25 de marzo de 2020
25.03.2020
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XÀTIVA Y LA ALARMA SANITARIA:DE LA GRIPE-1918 AL COVID-19

25.03.2020 | 13:38
XÀTIVA Y LA ALARMA SANITARIA:DE LA GRIPE-1918 AL COVID-19

Entre 1918 y 1920, Europa sufrió una terrible pandemia de gripe. Hoy, cien años después, la historia se repite, y nos ataca otra neumonía de procedencia animal, pero afortunadamente sin la mortandad de la gripe que se llevó la vida de millones de personas. Una época en que no se aplicó ninguna estrategia de contención, como el fastidioso confinamiento que todos hoy sufrimos, pero tan necesario para frenar la curva de contagios, cosa que no se hizo hace un siglo, como consecuencia de un conflicto bélico. La Primera Guerra Mundial convirtió la trinchera y el movimiento de soldados en el mejor transmisor de un virus que generó más muertos que los campos de batalla, y sus víctimas se centraron mayoritariamente entre la población joven adulta, que no pudo seguir la estrategia del quédate en casa, propuesta hoy por las autoridades sanitarias.

Veamos un paralelismo entre aquella gripe mutada en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, el Covid-19, y las estrategias de contención desarrolladas. Hagamos entender la importancia del aislamiento, para frenar la propagación de un virus, y conseguir disminuir el número de ingresos en Unidades de Cuidados Intensivos por accidentes ocasionados por la vida diaria, con el objetivo de no colapsar el sistema sanitario público y privado. Frenemos con enclaustramiento la extrema capacidad de contagio, mientras se refuerzan los recursos de urgencias, y se fomenta la investigación para lograr la vacuna de un nuevo virus que ha llegado para quedarse.

La gripe continúa siendo el enemigo público número 1 de las alertas sanitarias mundiales. Ha matado a más personas que la peste negra y ha llegado prácticamente a todos los rincones del planeta. El transporte de soldados y el hacinamiento de reclutas en trincheras fue causa de su rápida expansión por Europa a principios del siglo XX. Hoy, cien años más tarde, lo ha sido: la rapidez del transporte, la libre circulación de personas y la extrema facilidad de contagio. Esto ayudaría a explicar como los 27 casos afectados por una extraña neumonía detectada el 31 de diciembre del 2019 en un mercado  de Wuhan, se haya convertido tan sólo dos meses y medio más tarde en una inesperada pandemia mundial, que ha pillado a todos desprevenidos, y que ha tenido como resultado la reciente alarma sanitaria nacional e internacional.

Mirando el pasado desde una perspectiva local, no es la primera vez que Xàtiva sufre alertas sanitarias que paralizaron la vida urbana, al decretarse la clausura de la vida comercial y el confinamiento de las personas en sus hogares. Si bien  el ataque de la gripe de 1918 no generó por parte de las autoridades ninguna reacción, sí se tomaron medidas extremas durante la epidemia de cólera desatada en Xàtiva a finales del siglo XIX.  El brote colérico se inició el 22 de marzo de 1885, con la aparición de tres casos en un mismo día. El foco de emisión fue la putrefacción generada por las malas condiciones higiénicas en las que se encontraba el Matadero Municipal, por entonces situado en la Plaça del Mercat, lo que llevó al alcalde a decretar una cuarentena que volvió a revitalizar temporalmente la funcionalidad como cordón sanitario de unas murallas y puertas de acceso, ya en proceso de demolición como la cúpula de la Seu, que se cayó súbitamente unos días antes como si anunciara la catástrofe que se avecinaba sobre Xàtiva.

El encierro urbano duró hasta el 16 de julio. Se habilitó un hospital de coléricos para aislar a los enfermos, dirigido por los médicos Antonio Ochoa —también presente en la gripe del 18— y Rafael Piñana, que fueron reforzados por los doctores Gimeno, Candela, Villacampa y Rodríguez Dalmau. No sabemos si como ahora la gente salió a aplaudirles en reconocimiento por sus esfuerzos, y si alguno dejo su vida en la lucha contra los virus, como en el caso del doctor Francisco Blasco Soto, años más tarde. En total, se llevó la vida de 284 personas que pudieron haber sido muchas más, si no se hubiesen aprobado aquellas medidas de restricción a la movilidad.

Años más tarde, otra crisis sanitaria más globalizada, y de menor impacto en Xàtiva, no ocasionó el despliegue de estrategias de contención y los medios de comunicación tuvieron que actuar como agentes de concienciación social ante la irrupción de una gripe pandémica. Arrasó Europa en cuatro oleadas, desde la primavera de 1918 hasta el invierno de 1920. Así, en Xàtiva, el invierno de 1919-1920 fue terrible en este aspecto. Se denunciaba en la prensa que entre el 20 y 30 de diciembre se multiplicaron por cinco las muertes por gripe. Y durante las dos primeras semanas de enero de 1920 se contabilizaron 65 defunciones frente a las 19 del año anterior. A pesar de las muertes, las autoridades municipales no reaccionaron y fueron los periódicos los medios encargados de difundir mensajes de prevención, como que la difusión del germen se realizaba sólo y exclusivamente por el aire, y que el hálito del enfermo era el único vehículo de contagio, y que se tenían que evitar lugares donde coincidiesen enfermos o convalecientes, con personas sanas. Se recomendaba también la desinfección de boca y fosas nasales con ácido bórico, un potente antiséptico y bactericida, además de la más completa desinfección de pañuelos y escupideros.

Tras el paralelismo histórico realizado, y comparando con la historia, es de agradecer que tengamos un estado del bienestar fuerte, y una sanidad desarrollada, que permite hacer frente a estas crisis sanitarias, ya que las guerras como las pandemias, siempre han estado presentes en la historia de la humanidad, y no es tiempo para pelear ni debatir sobre las medidas tomadas, sino hacer caso a los médicos, y dejar para el futuro el debate sobre si fueron tardías, desacertadas, recentralizadoras, o vulneradoras de derechos individuales. Es tiempo de parar y quedarse en casa gracias a la presencia de un estado que va a financiar las consecuencias negativas del estado de alarma decretado, cosa que no pudieron hacer nuestros antepasados.

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