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LA CIUDAD DE LAS DAMAS

Año nuevo, ¿Vida nueva?

AÑO NUEVO, ¿VIDA NUEVA?

Año Nuevo, vida nueva, frase hecha y manida que -como todas- resulta bastante mentirosilla pero que se ajusta a nuestra necesidad de confiar en cambios que mejoren nuestra existencia. Pero, ya apagadas las luces de la Navidad, encerrado el reno en su corral o donde sea, y estando ya los Reyes Magos refrescando sus pies cansados, lo que queda en realidad es un cambio de dígito, un nuevo calendario de pared, un nuevo día laborable para quienes tienen suerte de tener empleo, donde se recuperan de forma automática las rutinas del año anterior. No obstante, es cierto que la nueva agenda se puede llenar de actividades diferentes propias de un estilo de vida distinto. Es posible, aunque lo cierto es que se imponen casi siempre las inercias, los condicionantes, las prioridades, sobre el deseo crónico de aprender idiomas, adelgazar y hacer ejercicio, aspiraciones todas ellas que junto con querer a los nuestros, constituyen el decálogo mayoritario de deseos para el nuevo año.

Sería de agradecer, en un alarde de imaginación y creatividad, que nuestras energías se lanzaran a conquistar otro tipo de objetivos. Quizás en lugar de aprender inglés, cultivar la resistencia ante la manipulación mediática. O en lugar de hacer ejercicio, hacer meditación, que no nos vendría nada mal dada la confusión en que solemos vivir. Lo de que querer a los nuestros no admite corrección, aunque debería complementarse con minorar el rencor al enemigo, da igual que sea en el ámbito laboral, político o social, que la malquerencia es una costumbre social que cansa, debilita y resulta completamente estéril.

A Bill Gates le ha dicho su bola de cristal -que no debe ser de las caras, a la vista de sus poco originales conclusiones- que en 2022 seguiremos bregando con el virus. Con algunos de los ya conocidos o con sus posibles mutaciones, que se multiplicarán mientras que no mute la inteligencia macropolítica y se aperciban algunos de que la vacunación masiva hace referencia a toda la población planetaria, sin atender a fronteras pintadas en un papel.

Pedro Sánchez seguirá celebrando las cifras de vacunaciones, igual que Yolanda Díaz las del empleo, con toda la razón del mundo. Y ambos seguirán teniendo pendientes en su agenda la resolución de problemas de envergadura, desde el futuro de la gente joven hasta las pensiones de la gente mayor, pasando por las cuestiones territoriales, el cambio climático con o sin granjas de cerdos y, si les quedara tiempo, el tema de las mujeres que mueren asesinadas a razón de un centenar por año, a modo de epidemia letal y descontrolada.

Y aquí, en Xàtiva, seguiremos hablando de programas que dan empleo a un puñado de gente, de cañerías que revientan y propuestas que no reciben respuesta, de generosas subvenciones para proyectos de futuro que no todos tendrán la suerte de ver fuera del papel.

Quizás se caiga alguna casa más en el apreciado y abandonado casco antiguo y seguro que cerrarán algunos comercios más de los tradicionales de toda la vida restando historia y personalidad a la ciudad. Los bancos continuarán abusando del personal con su falta de servicios y su prepotencia y se maldecirá amablemente la falta de transparencia y funcionalidad de la web municipal. Previsiblemente, habrá un Plan de Igualdad para hacer de la ciudad un espacio equitativo y sin discriminación en el que se está trabajando desde el Consell de les Dones. La salud, más allá del maldito coronavirus, seguirá siendo motivo de gran preocupación y ansiedad en razón a la precariedad del sistema sanitario.

Ciertamente, el nuevo año requerirá de muchas energías, porque queda mucho por hacer.

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