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DIMARTS MERCAT

Trago en el chiringuito

Trago en el chiringuito

Trago en el chiringuito

La Real Academia de la Lengua dice y proclama que un chiringuito es un kiosco o puesto de bebidas al aire libre. También se refiere esta palabra a un «chorrito menudo» y si nos vamos a Cuba es un «trago que se ingiere de una bebida alcohólica» o «aguardiente de caña de una calidad inferior». Ilustrados ya en el tema podremos debatir con todo el conocimiento de causa, qué es realmente lo que habitará el mayor tránsfuga de este país, Toni Cantó, que hace cuatro días ladraba desesperado en el Parlamento Valenciano como si con ello le fuese la vida, aunque en realidad era un «chorrito menudo» después del trago cubano, a la sombra del dinero de todos los valencianos que le pagamos, y ahora los madrileños también, que con su pan se lo coman acompañado de calamares del Manzanares. ¿No querías limpia traseros? Ale, aquí tienes al gran protagonista de «Todo sobre mi madre», donde aparece apenas dos minutos, travestido y llorando a lágrima viva lo poco que le quedaba de vida. Hay que reconocer que la interpretación tuvo su miga, después de que Almodóvar le apretase las tuercas y sacase lo mejor de sí mismo. Aunque en realidad también era poco lo que guardaba y lo que sacó.

Ahora le montan su propio chiringuito que por lo menos servirá para que dejemos de escuchar su discurso «lameculista» que también, según la Real Academia, es alguien «que alaba de forma exagerada e hipócrita o trata de agradar a alguien con el único fin de conseguir un favor o un beneficio». Perfecta definición de lo que hace el pajarito este.

Montarse un chiringuito al uso propiamente dicho no crean que es algo muy fácil. Necesitas permiso de instalación, ocupar la vía pública, tener pasta para adquirir el material necesario, depositar avales, ser amiguete del ICO para que te conceda el préstamo alegando no se qué puñetas del covid, haber pasado antes por las cloacas del Estado, la Comunitat y la municipalidad, haber pactado comisiones en secreto y haber robado a manos llenas con la impunidad que ofrece el contemplar que fácil es hacer el amor en un 600-D mal aparcado y en zona azul. Montarse un chiringuito es tener siempre la nevera llena esperando el momento oportuno para lanzarse a la yugular de la presa, la que tiene el poder y puede conceder los deseos más ocultos que iremos descubriendo (todavía más) poco a poco. Y el chiringuito de ciudad es invertir su dinero y el mío en contemplar como se va cayendo la plaza de toros o la vieja estación, antes tan necesarias y ahora tan odiadas y deseando que nunca hubiesen existido. La maldita hemeroteca saca a la luz declaraciones que hacen llorar al más valiente. Cuanta tristeza se arrastra tarareando aquella canción de Pi de la Serra «la cultura rima bé amb literatura, amb amargura, cura i aventura, amb pura, caradura i amb censura, amb futura, obertura i dictadura». Querían salvaguardar nuestra cultura y patrimonio pero se está gastando todo en chiringuitos incluso imaginados, para que los amiguetes no dejen nunca de chupar.

Y lo más grave de todo es que nos estamos acostumbrando al despilfarro sin techo y a los montajes corruptos de quienes tendrían el deber y la obligación de dar ejemplo. Palabra que significa, (sin que intervenga la Academia) cachondeo e inexistencia. Estar ahí arriba y no pernoctar con la corrupción, es ser tonto de remate.

Las clases se han establecido definitivamente en los diferentes escalafones políticos y sociales. Igual te mangan el bolígrafo de la firma de las pensiones el secretario general de la UGT que el presidente de la patronal CEOE y se manipula el permiso de obras para poder montar finalmente el chiringuito entre los almendros en flor de un morado que enamora bajo las murallas del Castillo. De peores veremos y así de sapos tragaremos, mientras se siguen burlando del voto ciudadano que para nada se corresponde con la realidad que nos toca vivir.

Bienvenidos sean al chiringuito de los inútiles. Sean bienvenidos al trago que suponga el pacto entre limpia traseros, manitas de guante blanco y licores de baja calidad. 75.000 pavos al año es un nuevo atraco que nos deja con cara de tontos. ¿Qué aquí no se conocen chiringuitos? Jo, si yo les contara...

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