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Perdidos por las setas

La proliferación de rovellones ha despertado un especial furor que a veces termina con daños en el ecosistema o con dispositivos de búsqueda como los cuatro de este puente en la Vall d’Albaida y la Canal

Perdidos por las setas

Rovellón, rebollón, pebrazo, pebracho, níscalo... Su nombre puede cambiar según el lugar donde se recolecta, pero lo que no admite lugar a dudas es que la más popular de las setas silvestres comestibles ha despertado este puente de octubre un furor especial entre los aficionados a un suculento manjar que causa tanta sensación en Instagram como en la cocina. La acumulación de lluvias veraniegas no sólo ha adelantado la temporada de recogida, sino que ha hecho florecer una cantidad de hongos en los montes poco frecuente por estas fechas.

La consecuencia es que la presencia de buscadores de setas en lugares recónditos ha crecido exponencialmente, con todo lo que ello comporta. En apenas tres días, han trascendido cuatro casos de aficionados extraviados o accidentados que han tenido que ser rescatados por los dispositivos de Seguridad y Emergencias solo en el ámbito forestal de la Canal y la Vall d’Albaida. Los medios aéreos tuvieron que intervenir en dos ocasiones.

Al riesgo de perderse, el especialista Ignacio Tarazona, ligado a la Sociedad Micológica Valenciana (Somival), suma otros dos inconvenientes que atribuye a la inexperiencia (o a la imprudencia) de muchos de los que estos días se echan al monte sin tomar las debidas precauciones. El primero es la falta de cuidado a la hora de recolectar, que en ocasiones convierte la práctica en poco sostenible para el medio. «En general la gente no respeta mucho. Desconocen las prácticas de recolección, arrancan ejemplares sin saber si son rovellones o no, o si son demasiado jóvenes, y así pueden romper un setar entero», lamenta. «A veces se cogen ejemplares más viejos y acaban tirándose a la basura, en lugar de dejarlos en el monte cumpliendo su función de producir esporas y de servir de abono», ahonda. Otro peligro no menor es el de las setas cuya ingesta puede producir problemas serios de salud. «Todos los años hay gente que se confunde y se envenena por imprudente o por un exceso de confianza», apunta Tarazona, que confiesa que él mismo no deja de aprender y desconoce muchas variedades de setas, dado el gran abanico existente.

La que sí sabe identificar perfectamente es la «Amanita phalloides», un ejemplar potencialmente mortal cuyas toxinas actúan sobre el hígado y los pulmones y que de momento ha localizado esta temporada en la Serra d’Espadà. Con el aumento de la proliferación de hongos en los montes aparecen nuevos ejemplares poco conocidos y crece la peligrosidad, advierte el experto, que forma parte de la directiva y del comité científico de Somival.

Más pedagogía

Precisamente, una de las misiones de esta asociación micológica nacida en Ontinyent es combatir el desconocimiento de los profanos con pedagogía para que cualquiera pueda identificar si una seta es realmente comestible antes de introducírsela en la boca. «Cuando se tienen dudas, lo mejor es preguntar antes de cargarse un setar», reflexiona Tarazona, partidario de una mayor regulación de la actividad para controlar la masificación y sus consecuencias, que a veces se traducen en daños y basura en el monte. En Somival también enseñan a cortar los rovellones desde la base y con navaja, a recogerlos en cestas adecuadas y a saber orientarse. «Antes de salir hay que tomar un mínimo e precauciones, saber dónde vas y llevar un receptor GPS en el coche por si acaso, pero la gente se confía demasiado», observa el experto. Que los aficionados -como hacen los cazadores- tuvieran que sacarse un curso antes de lanzarse al monte a lo loco o que se pusiera coto a las cantidades extraíbles a su juicio ayudaría. «Hace falta educación y más vigilancia», sentencia.

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