La misionera de Benigànim Josefa Benavent Murillo ha fallecido en Marruecos a los 84 años de edad, a causa del coronavirus, tras toda una vida dedicada a los más necesitados. Su pueblo natal, sus familiares, amigos y convecinos celebrarán hoy una misa funeral en su memoria en la parroquia de San Miguel.

La religiosa, componente de la orden de las Franciscanas Misioneras de María, desarrolló gran parte de su labor (durante 47 años) en Marruecos, país al que llegó en 1973. Ejerció durante más de tres décadas como enfermera en el sistema sanitario público del país africano. Leproserías y hospitales infantiles de Taza y Casablanca fueron algunos de sus puntos de trabajo; allí, visitaba los domicilios de las personas enfermas para realizarles curas y brindarles diversas atenciones. Josefa Benavent insistía, asimismo, en la importancia que tenía para ellos acompañarles y escucharles.

Tras su jubilación, en 2005, se trasladó a cumplir con una nueva misión en la ciudad de Errachidia, al sur de Marruecos. Allí vivió unos años duros en la primera línea del tercer mundo, en la que Benavent se vio envuelta en difíciles situaciones. Los medios de comunicación españoles atestiguaron en 2009 una de las acciones más destacadas de Josefa Benavent, cuando se dedicó a atender y acoger a bebés abandonados por sus madres, que temían ser asesinadas después de haber quedado embarazadas tras violaciones perpetradas, en ocasiones, por miembros de sus propios entornos familiares. La misionera valenciana se hacía cargo de estos niños hasta que eran adoptados, en una acción que despertó la admiración de todo el país. Este periódico le dedicó un reportaje en marzo del 2009, titulado El «ángel» de los bebés abandonados.

Tras toda una vida al servicio de los pobres, y siempre agradecida por la oportunidad de haber sido misionera en un país necesitado, el coronavirus ha provocado el fallecimiento de Josefa Benavent Murillo. Se va con los deberes hechos y —nunca mejor dicho— la misión cumplida.