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Las pioneras de la Xàtiva feminista

Las pioneras DE LA XÀTIVA FEMiNISTA

Las pioneras de la lucha contra la violencia de género en Xàtiva fueron las feministas Artemina Botella-María Luisa y Violeta, Ana Artigues de Soler, Miss Ketty, Celia, Fanny… Muchas de ellas, muy conocidas, otras no tanto, y todas ellas tuvieron que escribir bajo pseudónimo para evitar las presiones de una sociedad patriarcal que, tanto por la izquierda como por la derecha del pensamiento, opinaba que la principal función de la mujer era procrear, criar niños y cuidar de la casa. Y, en el peor de los casos, ser un objeto sexual de los hombres. Contra aquel opresor corsé, comenzaron a luchar aquellas mujeres a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, que buscaban en la liberación del cuerpo, el camino hacia la libertad e igualdad en derechos.

La rebelión femenina empezó simbólicamente contra aquella impuesta moda, de tener que ceñirse un apretado corsé para parecer bella. Científicamente estaba comprobado que era muy perjudicial para la salud femenina, ya que al hombre no se le obligaba esconder la panza con una faja, ni tener que lucir a la fuerza una cintura de avispa, que subiera las carnes hacia los pectorales, con el objetivo de lucir escote. Ello provocaba dolencias renales, estomacales, problemas respiratorios, dolores de abdomen, astricciones-alteraciones gástricas que podían generar úlceras-, esterilidad, problemas ováricos o anemia para poder ceñirse la prenda que diera al torso un aspecto cónico.

Se hacía por tanto necesario romper con el corsé y permitir que la mujer fuese dueña de su cuerpo. Soltar las carnes y recuperar la libertad de movimientos fue todo un símbolo y preludio del gran manifiesto de la Liga del Progreso de la Mujer, que iba a circular por Xàtiva y toda España al final de la Gran Guerra. Un conflicto bélico también denunciado por las feministas, pero que indirectamente había servido para demostrar que, con los hombres en el frente, las fábricas y el campo, no habían dejado de producir gracias al trabajo femenino. Ello llevó a la reivindicación de la participación política. Si había demostrado la mujer que era capaz de trabajar, también sería igual de eficiente que el hombre, en un parlamento. Sólo la igualdad podría llegar si se cambiaban las injustas leyes que impedían a la mujer ser igual al hombre.

El corsé impedía la liberación, y suponía una forma de violencia porque ponía en peligro la salud, y la mujer moderna del siglo XX, no aspiraba a ser una Diosa de la Belleza, deseaba tener una educación con la que poder desarrollar una carrera intelectual o un oficio. Ya estaba bien de que se educasen a las señoritas para saber moverse en un baile, en un paseo, aporrear un piano, o saber bordar unas letras en el ajuar de una dote, que serviría para que un joven caballero, la cortejase, hasta pactar el matrimonio, con el padre

Aquella dependencia generaba miseria económica, si la fémina no encontraba un compañero de género que la mantuviese, o mucho peor, de tipo moral, si éste era un maltratador, que imponía su voluntad a la fuerza. Ana Artigues de Soler, tal vez víctima de malos tratos, tuvo a bien divulgar en Xàtiva la idea nacida en Madrid, sobre la apertura de una red de casas de la Mujer, donde pudiese aprender a ser libre e independiente. Unos centros de carácter privado financiados por mujeres y hombres pudientes donde altruistamente se pudiese recibir cobertura social, educación, aprender un oficio, establecer sindicatos, o recibir asistencia médica, o apoyo ante el maltrato, y no ser víctimas de los crímenes pasionales, como entonces se conocía a la violencia de género, en una de sus facetas.

Ana Artigues, junto a Artemina Botella, pronto participaron de aquella idea, recogiendo firmas para el manifiesto de adhesión de Xàtiva a la Liga Española para el Progreso de la Mujer, donde defendían la institución como instrumento para iniciar una verdadera liberación, que rompiera el corsé y permitiese acceder a la igualdad. Panfleto que provocó una gran división en Xàtiva, al pensar los sectores más conservadores que el feminismo era lo contrario al machismo, cuando era un movimiento de igualdad. Idea que aún prevalece en nuestros días.

Desgracidamente, la Casa de la Mujer sólo se hizo realidad cien años más tarde. Y lo más parecido que se tuvo, fue la sede de la Agrupación Femenina situada en la calle del León, y nacida al calor de la República. Entonces como hoy, con el favor político pudieron desarrollar proyectos para reivindicar el derecho a la coeducación, al trabajo, al divorcio, al voto, a la representación política, cuya fundadora y líder, Artemina Botella, fue la primera concejala de Xàtiva, que impulsó también la primera batalla contra la violencia sufrida por la mujer, en uno de sus aspectos más crueles, la utilización de las féminas como objeto sexual.

La República, como el resto de los regímenes políticos, no iba a mover un dedo por la abolición de la prostitución o la utilización del cuerpo de la mujer como objeto de consumo. Lo denunciaba Artemina como Violeta en la prensa de la época. «Kioskos repletos de folletos pornográficos con dibujos de una obscenidad que hacen enrojecer a un carabinero…» Unos folletos que anunciaban la llegada a Xàtiva de compañías de varietés que ofrecían espectáculos no aptos para señoritas al que llegan «esos sin escrúpulos que plantan barracones con una exhibición de carteles con mujeres desnudas en posturas psicalípticas».

Hoy, como entonces, el feminismo demandó la total erradicación de la prostitución. Condenaba la costumbre de muchos hombres de iniciarse sexualmente en el carrer de les xiques. Y apuntaba: «se mueran los padres de vergüenza cuando tienen la mala idea de señalar el camino del prostíbulo a sus hijos, dando el mal ejemplo». Reivindicaba la educación sexual que ayudase al hombre a «sacudirse el yugo grosero de los bajos instintos» y la obligación de los poderes públicos de erradicarla. «La República tiene el deber de sanear las costumbres e impedir que el pueblo se degrade en espectáculos de esta naturaleza. Se nos ha prometido la abolición de la prostitución reglamentada, veremos cuando se realiza esta mejora social». Hoy el debate sigue de actualidad, igual que el del libre acceso a contenidos pornográficos. Otros tiempos, mismos problemas

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