Enseñar en nuestra era, el reto de las nuevas tecnologías
Para una integración efectiva, es crucial la formación de docentes y estudiantes, creando un plan de estudios que aproveche las oportunidades de las tecnologías sin que estas supongan un obstáculo

Alumnos de la ESO con portátiles y móviles encima del pupitre. / LEV-EMV
¿Cuándo entraron las tablets y la Inteligencia Artificial a formar parte de las aulas? En el mundo en el que vivimos, el desarrollo tecnológico es inevitable, sobre todo cuando la misma vida gira en torno a las nuevas tecnologías, y se observa de forma especialmente directa en el ámbito académico. Tanto es así que, sin darnos cuenta, han empezado a invadir espacios que ahora a muchos les resulta inconcebible imaginarlos como eran antes.
Sin ir más lejos, hace décadas vivíamos el cambio del papel al ordenador -mucho más acusado en universitarios- y, de forma más reciente, hemos sido testigos del cambio de pizarras de piedra a digitales, de libros a tablets y de trabajos elaborados en cartulina a diapositivas.
Según el informe Educación 2030 de la UNESCO, «el uso de las TIC en la educación es fundamental para preparar a los estudiantes para un mundo cada vez más interconectado y tecnológico». Pero, pese a esta verdad universal, el debate queda abierto: ¿hasta qué punto es necesario dar todos estos pasos?
Orígenes
Para situar estos cambios, es importante trasladarse hasta 2012, cuando el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte crea el Plan de Cultura Digital en la Escuela junto con el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado.
Con esta iniciativa se establecieron 5 propósitos principales: la conectividad de los Centros Escolares, la interoperabilidad y estándares, el espacio «Procomún» de contenidos en abierto, el Catálogo General de Recursos Educativos de pago (Punto Neutro), y la Competencia Digital Docente. A estos se le sumaron dos proyectos de soporte: el espacio de colaboración con Comunidades Autónomas y Web y Redes Sociales.

La tecnología ya deja huella en las aulas. / Daniel Tortajada
Pero algo que nadie esperaba aceleró este proceso: el covid. Con la llegada de la pandemia, la educación sufrió una rápida transformación al verse obligados a apostar por el aprendizaje en línea, sin más opciones a la vista. Las herramientas de videoconferencia se convirtieron en un must en todas las escuelas para poder seguir el proceso del alumnado a pesar de la distancia y el aislamiento. Una necesidad que también obligó a los docentes a aprender a utilizarlas en un tiempo récord.
Y, más tarde, el fin de la cuarentena incluyó en la ecuación un proceso de aprendizaje híbrido. En muchos centros, los alumnos se turnaban semanas o quincenas para acudir a clase presencialmente o hacerlo de forma telemática. Esto provocó que los profesores también cambiaran su forma de evaluar y empezaran a utilizar herramientas en línea para seguir el desarrollo intelectual de sus alumnos.
Avances en un mundo desigual
Si nos centramos en la actualidad, podemos ver cómo las nuevas tecnologías ya se han instalado en las aulas para facilitar el aprendizaje tanto a alumnos como profesores. Esto ha provocado que los métodos de enseñanza hayan evolucionado significativamente: el acceso a la educación ha permitido que estudiantes sin recursos puedan aprovechar la tecnología dentro de la escuela -y fuera-, ya que en numerosos centros se llegan a prestar este tipo de dispositivos para que los menores puedan seguir el temario de forma igualitaria a sus compañeros.
Sin embargo, también se ha podido notar una brecha digital que deja al descubierto la carencia de políticas para asegurar que todos los estudiantes dispongan de acceso a internet, pues existe todavía una clara desigualdad entre personas con distintos niveles de renta que no pueden permitirse una conexión estable o un dispositivo propio. Un detalle que les dificulta sentirlo suyo y disfrutar de la comodidad de saber que podrán utilizarlo siempre que quieran.
De acuerdo con Telefónica, las nuevas tecnologías «no solo aportan innovación en los centros académicos, sino que también agilizan la transferencia de información, aumentan el interés de los alumnos y permiten automatizar los procesos». Algunas de sus ventajas son la promoción de la autonomía de los alumnos, ya que fomentan el aprendizaje autónomo y cada estudiante puede aprender a su ritmo, optimizando así tiempo y recursos; agilizar la comunicación y/o estimular la motivación: para las nuevas generaciones estos soportes digitales son su día a día, por lo que se manejan con facilidad en ese entorno.

