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Los de la toga

Los de la toga

Los de la toga

Su apariencia engaña al menos a primera vista. Bajo esas caras de vinagre y togas de negro funeral se esconden macarras de ceñido pantalón en el caso de ellos, y unas chonis de tribu bien definida en el caso de ellas. Son las parejas perfectas: los canis y las chonis, que puestos a armarla, han llegado a lo más alto de los tribunales y tienen la potestad de convertirse en seres superiores, en juzgadores de ideas, decisiones y ordenes ministeriales. Algunos de ellos, cuando se ponen esa negra toga, son otros personajes, tremendamente peligrosos y oscuramente ultraderechistas predispuestos a poner sobre los pies de los caballos a todo un gobierno, parte de su economía y otras decisiones que pueden hacer temblar los cimientos de un Estado.

Forman parte de un Tribunal Constitucional que ampara y refrenda exageradamente en muchos casos, a grupos políticos cuya única misión es destruir, apartar a quienes no piensan como ellos, a olvidarse de la concordia y el entendimiento y cuyo objetivo final es el borrado total de quienes pretenden unir las ideas. Aquella noche de 2019 cuando se recontaban los votos y la ultraderecha conseguía 52 diputados, la felicidad era inmensa. Tenían ya todo el poder para presentar recursos contra todo aquello que mandase el gobierno elegido en las urnas por mayoría. Tenían ya el poder para establecer su base de operaciones contando con el cani y la choni, que eso de que la justicia es ciega es el cuento del alipaparo que se come las pililas de los niños. O sea, mentira podrida. Y además, también son parte de un poder judicial caducado. ¿Cómo van a darnos confianza con este currículum y esta base?

La justicia no es ciega y tampoco existe la separación de poderes y eso lo saben muy bien quienes llegan a sufrirlo. Es muy manida la frase de «acatamos la sentencia pero no la compartimos». ¿Cómo se van a compartir sentencias como la del toque de queda que acaban de declarar ilegal? ¿Cómo se puede poner en duda una decisión tomada para evitar miles de muertes? ¿Cómo se permite que el partido de ultraderecha presente un recurso contra una medida que ellos mismos aprobaron? Deberían autocensurarse, ¿no? Los amiguetes de la toga tienen la palabra, y como ellos mismos dicen en su particular lenguaje: «¡Illo ere un crá!». ¿Están chalados o qué pasa?

Y es que resulta evidente que los presentes preferían un Estado de Excepción. Recomiendo la lectura del libro Euskadi, el último estado de excepción de Franco, sobre lo bonito que resulta robar la libertad y violar los valores más fundamentales del ser humano. Eso era lo que pretendían los del partido del odio, y los de la toga fúnebre con esta decisión. El alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, del Partido Andalucista, acuñó una frase que le hizo famoso: «La justicia es un cachondeo». Por ella se le abrieron diligencias. El asunto estuvo en que algún tribunal anuló una orden de derribo de un chalet de Bertín Osborne tramitada por el ayuntamiento que presidía Pacheco.

Cachondeo o no, resulta al menos llamativo el hecho de que en estos momentos (cuando cierro esta columna) cada tribunal de justicia opine por su cuenta y riesgo. A Catalunya, Cantabria y Comunidad Valenciana se les permite un toque de queda nocturno y en Canarias y Extremadura se les niega. A quien se lo permiten es porque se entiende que el peligro de contagios en el ocio nocturno es evidente, y a quien se le niega, es por entender que el peligro no es tan fiero como lo pintan. Vamos, que la interpretación es la base del cachondeo. Uno de la toga te absuelve porque entiende que has robado el bocadillo para comer, y otro cree que lo has hecho por vicio y costumbre. Ejemplos, a centenares. Tiembla, maldito, a ver cómo queda el sorteo.

La interpretación de las leyes es tan amplia que todo es posible, y pido disculpas por haber dicho que los de la toga negro funeral son unos canis y unas chonis. Pues ninguna de las dos cosas. Son seres a los que montar en un tiovivo de los que no vendrán este año a la Fira de Xàtiva, les puede suponer una tremenda confusión mental con el mareo. Menos mal que la Fira será una Fira a medias. Eso sí, constitucionalista y sin toque de queda. Desde 1250 por privilegio de Jaume I. En rojo sangre, como el cartel.

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