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"Ir a las revisiones ginecológicas sin mi marido fue de lo más duro de todo el embarazo"

Cristina Mena, residente en Benigànim, se considera víctima de la violencia obstétrica y elevó una queja ante el Síndic de Greuges

Cristina Mena muestra la queja elevada ante el Síndic de Greuges en una plaza de Xàtiva.

El debate está sobre la mesa. El reconocimiento, o no, de la violencia obstétrica -entendida como el trato sanitario vejatorio contra las mujeres durante el embarazo o el parto- como una forma de violencia de género en una enmienda de los próximos presupuestos autonómicos ha desencadenado un enconado enfrentamiento entre los partidos que integran el Pacte del Botànic. Dos profesionales sanitarias ya han dimitido de las comisiones integradas contra la violencia de género de la Fe y el Peset y el colegio de médicos ha denunciado la “criminalización” del trabajo sanitario.

Las disensiones políticas están ahí. La decepción de algunas profesionales también. Pero, también hay que tener en cuenta otro punto de vista: el de las víctimas de violencia obstétrica. Tal es el caso de Cristina Mena, enfermera de profesión y residente en Benigànim. Con 28 años de edad, el pasado mes de julio dio a luz a su hijo. Antes, presentó dos quejas por el trato recibido en el hospital Lluís Alcanyís de Xàtiva al tener que acudir a la consulta ginecológica sola. También elevó un escrito ante el Síndic de Greuges, que aceptó su queja. Esta es su historia.

Los primeros problemas llegaron durante la duodécima semana del embarazo: “Estábamos en plena tercera ola y, aunque no nos parecía justo, respetamos la decisión que me obligaba a acudir sola. Tanto yo como mi marido somos trabajadores sanitarios, sabemos lo que estaba pasando”. “Es verdad que nos encontrábamos en una pandemia, pero yo convivo con mi marido. Si hubiera habido problemas, como la ausencia de latido o una malformación, él también se merecía saberlo. En ese momento notificamos nuestro malestar por escrito y desde el servicio de ginecología nos dijeron que iban a tomar nota y que no iba a volver a suceder. Era una revisión y una ecografía necesaria, no estaba de acuerdo, pero lo acepté”, narró ayer la afectada.

En la siguiente revisión -ecografía de la 20ª semana- no se registraron incidentes, ya que pudo acudir acompañada a la consulta con su marido. Sin embargo, el escenario cambió durante la 34ª semana: “Era la última ecografía y al acudir al hospital nos encontramos un papel en la entrada de la consulta en el que ponía que estaba prohibido el acompañamiento. Sacamos el papel de la anterior queja en el que nos garantizaban que no iba a volver a ocurrir. No nos dejaron pasar. Hablé con mi matrona y me negué, no quería volver a estar sola en la consulta”, apuntó. “Hablamos con la ginecóloga y se plantó. Preguntamos por el jefe de servicio y nos dijeron que no estaba. Tenía cita a las 10.30 de la mañana y salí de allí a las dos del mediodía, cuando nos notificaron que no nos iban a atender. Nos tuvieron toda la mañana en la sala de espera”, expuso.

“Ir a las ecografías sin mi marido fue de lo más duro del embarazo. El estrés causado por estas situaciones fue totalmente innecesario”, se lamentó ayer la damnificada. “Al final hicimos la ecografía en la semana 35. La queja ante el Síndic la tramitó mi hermana, a mí me resultaba imposible sentarme a escribir lo que sentía”, argumentó.

“El embarazo, afortunadamente, salió bien. Pero, por ejemplo, la tarde después de estar toda la mañana en la sala de espera la pasé acostada con contracciones. El estrés y la ansiedad que sufrí, con episodios de mucho llanto, fueron totalmente gratuitos. Y estaba embarazada”, declaró.

“La violencia obstétrica aborda muchas cosas, pero empieza en un maltrato a la mujer embarazada. Tanto yo como mi marido veíamos que en consultas como las de oftalmología los pacientes sí entraban acompañados. Era un agravio comparativo, mi marido no podía ver a su bebé”, comentó. “Cada vez que vas a la consulta de ginecología en el hospital hay una médico diferente. Después de lo que pasó en mi parto me atendió la matrona. Y todo salió bien”, apostilló.

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