El 7 de septiembre de 1971 se inauguró La Casa de la Cultura de l’Eliana. Hace cincuenta años todavía vivíamos en una España en blanco y negro en la que Franco, tras treinta y cinco años en el poder, aseguraba que seguía empuñando el timón del Estado. En aquellos tiempos comenzaban a verse pequeñas luces como la amnistía a setecientos presos y presas. Karina con su canción Un mundo nuevo quedaba segunda en Eurovisión y vaticinaba la España que estaba por llegar. El Seat 124 se había convertido en la estrella de los automóviles. Aquel verano, que terminaba con los ecos de la canción Cuando calienta el sol aquí en la playa, supuso el inicio de un proyecto cultural que hoy pervive en l’Eliana. En aquel contexto, el alcalde de entonces, Enrique Daríes, junto con Luís Torres, Lamberto Viñé, Ricardo Arnau, José Albors y Ricardo Gorgues pusieron en marcha la Casa de la Cultura, una de las primeras del territorio valenciano; en aquella época, supuso toda una revolución. Como dice el actual alcalde, Salva Torrent: «l’arribada significà un espai de llibertat, convivència, de cultura i d’aprenentatge».

Pronto llegaron a l’Eliana los libros, el cineclub, el cine infantil, la música, el teatro, la fiesta del libro, la pintura, las conferencias, las exposiciones y toda clase de actividades culturales. Cuando murió Franco comenzaron a organizarse reuniones en las que se podía hablar de democracia, de libertad, del estatuto, de la amnistía o del futuro de los valencianos. En aquellos debates se juntaban personas de muy diversa ideología, pero con un denominador común: respeto y atención a las opiniones contrarias. Actualmente, la Casa de la Cultura sigue cumpliendo los objetivos que se marcaron sus fundadores; se ha convertido en un lugar de reunión de jóvenes donde pueden estudiar. Es un centro visitado por escritores y en el que se fomentan los clubs de lectura, las tertulias y las lecturas públicas. Quien quiere leer lo tiene fácil.

Mi padre siempre me habló de la importancia de los libros, por eso en casa cuidábamos con mimo nuestra biblioteca familiar. La primera vez que me llevó a la Casa de la Cultura recuerdo que me sorprendió la modernidad del edificio; con grandes ventanales que daban al jardín, con un patio interior que llenaba de luminosidad la biblioteca. La construcción se realizó a medio camino entre el pueblo y las urbanizaciones, pretendía ser un punto de cohesión de elianeros y chaleteros. Mi hermano Pepe y yo acompañábamos a mi padre a las reuniones de coordinación de la Casa de la Cultura. A ambos nos gustaba ir. Nos quedábamos en la biblioteca mientras él asistía a las juntas del patronato. Allí descubrí la magia de los libros, su cuidada organización, el olor especial que tienen y el colorido de sus lomos esperando que alguien se aproxime a consultarlos. Nosotros estábamos acostumbrados a pasar los veranos y las Pascuas en l’Eliana, pero lo que resultaba toda una aventura era acudir a la biblioteca en pleno invierno; salir de Valencia en el 850 y llegar por la estrecha carretera hasta esta población. Recuerdo que Mi primer Sopena, un diccionario infantil, fue de los primeros libros que consulté. También me gustaba leer los cómics de Asterix y Obelix, El Guerrero del Antifaz y posteriormente las novelas de Julio Verne y Emilio Salgari.

Federico García Lorca, en una memorable conferencia en la inauguración de la biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros, nos dejó frases lapidarias. El escritor granadino dijo que no sólo de pan vive el hombre y que si él estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro. Él reclamaba la cultura para resolver los problemas de los pueblos. Afirmaba que una biblioteca pública es una voz contra la ignorancia; una luz perenne contra la oscuridad. La Casa de la Cultura de l’Eliana refleja perfectamente el pensamiento de Lorca. Medio siglo fomentando la cultura merece un reconocimiento público.