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El secano pierde terreno: las tres comarcas arrancan 475 hectáreas de cultivo en 2020

El terreno total dedicado en un año a campos de regadío se ha incrementado en 4,5 kilómetros cuadrados

El agricultor Salvador
Martínez, de Navarrés, 
en un campo de olivos.  P.I. | PERALES IBORRA

El agricultor Salvador Martínez, de Navarrés, en un campo de olivos. P.I. | PERALES IBORRA

La de la agricultura es una dura economía que no hace prisioneros, y los labriegos no dudan en acometer las maniobras que sean necesarias para asegurarse un sustento. Así, la escasísima rentabilidad de los frutos de secano está motivando que pierdan muchísimo terreno en el marco de la Costera, la Canal de Navarrés y la Vall d’Albaida: en el último año, la superficie dedicada a este tipo de cultivo ha perdido un total de 475 hectáreas en el global de las tres comarcas.

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Según las estimaciones de la Conselleria de Agricultura, al cierre del 2019 había 22,15 kilómetros cuadrados de campos de secano. Un año después, la cifra había retrocedido hasta los 21,675 kilómetros cuadrados.

El organismo autonómico aclara que estas cifras no revisten carácter oficial pues se basan en cálculos propios, pero la comparativa interanual muestra una evolución que es difícil de ignorar. No en vano, el fenómeno de la desaparición de los cultivos de secano puede leerse como un auténtico cambio de paradigma ya que, en la otra cara de la moneda, la superficie dedicada a los campos explotados con un sistema de regadío pasó de 21831 hectáreas en 2019 a 22283 hectáreas al cierre del 2020. Un crecimiento de unas 5.400 hanegadas, empleando la medida valenciana, que lleva a que el terreno de regadío ya supere al de secano en el balance global de las tres comarcas, siempre según las estimaciones de Agricultura.

Principales cambios

Desgranando la evolución de las superficies agrícolas según el tipo de cultivo, se observa un incremento destacable en el terreno dedicado al olivar, un árbol que representa más de una cuarta parte del total de explotaciones en las tres comarcas. De 2019 a 2020, el cultivo de olivos pasó de ocupar 14.465 hectáreas a 14.579, lo que representa un incremento de 1.140.000 metros cuadrados.

En este cultivo, tradicionalmente de secano, también se observa que la alternativa del regadío gana terreno a pasos agigantados: el primer tipo de explotación perdió 245 hectáreas (de 12.004 a 11.759), mientras que el segundo ganó 359 hectáreas (pasando de 2461 a 2820). En las tres localidades con mayor superficie dedicada al olivar, las explotaciones crecieron entre 2019 y 2020. Enguera pasó de 2201 a 2241 hectáreas; Chella, de 1186 a 1207; y Moixent, de 1124 a 11151. En los tres casos, indistintamente, los cultivos de secano perdieron terreno y los de regadío ganaron.

Respecto a la viña, el segundo cultivo de mayor extensión en las tres comarcas, también vive un periodo de recambio de cultivos de secano por los de regadío, aunque a un menor ritmo que la oliva. Por ello, en superficie total, las explotaciones vitivinícolas decrecieron ligeramente el año pasado, pasando de 5661 a 5659 hectáreas. Desaparecieron 70 hectáreas de secano, mientras que el terreno de regadío creció en otras 68 hectáreas.

Los agricultores de las tres comarcas no escapan a la dura realidad del sector primario, muy castigado por los bajos precios. De 2019 a 2020, así, el territorio vio desaparecer 158 hectáreas de cultivos frutales y cítricos, o lo que es los mismo, alrededor de 1900 hanegadas. Al cierre de 2020, en la Costera, la Canal de Navarrés y la Vall d’Albaida se cultivaban 19.349 hectáreas de este tipo de frutos, 15.922 de ellas de regadío y 3.427 de secano.

Las hortalizas, en cambio, crecieron en extensión, al pasar de 889 a 924 hectáreas. En el término de Xàtiva, las explotaciones de ajo tierno ocupaban en diciembre de 2020 160 hectáreas, diez más que en 2019.

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