A falta todavía de comunicación municipal oficial, parece que la licitación para la explotación del hotel Murta de Xàtiva ha quedado desierta. Ello se desprende de la propuesta hecha, hace unos días, por un representante del grupo municipal del Partido Popular, para ubicar en el edificio del hotel el nuevo centro de salud de la ciudad previsto para dar servicio a la zona este de la misma. La propuesta, según sus promotores, derivaba del conocimiento sobre la renuncia del único licitador, lo que implica que el procedimiento de concesión de la instalación de titularidad municipal quedaría desierto.

No ha tenido suerte el hotel Murta de Xàtiva desde que comenzó su decadencia, cuando se decidió desvincularlo del magnífico complejo de piscinas, una de ellas con trampolín y olímpica —característica diferenciadora que ya no tiene ninguna de las pocas piscinas que hay hoy en la ciudad—. El proyecto inicial del hotel, junto a esas instalaciones deportivas y el campo de fútbol, se configuraba como un referente provincial y si su explotación hubiera tenido en cuenta la entonces naciente —y hoy consolidada— demanda de producto de turismo deportivo, con una adecuada gestión, mantenimiento y promoción, probablemente hubiera alcanzado el éxito, evitado así su languidecimiento.

La decadencia se agravó por el todavía injustificable error del gobierno municipal del Partido Popular de destruir la piscina olímpica con su trampolín y enterrar las piscinas mediana e infantil anexas para ubicar una pequeña y vulgar piscina recreativa de absurda temática tropical, que resultó pronto saturada y con continuos problemas de funcionamiento, sin que los gobiernos municipales posteriores haya hecho nada para remediarlo.

Todo ello llevó a que la oferta del hotel, a pesar de haber realizado una tímida renovación de instalaciones, alejado del conjunto histórico-artístico como principal atractivo —donde se sigue echando de menos un hotel de calidad, con encanto y capacidad media-alta, atrayendo una cadena de referencia—, fuera cada vez menos competitiva en el segmento de turismo cultural en el que trata, con más voluntad que eficacia, de hacerse un hueco la ciudad.

La propuesta de convertir el hotel en un centro sanitario, sin aportar al menos un mínimo estudio previo justificativo experto sobre oportunidad, viabilidad y coste económico de la actuación que lo acompañe, condena a la misma a limbo de la incerteza, en el que yacen ya demasiadas propuestas políticas setabenses. Pero tal vez lo más decepcionante sea el pobre argumento cortoplacista para defenderlo: «que la situación de pandemia actual perjudica al turismo»; que !la coyuntura actual hará muy difícil que alguien se interese por el hotel» o que «en Xàtiva tenemos unos servicios de hoteles y hospedería suficientes», han dicho. Todo ello refleja un preocupante planteamiento de ciudad y denota una falta de apuesta decidida por el turismo y que parece no creer en el adecuado desarrollo de esta actividad como motor económico, generador de empleo y de oportunidad competitiva de futuro para la sociedad setabense. ¿Cómo se puede afirmar esto con los actuales datos de plazas de alojamiento en Xàtiva y su comparación con respecto a otros destinos como por ejemplo Morella, Orihuela centro o Segorbe?

Mientras, en esa sucedánea universidad estacional —a falta de una verdadera sede universitaria permanente en la ciudad— celebrada un día de esta semana pasada, ante un auditorio vacío, las autoridades académicas y municipales se han atrevido a decir que Xàtiva «ha sido una referencia del turismo cultural en los últimos meses». En fin. La visión política siempre acaba dándose de bruces ante la tozuda realidad si, entre ambas, como nexo de conexión, no hay un verdadero y planificado trabajo técnico, experto —y también ilusionado— que se fomenta y en el que se cree de verdad.