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la no movilidad

la no movilidad

la no movilidad

Estamos, según parece en plena Semana de la Movilidad, o por lo menos eso dicen en Europa. Y debe ser verdad porque lo cierto es que otras ciudades como Valencia o Alacant, Quart de Poblet o Canals que nos pilla bien cerca, están moviendo interesantes iniciativas en este sentido. Pero en esta ciudad de nuestros amores y nuestros dolores no se mueve ni un pelo y esta semana, como la pasada y la que vendrá, los coches circularán con absoluta prioridad ante los peatones, las aceras seguirán siendo insuficientes y exigirán malabarismos para circular y los árboles que den sombra serán un espejismo, fruto de la insolación. Es decir, que movimiento sí hay, pero del malo, como el colesterol, porque es a base de motor y contaminación, de sacrificar el bienestar de las personas en el diseño cívico ignorando las necesidades ciudadanas que el espacio urbano debería satisfacer. Surge la pregunta de si se debe a un error humano „nadie es perfecto„ explicable, aunque poco justificable o a un premeditado olvido que ha permitido meter en el cajón de lo que ahora no toca..., a cuenta de la pandemia, diversos compromisos como el de la igualdad, la participación, la lucha contra el cambio climático€ Ciertamente la pandemia obliga a concentrar los esfuerzos en superar batallas que no admiten derrotas. Pero no puede ser causa de una paralización, selectiva y empobrecedora, de la gestión municipal derivada de la falta de entusiasmo o lo que es peor, del descreimiento e incumplimiento de promesas realizadas previamente. La Semana Europea de la Movilidad que se celebra desde 1999 es una campaña de sensibilización sobre las consecuencias negativas que tiene el uso irracional del coche, tanto para la salud pública como para el medio ambiente. Pretende concienciar sobre los beneficios del uso de modos de transporte más sostenibles como el transporte público, la bicicleta y los viajes a pie. En 2020 se centra en conseguir la accesibilidad al transporte sin emisiones con el lema: movilidad sin emisiones para todos. Una campaña que seguro que no comparten figuras como Rajoy y su primo, el asesor, ni Trump que opina que el calentamiento global es un invento chino para fastidiar a la industria norteamericana. Pero el Ayuntamiento de Xàtiva, la organizó con esmero en 2016, 2017 y 2018 con una indudable repercusión. Incluso se ganó un premio, que en realidad es secundario, porque el verdadero premio fue ver la Alameda convertida en espacio repleto de ciclistas y paseantes, apto para la convivencia y el reforzamiento del vínculo personal que nos hace reconocernos mutuamente como vecindario y ciudadanía. Tiempos aquellos en los que las mascarillas no eran más que una fantasía distópica y absurda. Este año en Xàtiva hay poco que celebrar a la vista del escaso entusiasmo demostrado por la concejalía responsable. Enorme diferencia con la decidida apuesta de ciudades como Valencia, que con un par de narices ha peatonalizado su centro neurálgico y consolidado un carril bici que revienta de éxito. Aquí parece abandonada la pelea por esa ciudad sostenible de la que tantos habla y pocos se acaban de creer. Y eso a pesar de la aprobación unánime en su momento de un plan ambicioso y brillante para conseguirlo, el PMUS, que además costó una pasta como sucede con los productos de calidad. Después de haber constituido para dejarla morir ahora, una mesa de movilidad que podía ser el embrión de una dinámica participativa, a veces incómoda pero siempre enriquecedora.

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