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LA CIUDAD DE LAS DAMAS

tócate las tetas

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Ese el consejo, directo y contundente que ha facilitado una diputada en el Congreso con motivo de la reciente celebración del Dia Mundial de la lucha contra el Cáncer de mama, jornada en la que todos nos acordamos de esa maldita enfermedad. Aunque hay quien se acuerda de ella todos los días porque le ha tocado sobrellevarla, enfrentarse a ella y vivirla en primera persona, por lo que no hace falta que nadie les recuerde nada, ni les dé lecciones de coraje y superación.

Solo en España, cada año se diagnostican alrededor de 28.000 nuevos cánceres de mama. Una de cada ocho mujeres lo padecerá en algún momento de su vida.

Por eso, el consejo de la diputada es acertado. Lo primero que hay que hacer para enfrentar una enfermedad que mata a 6500 mujeres al año es intentar prevenirla, detectarla con la mayor anticipación posible porque así las posibilidades de superación serán mucho mayores, como todo el mundo sabe. Y hacerlo no sólo ha de depender de la actuación individual (tócate…) sino de la existencia de programas de cribado suficientes que contribuyen a reducir hasta en un 30 % la tasa de mortalidad.

Lo que todo el mundo no sabe es que el cáncer de mama tiene causas multifactoriales, lo que quiere decir que nadie está predestinada a sufrirlo ni nadie está libre de padecerlo. Lo que todo el mundo debería saber es que lo peor que se puede hacer cuando se trata con personas enfermas es adjudicarles cualquier tipo de responsabilidad o culpa, por sus hábitos, sus antecedentes o sus circunstancias.

Otra cosa que solemos hacer fatal es afrontar la enfermedad como una batalla, en la que se vence o se muere, porque de ahí se infiere que quienes fallecen son perdedoras que no fueron capaces de alcanzar la victoria. Quizás sería mucho mejor abandonar todas esas metáforas bélicas que hablan de guerra contra la enfermedad, de derrotas y triunfos y considerar la enfermedad como lo que es: un suceso vital aleatorio que no hay que afrontar con resignación pero que hay que vivir con serenidad y confianza en el futuro.

Tampoco hay que permitir que los lazos rosados disimulen la dureza de la enfermedad y nos hagan olvidar donde están las soluciones. No es en las carreras populares, en los desfiles de modas o en las camisetas apropiadas, todas ellas iniciativas surgidas mayormente de la buena voluntad que, sin embargo, no deben ocultar los elementos que en realidad nos protegen de la enfermedad.

Uno es una Sanidad pública, fuerte y bien dotada de todos los recursos necesarios desde tecnología punta hasta personal sanitario especializado. En este terreno, como en todos aquellos que comprometen la vida de las personas no puede haber listas de espera, pruebas demoradas, consultas tardías, tratamientos condicionados por la economía… La Sanidad pública y quienes la defienden con hechos y no con palabras deben contar con el apoyo incondicional de todas las personas que son y serán susceptibles de necesitar sus servicios, sin que el tamaño de su cartera importe.

El otro es la existencia de líneas de investigación científica que no sean reclamos testimoniales, de bajo coste y escasa proyección. Hace falta mimar al personal que investiga tratamientos, que mejora procedimientos de cribado y detección, que persigue un conocimiento amplio y profundo de la enfermedad para detectarla y curarla con la mayor rapidez. Sus frutos se verán a medio y largo plazo, pero deben contar con los recursos presupuestarios para hacer su trabajo durante el tiempo que sea necesario hasta conseguir los objetivos propuestos.

Esta es la receta: ponte el lacito, vota sin equivocarte y tócate las tetas.

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