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¿Y por qué no José de Ribera?

En abril de 2007 se recuperaron diez fragmentos óseos de Francisco de Quevedo, extraídos de entre restos de 167 personas y animales, de una fosa común en la cripta de la parroquia de San Andrés Apóstol, en Villanueva de los Infantes. Se sabía que el poeta había fallecido en 1645 y, que un siglo después del primer enterramiento, fue trasladado a dicha cripta. Transcurrido un mes de esa recuperación, en una urna de forja fueron devueltos a la iglesia parroquial, se instaló la placa correspondiente y fue incorporado a los atractivos patrimoniales del municipio ciudadrealeño.

En abril del año en curso se inició la búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes. Está documentado que fue enterrado en una iglesia de Madrid en 1616 sobre la que más tarde se construiría la de las Trinitarias, en pleno barrio de Las Letras. Un historiador, un geofísico ayudado por un georradar, varios arqueólogos, un conocido antropólogo forense y otros expertos de la Universidad del País Vasco y de la Complutense de Madrid, se afanan por encontrar e intentar identificar vestigios del manco más famoso en la historia de la literatura. Si el resultado fuese positivo, se pretende mantener esos restos en la iglesia, cumpliendo la voluntad del escritor, pero bien señalizados. Se convertirían en un reclamo más para la celebración en 2015 de los 400 años de la publicación de la segunda parte del Quijote y en 2016 del cuarto centenario de la muerte del escritor. Y hoy, solo con atender algunas noticias, podemos tener idea de la oferta cultural y la buena marcha en Toledo de la celebración del IV Centenario de la muerte de El Greco. Ciudad cruce de culturas y de épocas que dejaron en ella un riquísimo patrimonio cultural, y ciudad siempre poblada de curiosos de toda procedencia, Toledo este año ha redoblado el número de visitantes.

Respecto a los restos mortales de José de Ribera apodado lo Spagnoletto y que añadía «setabense» a su firma, no se requiere ni búsqueda ni identificación alguna: a su muerte, en 1652, fue enterrado en la Iglesia de Santa Mª del Parto, en el barrio napolitano de Margellina. Y, además de su orgullosa reivindicación en la firma, tampoco cabe duda alguna respecto de su lugar de nacimiento. Lo que sí mueve a la interrogación y causa verdadero estupor a gran parte de los interesados por su obra y su figura es poco menos que la ocultación mantenida en el tiempo por parte de los regidores públicos setabenses respecto del principal artífice de la pintura tenebrista. ¿Será la ceguera o la incapacidad para saber reivindicarlo como se merecería este clásico de la Historia del Arte? Es llamativa semejante desatención mientras que anualmente el gobierno municipal selecciona nombres de vecinos que pasen a engrosar el panteón de ilustres con vistas al castillo. Contando además en el museo municipal con varios cuadros de Ribera cedidos por el Museo del Prado, permaneciendo en pie la casa natal y la calle de sus primeras correrías, que los munícipes no tengan iniciativa para convertirlo siquiera en «recurso» cultural ni en atractivo turístico real, que se desentiendan de la puesta en valor y la difusión del hijo que más trascendencia ha propiciado a lo largo de muchísimos años al nombre de Xàtiva,? es prueba más que evidente de la lucidez patrimonial de sus «cráneos privilegiados».

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