más de cinco metros de largo) y tratado como príncipe de la Iglesia.

El purpurado valenciano celebró la ordenación según el rito preconciliar precisamente unas horas antes de que Benedicto XVI -sucedió el 6 de julio- presentara a un grupo reducido de obispos el motu proprio por el que la Iglesia elimina las restricciones a la misa en latín, la anterior al Concilio Vaticano II y la que defienden el Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote o el cismático Lefebvre. No obstante, el documento papal no entró en vigor hasta el mes de septiembre. Limita además la liturgia tridentina a casos extraordinarios, aunque, eso sí, sin necesidad de aprobación del obispo de la diócesies, como sucedía antes.

La celebración de Cañizares -en especial, por su suntuosidad- ha levantado en estas semanas numerosos comentarios. Una visita rápida a algunos sitios católicos en internet lo deja claro: «Es una vergüenza que creíamos superada tras el Vaticano II. La humildad ante Cristo y no la pompa debería ser la piedra angular de la liturgia»; «Espero que el señor Cañizares no velva a hacer el ridículo de semejante manera. No beneficia ni a la Iglesia, ni al Reino de Dios ni al esfuerzo que muchos sacerdotes hacemos»; «Es añoranza de épocas de Inquisición». Pero no todo son críticas: «Fue invitado y accedió. ¿Es que los cardenales están sólo para lo que los progres quieran?»; «La ceremonia es bonita y hay que ver la vitalidad del Instituto Cristo Rey».

Con las manos atadas y las casullas plegadas

La ceremonia de ordenación de sacerdotes según el rito anterior al Concilio Vaticano II tiene algunas diferencias con la que se desarrolla actualmente. Las principales, posiblemente, son que los seminaristas van con las manos atadas con una cinta y portan las casullas plegadas en la espalda. Así están hasta que el ordenante les concede las facultades de confesar y predicar que, según el ritual antiguo, indicaban la totalidad del ministerio sacerdotal.

La misa anterior al Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII, se distingue de la que se puede seguir en la actualidad en la práctica totalidad de iglesias en que se oficia en latín y con el sacerdote de espaldas a los fieles y de cara al altar.

Los defensores de la liturgia tridentina, como el Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote, sostienen la idoneidad de esta fórmula al dar prioridad absoluta a Dios en la ceremonia. Los detractores aducen que implica un distanciamiento entre el pastor y la feligresía, dando prioridad a los elementos fastuosos y de representación de poder de la Iglesia.

La institución a la que acudió Antonio Cañizares -y en general los partidarios de la vuelta a la liturgia anterior- rechaza hablar de rito preconciliar, ya que, en realidad, la misa que surgió de las reformas iniciadas en el Concilio Vaticano II fue aprobada por una comisión designada por el sucesor de Juan XXIII (Pablo VI). Aseguran, en este sentido, que entre la voluntad del Concilio y los resultados de la comisión litúrgica posterior hay diferencias importantes.

El Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote tiene algunos lugares de culto en España: una ermita en Toledo, dos parroquias en Madrid, una en Pamplona y otra en Tenerife.

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