Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

"Mi hijo se quitó la vida por la falta de ayuda para tratar su trastorno de la personalidad"

Una familia de Xàtiva denuncia la falta de diligencia de la administración para salvar a Noberto del infierno de la enfermedad del TLP - Un juez decretó su internamiento en un centro tras años peleando, pero la orden no llegó a acatarse

Una imagen de Norberto. | LEVANTE-EMV

Norberto no pudo más y saltó al vacío un 30 de agosto de 2021, a los 40 años. No era la primera vez que intentaba acabar con su vida -la última había sido tan solo un año antes- pero en esta ocasión el impacto fue mortal. Su descenso a los infiernos de la enfermedad mental había comenzado 23 años atrás, cuando tuvo su primera gran crisis, poco antes de cumplir la mayoría de edad. El diagnóstico fue un trastorno límite de personalidad (TLP) que explicaba su comportamiento altamente inestable, impulsivo y extremadamente sensible a la mirada de los otros, así como sus continuos episodios de agresividad incontrolables, por las dificultades para manejar sus emociones. La convivencia con su entorno se volvió insoportable con el paso del tiempo: se hacía daño a él y se lo hacía a los demás.

Después de innumerables visitas al psiquiatra y a los tribunales, una orden judicial decretó su internamiento involuntario en un centro en febrero de 2021. En junio, otra sentencia designó al Instituto Valenciano de Atención Social-Sanitaria (Ivass) responsable de su custodia. Pero estos mandatos nunca llegaron a cumplirse. El suicidio llegó pocos meses más tarde.

«Mi hijo tuvo una vida horrible por la falta de ayuda», lamenta la madre de Norberto, Carmina, que ha emprendido una cruzada para visibilizar las fallas del sistema en el tratamiento del TLP y el desamparo de las familias que combaten esta grave enfermedad crónica. «Durante mucho tiempo la administración y la sociedad nos han dejado todo el peso a las familias y ha sido muy duro. Nos hemos sentido muy solos. Con un tratamiento adecuado se puede llevar una vida digna, pero mi hijo era muy rebelde. Tratábamos de ayudarle, pero no sabíamos cómo», sostiene con impotencia. Los periódicos ingresos en psiquiatría no sirvieron de mucho. Ni tampoco las adicciones que comenzó a sufrir y que agravaron la problemática. «Cuando el médico ve que hay adicciones aún es peor, porque lo tratan como a un drogadicto y no como a un enfermo. Cuando insistía en que se quedara ingresado más tiempo me decían que era una madre consentidora» asegura Carmina.

En medio del calvario, para ella se abrió un rayo de luz cuando conoció a la Asociación Valenciana Trastornos de Personalidad (Asvatp), que ha llevado el caso de Norberto al Síndic de Greuges. La respuesta de las instituciones responsables de su atención ha sido que hicieron todo lo que estaba en sus mayos para ayudarle y que no había plaza para él en los centros que le correspondían, porque la lista de espera es de varios años. La familia ha emprendido acciones legales para denunciar a la Generalitat por falta de diligencia.

Años de espera y demoras

Pero Carmina no busca una compensación, porque nada le devolverá a su hijo. «Lo que quiero es que todo este sufrimiento haya servido para algo, que se ponga en valor la enfermedad y que los psiquiatras comiencen a ser especialistas», reflexiona, una vez ha relatado su desagradable experiencia. Después de la primera gran crisis que obligó a ingresar a Norberto en el Hospital General de València, se sucedieron hasta cuatro intentos de suicidio. Tras varios episodios violentos, Carmina acudió en 2019 a la Fiscalía para intentar incapacitar a su hijo y pedir su ingreso urgente en un centro donde pudieran vgilarlo, tratarlo con la mediación adecuada y que no fuera un peligro «ni para él ni para la sociedad». Los trámites se demoraron y la orden tardó dos años en llegar. En diciembre de 2020 le aseguraron que Norberto tendría plaza en un piso terapéutico de desintoxicación, pero la promesa tampoco se cumplió. «Estamos hartos de tanto protocolo, de tanto trámite. Lo que queríamos era que atendieran a nuestro hijo. Cuando se trata de una persona enferma de cáncer no se pone en duda su tratamiento urgente», censura.

«Cuando vi que había más personas como yo se me abrió el corazón»

A pesar del calvario que ha tenido que atravesar su familia a raíz de la enfermedad de su hijo, Carmina se siente enormemente agradecida por el papel que ha desplegado en su vida la Asociación Valenciana de Trastornos de Personalidad (Asvatp) frente al desamparo que sentía por parte de la administración. «Cuando fui y vi que había más personas a las que les pasaba lo mismo que a mí se me abrió el corazón. Me sentí comprendida cuando solo recibía incomprensión de todo el mundo. A mi hijo no han podido salvarlo, pero a mí afortunadamente sí», observa Carmina, maestra jubilada de Xàtiva que quiere visibilizar la falta de atención sobre el trastorno límite de personalidad.

Asvatp comenzó sin una sede fija y con seis familias y ahora ya suma 200 miembros, con Mislata como cuartel de operaciones. El colectivo brinda apoyo mutuo, recursos, atención psicológica, talleres informativos y cursillos sobre la enfermedad a los afectados.

Compartir el artículo

stats