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El partido no ha terminado

vivimos un paréntesis de obligado cumplimiento, útil para que políticos /as entrantes y salientes puedan saborear triunfos, rasgarse las vestiduras o armarse para continuar la travesía en el desierto. Es, en cualquier caso, un período de adaptación necesario a la nueva situación en la que han de vivir los próximos cuatro años.

Con la avalancha de cifras, estadísticas y porcentajes pretenden explicar la acumulación o pérdida de votos, lo cual es, indudablemente, una cuestión interesante, pero que tiene poca viabilidad porque no hay fórmulas mágicas Las elecciones expresan la voluntad popular que resulta satisfactoria o incomprensible pero que, en ningún caso, se puede cuestionar. Entender sus razones es como querer entender a la Naturaleza, que tiene sus reglas pero no siempre las hace comprensibles. En todo caso, la tentación es cambiar el registro y dejar de hablar de política para intentar frenar el efecto saturación, tras semanas y meses de escenario electoral. Ciertamente al mirar alrededor hay otras noticias y acontecimientos que llaman la atención.

Por ejemplo, la decisión del rey Juan Carlos de re-jubilarse, abandonando toda actividad institucional tras un dilatado período de preparación para tan doloroso trance. Con 81 años y casi 200.000 euros anuales, no parece que sea un mal plan, sobre todo si se hace ese ejercicio nefasto de compararlo al pensionista de toda la vida, ese que salía y seguirá saliendo a la calle para reclamar pensiones dignas. Pero mejor abandonar el tema porque eso es política.

La vida sigue y quienes utilizan los trenes para llegar a su puesto de trabajo o lugar de estudio, siguen sufriendo a diario, con elecciones o sin ellas, un servicio ferroviario más que deficiente que es causa suficiente de crispación a cuenta de sus retrasos y supresiones. Y sin ser un genio, es fácil identificar la causa en la falta de inversiones y erróneas prioridades de quienes administran presupuestos. Pero eso, es política.

Es noticia de portada que en la Comunidad valenciana casi 5.000 valencianas fueron víctimas de la violencia machista en 2018, lo que provoca, a poco que se reflexione sobre la dimensión del dato, una reacción generalizada de sobresalto acompañada del deseo de que alguien por una vez, deje de hablar y actúe, tomando las medidas oportunas que suelen requerir eso que tan difícil es: presupuesto. Atiza, esto es también política.

Y para acabar, recientemente abrieron los informativos con el terrible relato de lo sucedido en IVECO, una fábrica de Madrid donde trabajan más de 2.500 personas, en la que se compartió alegremente, hasta hacerlo viral, un vídeo sexual grabado hace cinco años de una trabajadora, Verónica, 32 años, que no pudo soportar la presión y la vergüenza, y acabó suicidándose. Se achaca su decisión a su debilidad y falta de previsión. Y nadie asume la culpa ni individual ni colectiva. Y eso también es política

De todo ello, varias conclusiones. Que la política hace nuestra vida buena o insoportable, siendo imposible dejarla atrás. Que ciertamente han pasado las elecciones, en lo que se refiere a la pugna cainita entre partidos y al chorro inacabable de promesas electorales, dando paso a la parte interesante: la de ponerse a trabajar, desde el gobierno o la oposición, para demostrar quien se es realidad y lo que se lleva dentro de esos logos/corazones que han protagonizado la campaña en Xàtiva. Y que tras el voto, se ha de mantener la mirada atenta que impida olvidos y renuncias, rebajas y descuentos. Porque no es la hora del descanso, sino de la prórroga. Y hay que evitar que, entretenidos comiendo palomitas, nos metan todos los goles.

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