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LA CIUDAD DE LAS DAMAS

Sabemos lo que hay que hacer

SAbemos lo que hay que hacer

SAbemos lo que hay que hacer

Nadie nos ha de decir a las mujeres lo que debemos hacer. Aunque algunos no lo tengan claro, somos personas adultas que formamos parte de una especie pensante, hecho incuestionable a pesar de alguno de sus individuos. Pero hay una enorme afición, una pretensión universal de decirnos a las mujeres, en diversas situaciones y sin previa petición, lo que nos conviene, lo que está o no a nuestro alcance. A señalarnos nuestras limitaciones, a advertirnos de ciertas líneas rojas, por si acaso nosotras no hubiéramos sido capaces de detectarlas.

A nosotras, que damos vida, que defendemos la vida, que hemos luchado contra la enfermedad y la muerte, en primera línea en las más adversas circunstancias, nadie nos ha de decir lo valiosa que es y la importancia de defenderla. No es admisible que ante decisiones que estamos más que capacitadas para tomar, aparezcan miles de voces sentenciando, criticando, cuestionando sin darnos siquiera tiempo a equivocarnos. Cosa que, por otra parte, no pasa tan a menudo como algunos pretenden.

Toda esa tutela ya nos tiene demasiado hartas y con escasa paciencia. Quizás suene a soberbia o prepotencia, pero solo es el legítimo sentimiento que albergan muchísimas mujeres que se sienten muy capaces de tomar sus propias decisiones, consiguiendo además que sean las más acertadas.

En los prolegómenos de un 8 de marzo, que antes de suceder ya despierta críticas, nadie nos ha de decir a las mujeres lo que debemos hacer. Sobran las recomendaciones sobre cómo debemos actuar para que ese día, jornada de reivindicación y día festivo también se desarrolle de la forma conveniente para no renunciar a nada, y desde luego, en ningún caso, a nuestra propia salud.

Hay muchas maneras de ser protagonistas, casi tantas como formas de robarlo, y este 8 de Marzo, desde el movimiento de mujeres se van a utilizar casi todas. Los vídeos inundan las redes, los encuentros divulgativos, las imágenes, los textos de opinión se multiplican porque ese día la lucha feminista ha de brillar. Se va a bailar, a cantar en coro, a recitar poesía...Habrá performances llenas de creatividad y de fuerza...Igualmente en muchas localidades se llenarán las calles de simbología feminista, de ese violeta tan explosivo como constructor de vida que es su seña de identidad. Va a haber caravanas de coches que ocupen las calzadas lanzando un mensaje inequívoco que visualice a las mujeres y sus derechos...y también va a haber concentraciones. Convocadas con todas las garantías sanitarias, de aforo limitado, descentralizadas, en las que la participación se someterá ineludiblemente a unas reglas que nadie nos tiene que imponer porque todas sabemos respetar.

En Xàtiva, no se podrá ver para tranquilidad de los preocupados por nuestra salud y la suya, ninguna manifestación tan rica y participativa como la de años pasados. Pero se podrán ver, organizadas desde el Consell de les Dones y también desde otras plataformas y entidades existentes en la ciudad, un buen puñado de acciones protagonizadas por mujeres, con su rica diversidad y complejidad, en sus diferentes circunstancias y desde sus legítimas necesidades, en perfecta alianza para transformar la realidad.

Vamos a ser mucho más responsables y respetuosas que los organizadores de otras concentraciones mucho menos cuestionadas, desde los antivacunas a los detractores de la ley Celaa, desde los neonazis a los negacionistas del barrio de Salamanca. Pero vamos a ocupar a la calle, el espacio, a impregnar el aire que respiramos e invadir el sonido ambiental, para que todo ello hable de igualdad y proclame que es el Día Internacional de las Mujeres, orgullosas de serlo, nacidas para vivir libres y con todos los derechos.

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