Los alumnos de Florida Campus Alzira combinan las nuevas tecnologías con la metodología tradicional. / F. C. A.
En Florida Campus Alzira, por ejemplo, la tecnología se concibe como «una herramienta pedagógica al servicio del aprendizaje». Según explican desde el centro, la integran como parte de su modelo educativo cooperativo, «basado en metodologías activas para impulsar la innovación y el aprendizaje vivencial entre nuestro alumnado». Porque cuando se incluye de una forma «equilibrada y consciente», las TIC permiten ofrecer una experiencia más personalizada y capaz de entrenar su autonomía, convirtiéndolos así en protagonistas de su propio proceso.
Ventajas y desventajas
Para equilibrarlo con métodos tradicionales, desde Florida Campus Alzira son conscientes de que es crucial buscar recursos digitales que «aporten valor añadido al aula» y que se puedan «combinar con dinámicas activas y cooperativas». Es decir, tecnologías que conviertan las actividades educativas en experiencias inmersivas.
De hecho, y «para que su uso tenga un sentido pedagógico», no es algo que surja de la noche a la mañana, sino más bien un proceso gradual que se aplica desde Primaria hasta Ciclos Formativos, donde por motivos obvios adquiere mucha más relevancia. «Empleamos tablets y equipos informáticos en diversas materias, plataformas digitales educativas y otras herramientas colaborativas online para fomentar la gamificación así como proyectos orientados al ámbito Steam», explican, pues saben que solo así podrán obtener las capacidades adecuadas para afrontar los retos tecnológicos actuales y futuros.
No obstante, como con todo, también existen desventajas: los recursos tecnológicos provocan distracciones y falta de atención. Si se entra a un aula universitaria solo hace falta ver las pantallas del alumnado. Mientras el docente explica la asignatura no extraña ver la web de una tienda en un ordenador o un videojuego en otro. El exceso de impactos, y el peligro de la adicción al tener estas tecnologías, limitan la capacidad del usuario para controlar el consumo. Una acción repetida que puede provocar efectos adversos en la salud, la vida social, familiar y académica del estudiante.
«Es evidente que las nuevas tecnologías abren una gran puerta a múltiples oportunidades, pero solo es posible manteniendo un uso responsable de las mismas. Esto es, entendiéndolas como un complemento al aprendizaje experiencial, pero nunca como un sustituto de las interacciones sociales del alumnado», recalcan desde el centro. Y añaden la importancia de hacer partícipes a las familias de este proceso para poder evitar «una exposición excesiva».
Una integración correcta
Todo esto es evitable. Al final, la integración de la tecnología no puede darse de una manera repentina. Los profesionales lo advierten: requiere de un proceso progresivo y planificado capaz de crear un ambiente donde la tecnología coexista con algunos métodos más tradicionales y devenga en un uso tan efectivo como eficiente.
Pero para lograrlo, la formación es indispensable. El profesorado debe tener una base sobre los recursos que van a usar tanto ellos como sus alumnos para que puedan utilizarlos con el criterio que corresponde. De hecho, esta instrucción también puede ir dirigida a los estudiantes con el objetivo de que conozcan las herramientas que están utilizando, sus beneficios y, en particular, los peligros a los que se exponen.

La integración de la tecnología es posible. / Daniel Tortajada
«La tecnología está completamente integrada en nuestros procesos y operaciones. Obviarla y no beneficiarse de las ventajas que ofrece, más todavía tras la llegada de la Inteligencia Artificial, sería como colocar una barrera al desarrollo actual, pero siempre desde una mirada responsable y consciente de su impacto a todos los niveles en la Educación y la Formación», confiesan desde Florida Campus Alzira.
En esta misma línea, saben que les espera por delante un crecimiento de todas las posibilidades y funcionalidades de la tecnología y la IA aplicadas a la docencia: realidad aumentada, chatbots educativos, laboratorios virtuales, herramientas de cooperación digital... Un progreso que, indudablemente, «deberá ir acompañado de principios éticos y marcos normativos que protejan los derechos de estudiantes y docentes, siempre ligados a una innovación educativa inclusiva y al desarrollo sostenible», concluyen.
No cabe duda: un buen plan de estudios donde todo quede claro es la clave para que las ya mal llamadas «nuevas tecnologías», sean un avance que ayude sin estorbar o producir rechazo. En esta era, la innovación y la conectividad están a la orden del día, por lo que es inevitable que, más temprano que tarde, haya que preparar a los estudiantes y profesores para ello. Porque lo nuevo no tiene que ser sinónimo de malo, sino de oportunidad, siempre que se aproveche correctamente.
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