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Un valenciano en La Palma: "La llegada de la lava al mar deja un olor de azufre y cloro muy persistente"

El setabense José Francisco Climent lleva desde 1999 como profesor en un instituto del municipio del Paso en la isla de La Palma

José Francisco Climent, con los gases del volcán al fondo. | LEVANTE-EMV

José Francisco Climent Tortosa (Xàtiva, 26/9/74) ha sido testigo de la erupción del volcán de la Palma en primera persona. Lleva dos semanas prácticamente clausurado, observando la evolución de la reciente catástrofe natural emplazada en las Islas Canarias desde el balcón de su residencia privada en los Llanos.

A finales de la década de los años 90 del pasado siglo XX comenzó su aventura en el archipiélago. La primera parada fue Gran Canaria en 1998. Un año después se trasladó a La Palma, donde se quedó a vivir: «Vine porque trabajo como docente y me apunté a las listas. Ahora, esta isla es mi proyecto de vida. Aquí tengo mi casa, mi trabajo, mi pareja, mi familia».

Su residencia no va a ser arrasada. No entra en el itinerario que siguen las diferentes lenguas de lava que recorren la isla como arterias ígneas hasta chocar con el mar. Él, como otros muchos, es un espectador de la naturaleza. Observa el paso de la colada: «La pasada noche la lava entró en contacto con el agua del mar y el olor ha cambiado. Y eso que lo tenemos todo cerrado por precaución. Cuando el viento sopla en nuestra dirección trae como un olor que parece una mezcla de azufre y cloro muy persistente, como si lavaras tu casa con lejía y el aroma que deja no se fuera», expuso.

Un volcán cada 50 años

Apunta que en su comunidad de adopción son conscientes de la fuerza de la naturaleza, que todo el mundo que vive allí sabe que un volcán sale a la luz cada cuarenta o cincuenta años: «La gente se olvidó un poco porque emergió uno de tipo marino hace varios años en el Hierro, creían que ya había pasado, que no se iba a reproducir el fenómeno de nuevo tan pronto. Lo raro en este caso concreto ha sido su rapidez. En episodios anteriores se han registrado dos o tres meses de terremotos y movimientos constantes. Aquí empezó un sábado y al domingo siguiente reventó del todo».

«Creo que nos pilló a todos —Administración y ciudadanos— en bragas, por hablar en términos coloquiales», prosiguió el profesor. Su residencia se encuentra en el centro de los Llanos, a tres o cuatro kilómetros del epicentro: «El ruido es tremendo, como una mascletà que no acaba. Hay días en los que está un poco más calmado, pero en otros el volcán no para de rugir día y noche, con explosiones enormes. La casa entera se mueve por la onda expansiva, es inquietante», dijo.

«De momento, las rachas de viento están llevando los gases producidos en choque con el mar hacia la costa, pero aún así se huele. Nos dijeron que cerráramos todas las ventanas, por si acaso», puntualizó. Sobre el envío de ayuda, especificó que el material ha llegado en grandes cantidades: «Material ha llegado mucho, la gente se ha volcado y eso es maravilloso. Ahora, yo creo que lo que se necesita son aportaciones económicas, la verdad», argumentó el docente.

Trabaja en el Paso, en un instituto que lleva cerrado desde el inicio de los movimientos sísmicos: «El instituto tiene un palmo y medio de ceniza. Aún no sabemos cuándo podremos volver». «El problema es que la gente lo ha perdido todo. Esto no es como una riada, el agua pasa e intentas recuperar lo que hay en tu casa y arreglarla. Lo que pasa es que te encuentras con que ya no hay casa a la que volver», declaró.

«Eran zonas muy rurales, ocupadas por personas cuyas familias han estado ahí muchos años. Muchos tenían parcelas para producir a pequeña escala y vender. Algunos tenían animales. O plataneras. El desastre ha sido inmenso. Es difícil de calibrar», apuntó.

«Son terrenos que está perdidos, no se puede construir ni plantar ni ahora ni dentro de diez años. ¿Qué pueden hacer ahora los dueños de esas tierras?», preguntó Climent. «Muchos de los chicos a los que doy clase vivían en la zona afectada. Ahora están desplazados. No les queda nada. Lo que les está pasando es un auténtico drama», alertó.

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