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Xàtiva en julio de 1919

arrancaba el verano en Xàtiva, y la ciudad miraba al panorama nacional con un Maura a la cabeza de un gobierno que firmaba el decreto de disolución de las Cortes para organizar otras elecciones que no solucionasen nada de lo que preocupaba al ciudadano de a pie: la carestía alimentaria, los bajos salarios, el crónico déficit financiero, las huelgas revolucionarias o el pertinaz separatismo regionalista de un país que no había sabido sacar provecho de la neutralidad durante la Gran Guerra, en forma de paz social y distribución de la riqueza y donde los únicos beneficiados habían sido los grandes terratenientes, industriales y empresas comerciales de exportación. Su único agobio durante los años del conflicto se había centrado en que los submarinos alemanes no hundiesen a sus mercantes, llenos de naranjas, textiles o cereales que vaciaban los mercados nacionales y provocaban la subida de las subsistencias para desesperación de las clases trabajadoras. Y ahora, con la paz, y los alemanes entregando submarinos a los aliados, los exportadores seguirían ganando cada vez más y los parias menos.

Mientras, Europa se atascaba en las negociaciones del Tratado de Versalles para finiquitar el armisticio con el que sacaó la Gran Guerra, donde a Alemania se le amenazaba con reanudar las hostilidades sino firmaba la mayor humillación de su historia reciente, y la prensa liberal azuzaba a los aliados a continuar luchando en Rusia, y enviasen divisiones en apoyo del ejército blanco, que batiesen a las hordas bolcheviques, que intentaban convertir el país en una República Socialista de Soviets.

Con aquel revuelto panorama nacional e internacional llegaba el calor a Xàtiva, y las pasiones se desbordaban. Cesáreo Fernández descerrajaba un tiro a su novia, Dolores Belda, en medio de la calle Sagasta, hoy avenida de la Estación. Luego corría a casa de la familia política para seguir matando, y viendo que no había nadie, salió huyendo hasta la ermita de Sant Josep, donde se suicidó con otro certero tiro en la cabeza. Sobre el cadáver se halló una carta escrita como ejemplo a las mujeres que mienten amor a los hombres. Ella cambió de opinión a los seis días de la boda.

Lo que hubiera sido noticia mundial y abierto telediarios de medio mundo en la época del mundo globalizado de hoy, quedó entonces como una nota escueta de la sección sucesos de cualquier semanario. Mayor importancia o foco mediático, como se dice ahora, se le dio a la muerte de Francisco Blasco Soto, director del Hospital Municipal y presidente de la Cruz Roja, fallecido tras sufrir una infección bacteriana o septicemia inoculada en una mesa de operaciones al tratar de cortar a un paciente una infección de los huesos u osteomielitis. Aquello sí fue noticia de primera plana y de alcance nacional, ya que muchos colegas escribieron para expresar un sentido pésame al héroe de la lucha contra la gripe, que había muerto cual soldado en el campo de batalla en la lucha contra la enfermedad. Xàtiva se debatió entre agradecérselo con un monumento o la rotulación de una calle. La falta de presupuesto hizo que se optará por la segunda, todavía vigente en el callejero setabense de hoy.

En julio de 1919 se ultimó la transformación del cine León en el Banco Hispano Americano, la apertura del museo municipal de Bellas Artes bajo la dirección de Carchano, y la creación de la gran paradoja: inaugurar una plaza de toros completamente acabada, alzada exnovo a la salida del Parterre, mientras se apuntaba la posibilidad de derrocar la iglesia de Sant Francesc. En ambos casos, la razón era la misma, que repercutiría positivamente sobre Xàtiva. Atraería visitantes en el primer caso, y en el segundo, tras derribar el claustro del antiguo convento, se pensaba ganar espacio para dar cobijo a tres regimientos del Otumba, que se suponía ayudarían a dinamizar el comercio local. Como así se produjo con el incremento de tabernas y prostíbulos. Fue la época esplendorosa del carrer de les xiques.

Sin querer ofender a los numerosos militares, muchas voces capitaneadas por el profesor de primaria e historiador local Ventura Pascual, denunciaron lo que era una gran ignominia para la historia de la ciudad, la de cargarse la segunda iglesia más importante de Xàtiva, después de la Seu. Había que erradicar de la ciudad la tradición de dejar caer iglesias como había ocurrido con Sant Domènech, el convento de la Trinitat, Santa Tecla o les Ànimes. Pascual la defiende por ser entonces un ejemplo de la arquitectura de fray Vicente Cuenca, por combinar gótico con elementos neoclásicos, y por albergar retablos atribuidos por entonces a Jacomart, y ser sepultura de grandes familias como los Borja, Fenollet, marqueses de Llanera o Diego, y si las razones de la defensa del patrimonio histórico no eran suficientemente motivadoras, siempre quedaría la cuestión religiosa, ya que la feligresía de la zona se quedaría sin servicios religiosos cercanos.

Ante la presión mediática, el teniente general de la plaza, no deseando generar polémicas, decidió deslocalizar parte de la tropa a otros cuarteles cercanos al no llegar a un acuerdo con las autoridades locales y el Arzobispado para que accediesen a la expropiación de la antigua iglesia, mientras se debatían otras opciones como la de crear uno de nueva planta a las afueras de la urbe, o de reconvertir la prisión del Espanyoleto en cuartel militar. Xàtiva conservó la iglesia de Sant Francesc pero perdió el claustro de un convento transformado en dependencias para soldados, cuadras y polvorines.

Años más tarde una la mastodóntica finca, símbolo del progreso ayer, y hoy ejemplo de atentado al patrimonio (cuando el romanticismo de la conservación quedaba ahogado por el funcionalismo de la cultura del pisito) lo hizo posible. Y es que el ladrillo fue, es y será motor económico del país. Pero, resuelto el problema, la mayor preocupación del verano del 19, fue conseguir cuadrar el mejor cartel de toros para la feria de Xàtiva. Y en previsión de aquel espectáculo de masas que atraía a muchos forasteros, intentar que no les faltase de nada por lo que se refiere a comida, bebida y pernoctación. El prestigio de Xàtiva estaba en juego. Pero eso ya lo veremos a lo largo del verano, cuando el desparecido cuartel y la cerrada plaza cumplen cien años.

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