12 de junio de 2020
12.06.2020
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XÀTIVA Y LA TERCERA FASE: EN RECUERDO DE LOS GRANDES EVENTOS DE 1920

12.06.2020 | 19:39
XÀTIVA Y LA TERCERA FASE: EN RECUERDO DE LOS GRANDES EVENTOS DE 1920

En la primavera de 1920 no hizo falta el desconfinamiento porque no se tomó ninguna medida para atajar los efectos de la segunda oleada de gripe que asaltó Xàtiva en aquel inicio de década. No se declaró estado de alarma, ni se decretó ningún confinamiento. Quedarse en casa podía agravar las consecuencias de la pandemia en unos hogares insalubres, sin balcones, agua corriente, ni electricidad. Sólo aislamiento de enfermos y cuidadores, como ya vimos en otros artículos determinados por esta cansina pesadilla de la covid que lo invade todo.

Xàtiva se prepara hoy para los encuentros en la 3ª fase de una desescalada que nos llevará irremediablemente a una nueva normalidad marcada por la mascarilla, los hidrogeles, la distancia social y la ausencia de eventos que excedan del aforo permitido o no puedan cumplir las estrictas medidas de seguridad sanitaria. En la Xàtiva liberal, tan amante de la juerga y la terraza, va a ser muy difícil de cumplir, por mucho que se apele a la responsabilidad individual. No tardarán mucho las fuerzas del orden en perder la paciencia, y comenzar a bajar la euforia desatada por la llegada de los calores estivales, como si este verano fuese a ser uno más. Craso error.

Hoy vamos hacer un ejercicio de memoria histórica, ahora tan de moda. Vamos a recordar algunos de los grandes eventos que hoy no se podrían realizar. Iniciamos el repaso por el poder político. Hace una centuria derechas e izquierdas podían pactar y reunirse en el salón de plenos presencialmente sin tirarse de los pelos. Y tras el paso por la alcaldía, del conservador José Romero y del liberal Julio Riu, le tocó el turno a Lino Casesnoves, que estrenó el sillón presidencial en abril de aquel año. Fue el primer alcalde republicano de Xàtiva en tiempos de la monarquía de Alfonso XIII.

Todos aquellos dirigentes fueron hijos de la burguesía local pertenecientes a familias sin rancio abolengo, adineradas con el comercio, y que a pesar de sus diferentes posicionamientos ideológicos trabajaron en pro de una urbe, entendida como espacio de eventos necesarios para fortalecer una naciente economía de servicios. Formaron parte de un tripartito que se alternó en el poder hasta la dictadura de Primo de Rivera, momento en que fueron sustituidos en las más altas instancias del poder local por otras familias, como: los Bataller, Bernabé o Diego, que también trabajaron para promocionar la ciudad como espacio de negocio, evitando que Xàtiva cayera en manos de utopías socialistas o anarquistas, ideas que anidaban cada vez entre la masa de trabajadores y jornaleros del campo, que veían la política como cosa de ricos, y la guerra civil de Rusia, entre blancos y rojos, como una esperanza para revertir la injusta pirámide social.

Y el primer baño de masas de la máxima autoridad competente, Lino Casesnoves, fue presidir la gran corrida de toros organizada por el Patronato. Un once de abril de 1920. Nada menos que se había conseguido juntar en tan secundaria plaza a dos grandes ases del toreo, como fueron José Gómez, el galliito, y Juan Belmonte. Como los grandes ruedos de Sevilla y Madrid, Xàtiva pudo disfrutar de aquel gran duelo de matadores que hizo furor en las primeras décadas del siglo XX. Y fue tal vez la antepenúltima corrida del gallo, ya que un mes más tarde moriría corneado en Talavera, como nos recuerda el novillero mexicano Fernando Saballa, ya retirado.

A pesar de fletar trenes especiales que acogiesen a gallistas y belmontistas de toda la provincia, la plaza de toros tuvo una muy buena entrada pero no se llenó hasta bandera. Aquello hizo sospechar a los dos grandes espadas si aquella no era la plaza más grande del mundo, al ser la única que no habían llenado. La crítica taurina fue buena, y calificó aquel duelo como de gran espectáculo, sólo deslucido por algunas inoportunas rachas de viento, la falta de bravura de dos de las seis reses presentadas por el ganadero Pérez Tabernero, y el revolcón sufrido por el banderillero Morenito, que afortunadamente sólo necesitó de una visita a la sastrería para arreglar los rotos sufridos en su traje de luces. El público salió contento y los setabenses se sintieron muy orgullosos de haber presenciado en su humilde plaza la actuación de los dos mayores ases del toreo del momento.

Tras ella, Lino Casesnoves perdió muchos correligionarios antitaurinos, y la lista fue a más, cuando se le ocurrió desde su posición institucional invitar a la procesión del Corpus, cuando ésta tomaba las calles de Xàtiva. La indignación entre la militancia republicana fue grande. El líder de un partido profundamente anticlerical, que definía la Semana Santa como el carnaval católico, que postulaba que la religión no debía salir de los templos, o al que le había encantado provocar a la clerecía local saliendo al balcón de su casa a comer jamón o cualquier otra vianda, justo cuando pasaba la Sagrada Forma. Invitaba ahora a participar en los actos religiosos. Sonoro escándalo entre los republicanos. Las masas trabajadoras se pasaron al socialismo, y Lino se vería obligado a dimitir poco tiempo después, aduciendo problemas personales, que no eran sino falta de apoyos hacia aquel republicano que ya no entendía la religión como el opio del pueblo y los toros como un salvaje pasatiempo burgués.

Pero, pasado el Corpus, la ciudad comenzó ya a preparar su fiesta más importante: la Fira de Xàtiva. La única que unificaba a toda la ciudadanía independientemente de su ideología. A finales de junio, se creaba la comisión especial que en aquel ejercicio de 1920, pensaba organizar verbenas, corridas de toros con grandes espadas, concursos musicales, castillos artificiales, un grandioso homenaje a los militares que luchaban en Marruecos, una batalla de flores, y un sinfín de cosas que se preparaban a todo correr en aquellos meses previos, y que cien años después, se van a quedar en nada. Y muchos se preguntan si con la nueva normalidad, no se podría hacer una mini feria respetando las normas de seguridad sanitaria. Y si no, suponemos habrá ingreso mínimo vital para los feriantes en estos tiempos de coronavirus, cuyas medidas sanitarias de prevención vulneran sus derechos laborales.

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