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El sacerdote albaidí que revolucionó la música sevillana

Torres sigue siendo un gran desconocido pese a fundar el conservatorio de Sevilla y la Orquesta Bética con Manuel de Falla. Fue maestro de capilla, organista, profesor, crítico musical y compuso 130 piezas

El sacerdote albaidí que revolucionó la música sevillana

En Albaida hay una calle y una coral que llevan su nombre, pero su figura sigue siendo desconocida para la inmensa mayoría de la población. Una injusticia histórica que la localidad se propone reparar con la declaración del «Año Eduardo Torres», coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento de uno de los compositores más influyentes de principios del siglo XX en suelo español. El ayuntamiento ha constituido una comisión en la que se han involucrado las principales entidades culturales, festivas y religiosas del municipio. Su cometido es preparar una extensa programación con la que se pretende profundizar y amplificar el conocimiento sobre el personaje y recuperar, agrupar y rehabilitar su vasto repertorio, que reposa olvidado en cajones desperdigados por diferentes archivos de la geografía española.

El polifacético Eduardo Torres Pérez (Albaida, 1872-Sevilla,1934) fue sacerdote, pero vivió entregado a la creación musical. Compaginó sus ocupaciones como maestro de capilla, organista, director de coro, compositor y profesor con la escritura de más de un centenar de críticas de música en el diario ABC. Mantuvo una extraordinaria relación con Manuel de Falla, con quien fundó la Orquesta Bética de Sevilla.

La llegada de Torres a la maestría de la capilla de la catedral de esta ciudad en 1910 supuso un punto de inflexión en el camino hacia el renacimiento de la música instrumental que experimentó la capital andaluza unos años después, en gran medida gracias a los desvelos del albaidí, que impulsó la primera orquesta profesional local especializada en repertorio sinfónico y fundó el conservatorio de Sevilla. Los expertos destacan su influjo renovador en la música religiosa de la época y le señalan como el más destacado representante de la aplicación del llamado «Motu Proprio». Su canto «Salve, Madre» se convirtió en universal y su labor pedagógica y crítica sigue siendo reconocida por su capacidad para elevar y dinamizar la cultura musical sevillana. Compuso más de 130 piezas, mayoritariamente para órgano, aunque firmó bajo el pseudónimo Matheu -para evitar problemas con la jerarquía eclesiástica- una colección profana compuesta de zarzuelas como «El puente de Triana» o «La niña de las saetas».

88 años después de su muerte, sin embargo, el compositor, director y docente de Albaida Juan Carlos Sempere asegura que no conoce otro autor cuyo catálogo de manuscritos se halle tan disperso como el de Torres, un condicionante que dificulta el estudio de su obra. Parte de la documentación, además, desapareció durante la Guerra Civil. Uno de los retos de la comisión que Sempere coordinda es fijar con claridad el paradero de todas las composiciones y alentar su conocimiento exhaustivo, una tarea en la que pueden ayudar las diferentes investigaciones en curso (al menos tres tesis doctores con temática distinta sobre la figura de Torres) que se presentarán en los próximos meses y que alumbrarán aspectos inéditos de la vida y la obra del prolífico autor.

Un músico extraordinario desde niño

Sempere subraya el carácter transversal de la comisión del Año Eduardo Torres, en la que están representadas las bandas de música locales, la iglesia, el Museu Segrelles, las camareras de la mare de Dèu, la coral o los festeros de Albaida. La idea es que todos los colectivos se impliquen en la organización de al menos un acto cada mes, con un hilo conductor común. El programa, que se presentará oficialmente a finales de marzo, incluye ponencias y conciertos que reestrenarán y recuperarán algunas piezas del compositor. También se rescatará la correspondencia con otros insignes artistas como el pintor albaídi José Segrelles.

Torres no vivió tiempos fáciles. El arzobispo le prohibía escribir música profana y tampoco le dejaron dirigir la Orquesta Bética, como quería su amigo Manuel de Falla. Nació en el seno de una familia humilde y se crió entre notas. Su padre era sastre y dirigía (sin cobrar) la banda de Albaida. Del compositor se ha dicho que le apodaban el «Traganotas» porque, de bien pequeño, tenía la capacidad de silbar melodías que había escuchado minutos antes. «Torres fue un músico extraordinario desde niño. Su figura trasciende en el tiempo y más allá de nuestras fronteras», apostilla Sempere.

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