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Ràfol y Salem se alían para rescatar el poblado íbero del Corralet

Una primera ayuda permite iniciar los trabajos arqueológicos y frenar su degradación

El yacimiento íbero, ubicado en la subida al Benicadell y compartido al 50 % por Ràfol y Salem. | LEVANTE-EMV

Ràfol de Salem y Salem no solo comparten el nombre y los lindes geográficos. Estos dos pequeños municipios de la Vall d’Albaida también son propietarios casi al 50 % de un ignoto poblado íbero que retrotrae a un pasado común y que parte los dos términos municipales en mitades casi iguales.

Las ruinas del yacimiento del «Corralet», desconocido para la mayoría de los vecinos de la zona, ocupan una extensión de 3.733 metros cuadrados en pleno camino de subida al Benicadell, pero han permanecido abandonadas y ocultas durante mucho tiempo. Hasta ahora. Los dos pueblos vecinos han sellado un convenio de colaboración que se desarrollará a lo largo de los próximos cuatro años para gestionar los fondos que anualmente esperan recibir con el objetivo de recuperar y poner en valor los restos.

El primer paso, quizás el más importante, acaba de darse. En el poblado se despliega desde hace dos semanas una primera intervención encaminada a la consolidación de urgencia del yacimiento. Los dos consistorios llevaban años peleando por una subvención para frenar la degradación del espacio e iniciar los trabajos y por fin ha llegado, de manos de la Conselleria de Cultura. «La ayuda no es muy elevada, pero nos soluciona el primer problema y nos da para comenzar, que ya es mucho», resume la alcaldesa de Ràfol, Carolina Mengual. Son 28.726 euros destinados a proteger los restos y a ejecutar las primeras tareas de investigación arqueológica, a expensas de los hallazgos que puedan producirse. Entre los objetivos figura la restauración de la muralla y de las torres de vigía del enclave.

El nombre del poblado -situado en las partidas del Racó y el Garroferal del monte La Sierra- se explica porque hace un siglo unos pastores tomaron prestadas piedras del antiguo poblado para montar un corral. «Todos en el pueblos conocíamos las ruinas, pero nadie sabía qué eran y siempre se había creído que estaban relacionadas con el Cid, hasta que unos arqueólogos vieron que se trataba de un poblado íbero con su propia muralla», explica Juli Fenollar, alcalde de Ràfol de Salem.

Un atractivo turístico y cultural

La alianza de los dos ayuntamientos vecinos (uno gobernado por Compromís y otro por el PP) es clave para esquivar las dificultades burocráticas -al compartir la propiedad un consistorio no podía solicitar las ayudas de forma individual- y empezar a arrojar algo de luz sobre el hasta no hace mucho ignorado yacimiento. «Es un valor cultural que forma parte de nuestra historia y no lo conocemos», sostiene Mengual. La alcaldesa de Ràfol subraya que las actuaciones permitirán adquirir información sobre quiénes eran, qué hacían y cómo se comportaban los antepasados de los «rafolins» y los «salemeros».

En otro plano, la recuperación de las ruinas se observa como un posible atractivo turístico y patrimonial -dentro de las rutas senderistas que proliferan por la zona del Benicadell- para los dos municipios, que juntos no alcanzan los 1.000 habitantes empadronados.

Una comisión de seguimiento integrada por los dos consistorios supervisará el proceso de recuperación y estudiará el calendario de actuaciones a desarrollar, que ha de tener el visto bueno de los dos municipios. Los trabajos de esta primera fase financiada por la conselleria se extendrán al menos durante dos semanas más.

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