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La celebración de fiestas patronales deja escenarios pandémicos opuestos

Benigànim y Vallada, que vivieron actos en la misma semana, tienen 0 y 41 casos activos

Traslado de la imagen del Cristo durante las fiestas de Benigànim, la semana pasada | LEVANTE-EMV

Traslado de la imagen del Cristo durante las fiestas de Benigànim, la semana pasada | LEVANTE-EMV

Con la inmunización contra el coronavirus rozando ya al 80 % de la población valenciana y tras un verano aún lleno de restricciones a las espaldas, las miras de la sociedad post pandémica están puestas sobre la recuperación de las fiestas que vertebran los calendarios valencianos. La celebración de las Fallas en València ha servido de primera prueba para estudiar el saldo que dejan unas fiestas con restricciones. De momento, la valoración es positiva. Pero si la lupa se posa lejos de la capital, en el territorio de la Costera, la Canal de Navarrés y la Vall d’Albaida, las fiestas pandémicas dejan resultados totalmente opuestos. Benigànim, que cerró sus fiestas la semana pasada, encaraba el fin de semana sin un solo caso activo de coronavirus en toda la población, según informó el mismo ayuntamiento. En la otra cara de la moneda, Vallada, que celebró los actos festivos locales en las mismas fechas, acabó como el municipio valenciano de más de mil habitantes con una mayor tasa de incidencia de contagios: 1.356,6 casos por 100.000 habitantes, merced a un total de 42 infecciones activas.

La disparidad en la situación pandémica de ambas poblaciones resulta llamativa, máxime si se tiene en cuenta que la organización y el desarrollo de las mismas han sido similares, ajustándose a la reglamentación marcada por las autoridades sanitarias valencianas. Según reseñaba Amparo Canals, alcaldesa de Benigànim, la decisión principal fue situar en un único espacio la totalidad de la programación festiva, a excepción de los actos religiosos —que tuvieron lugar en la Parròquia de Sant Miquel, con aforo controlado y distancia de seguridad—. Así, el campo de fútbol municipal fue acondicionado como sede de fiestas: se montó el escenario, se colocaron todas las sillas manteniendo las distancias de seguridad, y se habilitaron dos entradas diferenciadas. En cada uno de los actos, varios encargados controlaban la temperatura de los asistentes y el uso de mascarilla. Canals, por otro lado, ensalzó el comportamiento de la población, «que está muy concienciada tras los grandes brotes por los que ha pasado el pueblo», si bien reseñaba que «se ha salido más» que en otras fechas. «Es algo que pasa», naturalizó la munícipe beniganiense.

Desde Vallada, el ayuntamiento suscribe que la agenda de actos, consensuada entre el gobierno y la Comissió de Festes, cumplió «escrupulosamente» con la normativa sanitaria. «Se controlaron los aforos en cada caso», insistieron. Asimismo, reconoció «el magnífico comportamiento de la gran mayoría de la población», si bien añadía que no se puede controlar «lo que pasa en determinadas casetas y casas de campo». La agrupación local del PP criticó las imágenes que dejaron los actos en la plaza de toros portátil, en las que se podían ver pequeñas aglomeraciones de personas; el consistorio, por su parte, insistió en que también se cumplió con las restricciones de aforo en este lugar.

Una situación de partida que era muy diferente

En los análisis sobre la evolución de contagios a nivel local tras la celebración de unas fiestas no puede ignorarse un condicionante: la situación de partida. En el caso de Benigànim y Vallada, la primera población las inició con el brote local a la baja: a 1 de septiembre registraba veinte casos activos, cuatro menos que en la actualización anterior. Vallada, en cambio, prácticamente doblaba (de 19 a 36) su balance local en esos días.

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