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"Nunca se supo quién puso las dos bombas"

Carles Sánchez, antiguo responsable de la librería «La Costera», rememora el atentado atribuido hace 45 años al "VI comando Adolfo Hitler"

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45 años del atentado con bomba atribuido al "VI comando Adolfo Hitler" contra la librería "La Costera" de Xàtiva Fotos: Levante-EMV

El reloj marcaba las once y media de la noche del 25 de noviembre de 1976. Carles Sánchez había bajado la persiana de su librería en la calle Pere IV de Xàtiva cerca de una hora antes y cenaba en un restaurante ubicado en una arteria aledaña. Un sonoro estruendo alertó a los presentes y unos vecinos llamaron por teléfono a los dueños del bar: dos bombas habían explosionado frente a la puerta principal de «la Costera». «Cuando llegué ya estaba la Guardia Civil. Me encontré con mucha gente, noté mucho revuelo. La fuerte detonación había arrasado con toda la fachada», apuntó ayer a Levante-EMV.

Dos garrafas llenas de material explosivo destrozaron la parte exterior del negocio. La onda expansiva se dirigió hacia fuera y también causó daños en dos coches aparcados cerca. No se lamentaron heridos.

Eran los compases iniciales de una Transición que no estaba afianzada, ni mucho menos. Una gran parte de la nación quería deshacerse del yugo franquista, pero también sobrevivían estructuras y nostálgicos de la dictadura. Junto al perpetrado en suelo setabense, durante esa jornada se sucedieron ataques similares en otras librerías de Albacete, Zaragoza y Sevilla. Los integrantes del autodenominado «VI comando Adolfo Hitler» reivindicaron algunos atentados, protagonizando llamadas de aviso y amenazas en días precedentes.

En Xàtiva, sin embargo, nadie asumió la autoría: «No recibimos llamadas ni escritos ni nada parecido antes de que pasara. Siempre se habló de ese comando, pero nunca se supo realmente quién fue el responsable de poner las bombas», explicó ayer Sánchez.

Seis meses de vida

La librería «La Costera» contaba entonces con seis meses de vida, siendo la primera iniciativa de este tipo en la ciudad. Era un polo de atracción para la ciudadanía ávida de cultura, un símbolo de libertad. Además de títulos literarios —con sus correspondientes ediciones en valenciano—, en sus escaparates también se encontraban discos, por ejemplo. El negocio era una referente. Y el ataque potenció esa imagen: «Es cierto que algunas personas tardaron en volver, pero también lo es que recibimos una gran cantidad de apoyos en forma de cartas o telegramas. Hasta Joan Fuster, que era reacio a salir, vino a firmar tomos tras enterarse de lo sucedido», comentó el dueño. Ernest Lluch, o Raimon, por citar dos nombres, también pasaron por el local.

Antes de abrir su negocio, Sánchez trabajó de carpintero en Alzira: «Mi cuñado tenía una librería allí y pensé en traer un proyecto similar. Llevo tantos años en la ciudad que ya me considero un setabense más», puntualizó.

El dueño de «la Costera» guarda con mimo mucha documentación relacionada con el suceso, incluso un falso escrito en el que se decía que el ataque había sido una maniobra suya para darse a conocer: «Pusieron las bombas porque vendíamos libros, había cultura... Lo hicieron por sus ideas reaccionarias, pero no consiguieron su objetivo. No ganaron, no nos callaron» apostilló.

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