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LA CIUDAD DE LAS DAMAS

Mayores pero no idiotas

Mayores pero no idiotas

Viene muy bien poder celebrar de vez en cuando una victoria, aunque sea solo de una batalla y no de toda la guerra. Sobre todo si se refiere a uno de esos conflictos absolutamente desequilibrados en cuanto a la relación de fuerzas, otra más de David contra Goliat, donde se evidencia de forma clarísima quienes poseen la razón y donde está la justicia.

Fue un señor de 78 años el que lanzó una de esas peticiones tan usuales en la red que ya han firmado casi 350.000 personas. Demostrando así que no se está contra el progreso, que tan útil puede ser a las buenas causas, sino contra la imposición abusiva y excluyente de la sociedad digital.

Exigía a las entidades bancarias un trato digno y humano para las personas mayores. Hablaba de maltrato, de abuso y abandono y no se quedaba corto porque eso es lo que sucede en esas impolutas oficinas bancarias que en Xàtiva también existen, totalmente vacías de seres humanos pensantes y hablantes que han sido sustituidos hasta casi la extinción por máquinas que dan el turno, que dan dinero, que pagan tus recibos… pero no te dan los buenos días.

Importante la diferencia existente entre entidad bancaria y trabajadora o trabajador de la banca ya que estos últimos no tienen la culpa de nada porque carecen, como todo el mundo puede comprender, de la más mínima capacidad de influencia allí donde se toman las decisiones estratégicas, en esos despachos insonorizados donde solo cuentan los balances y se es inmune a cualquier tipo de presión derivada de la humanidad y el respeto a las personas, sobre todo, si no da dinero.

El pasado agosto, el Banco de España alertó de que más de 1,3 millones de ciudadanos están en una situación de vulnerabilidad ligada a su incapacidad de acceso al dinero en efectivo, a pesar de ser sus legítimos dueños, lo que les condena a asomarse desconcertados a entidades bancarias que casi les prohíben el acceso o les imponen requisitos que les complican la vida. Solo una de cada cuatro personas de más de 74 años usa la red a diario, según encuesta del INE, y hasta la fecha, solo algunas administraciones locales y regionales intentaban paliar los efectos del cierre de bancos, en general optando por mantener los cajeros automáticos en los pueblos.

La petición, fantásticamente denominada «Soy mayor, pero no idiota», especifica que lo suyo no es negar el progreso y la informatización sino disponer de un margen de tiempo que les permita la aclimatación a esa sociedad digital que les pilla con una capacidad de aprendizaje ralentizada. Quien hoy esté en su momento de plenitud vital y no sea capaz de entenderlo, merece una vejez de esas que nadie quiere que le toque.

Por lo pronto, el Gobierno ha dado un mes a las entidades bancarias para tomar medidas que eviten la exclusión digital en materia de servicios financieros de las personas mayores. Hay soluciones a corto plazo para evitar el abandono (cajeros rodantes, ampliación de horarios…) y para formar a esa generación de más de 70 años que utiliza escasamente las nuevas tecnologías. Siempre se está a tiempo de aprender si te dan la formación adecuada.

Consenso social. El considerable número de firmas recogidas por el señor mayor, valenciano y médico para más señas, no son suficientes desgraciadamente, para abrir el puño cerrado de los bancos, pero sí para hacer evidente el amplio consenso social que su petición suscita junto con el claro aviso del tesón y empeño que son capaces de invertir. Su tiempo será escaso, pero su terca rebeldía es invencible.

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