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Publicidad sexista

Con cierta curiosidad al principio y mucho interés al final, escuche y leí días atrás la noticia por la cual la Conselleria de Igualdad abría un expediente sancionador a El Corte Inglés por una presunta publicidad sexista para el dia de la Madre. La conselleria considera que esta publicidad «fomenta un estereotipo de madre que resigna a las mujeres a cumplir con su papel de 'buena madre' basado en la entrega por encima del resto de identidades que la conforman».

Afortunadamente me pilló merendando un poco de pan con aceite y tomate (por aquello del colesterol y los triglicéridos) y no me dio tiempo a atragantarme, pero sí a preguntarme quien había sido el/la cabeza pensante de ordenar el expediente sancionador y si el mismo individu@ sería el brazo ejecutor de las miles y miles de campañas sexistas y xenófobas que tenemos que tragar día sí y día también, sobre todo en navidad, día del padre, reyes, día de la madre, etc. Pensé, mientras saboreaba el aceite de oliva con denominación de origen, si de una vez por todas iban a proponer cárcel para los creadores de la campaña esa donde el tío musculitos se tira colonia por todo el cuerpo y cuando llega al palmo más abajo del ombligo, las decenas de mujeres que le observan por el ojo de la cerradura caen muertas a sus pies. ¿Y eso nos parece bonito y consentido? ¿Cómo se llama eso dentro de los cánones del respeto y la igualdad? A los de esta campaña, elegida al azar entre otros centenares de cuñas publicitarias, les haces un juicio paralelo y tienen mucho más delito que los presos políticos encerrados sin saber todavía porqué motivos.

Estos creadores de estereotipos inexistentes sí que tratan a la mujer como un objeto, aunque hay algunas que exigen serlo y someterse al dominio del macho de la pradera que es quien domina el cotarro. No lo digo yo, dios me libre, sino personajillas como la señora Monasterio, de Vox, la sonrisilla del partido de extrema derecha que casa perfectamente con el bandolero y pistolero que representa su jefe. Se coloca la sonrisa, se graba en el cerebro «los que quieren romper España» y poco más. Y nada le importa si le preguntan que pruebe sus afirmaciones: ella no sabe, no contesta, no quiere, pero se le aprecia el odio en los ojos hacia aquellas mujeres que solo exigen su igualdad, su reconocimiento en la lucha diaria. Florecilla Monasterio no sabe de eso. Ella es de las que caen rendidas a los pies del macho y además lo exigen; de las que ponen el freno hacia una sociedad más justa y las que sueñan con el perfume del placer entre sus muslos y caderas. Esa es su felicidad.

Es francamente vergonzoso contemplar como años de lucha de mujeres y hombres se disuelven como los azucarillos en la boca ante estos hechos. La libertad de pensamiento y de palabra es precisamente tan libre que no se le pueden poner puertas que encierren expresiones, pero de una vez por todas necesitamos una conciencia colectiva de la necesidad de seguir avanzando. La lucha de las mujeres es tan lícita y necesaria como las pruebas que afirmen que los presos políticos son presos por algún delito. No nos vale la manida frase de ser respetuosos con la justicia, si la justicia no es respetuosa con las ideas y las expresiones de libertad. Y que no la tomen con el Corte Inglés porque han equivocado el camino.

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