Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El huérfano setabense que impulsó la psicología moderna

El profesor emérito de la Universitat València Helio Carpintero disecciona la biografía de Lluís Simarro, polifacético psiquiatra y activista que luchó por una ciencia sin dogmatismos en el siglo XIX

El catedrático Helio Carpintero, a la derecha, junto a Francisco Ybias, director del IES Simarro. | PERALES IBORRA

El catedrático Helio Carpintero, a la derecha, junto a Francisco Ybias, director del IES Simarro. | PERALES IBORRA / Salvador Catalá. Xàtiva

Salvador Catalá. Xàtiva

La Casa de la Cultura de Xàtiva acogió el pasado jueves la quinta charla del ciclo de conferencias concebido por Amics de la Costera para divulgar las biografías de grandes científicos de la ciudad. En esta ocasión, el catedrático Helio Carpintero Capell, profesor emérito de la Universitat de València y la Complutense de Madrid, desentrañó la poliédrica figura de Lluís Simarro Lacabra, precursor de la psicología moderna, un hombre que vivió a caballo entre la ciencia y la política.

Como científico fue psiquiatra, colega de Ramón y Cajal y el primer catedrático de España en la especialidad de psicología. Como político fue libre pensador, masón, defensor de una ciencia libre de dogmatismos religiosos, y de los derechos humanos, entre los que destacó el de la educación.

Hijo del ilustre pintor local Ramón Simarro, Lluís nació en Roma en 1851, durante una estancia pictórica de su progenitor. Tras enfermar de tuberculosis, la familia volvió a Xàtiva. Ramón murió al poco tiempoy su madre, Cecilia Lacabra, se suicidó al día siguiente presa del dolor. Luís quedó huérfano y fue educado por unos tíos paternos que le apoyaron en su decisión de iniciar estudios de medicina.

Estudiante brillante y conflictivo, se involucró en la revolución de 1868. Pronto emigró a Madrid para concluir sus estudios al tener problemas con las élites académicas valencianas. En la capital, frecuentó los Ateneos, lugares donde se empapó de las nuevas ideas introducidas por el evolucionismo iniciado por Darwin y por el laicismo sugerido por la Institución Libre de Enseñanza, que le llevaron al compromiso social, y a intentar forjar una moral pública y ciudadana que hiciera frente al problema del analfabetismo y la ignorancia, primer gran escollo para poder impulsar el desarrollo de la ciencia en España.

La necesidad de experimentar hizo que el doctor tuviera problemas con las autoridades religiosas. Simarro postulaba que la enfermedad mental venía determinada por la estructura del cerebro. Era consecuencia de factores biológicos, que podían ser sólo estudiados analizando masas encefálicas de dementes difuntos. Las monjas del Hospital de Santa Isabel, lugar donde ejercía, se lo impidieron. Decidió, por tanto, tomar el camino del exilio en busca de poder investigar libremente

Residió en París cinco años para traer a España las ideas de la psicología moderna, y poder trabajar sin trabas eclesiásticas. Aprendió estrategias de Charcot para tratar el histerismo mediante hipnosis y descubrió desórdenes mentales consecuencia de la proyección de pensamientos negativos en la mente humana. Tras aprender nuevas técnicas, regresó a España, donde cobró fama como perito psiquiatra, consiguiendo que la demencia fuese atenuante en penas por asesinato, de forma que el condenado no acabara ejecutado, sino internado en un psiquiátrico.

A finales del siglo XIX, se convirtió en colega de Santiago Ramón y Cajal, al que instruyó en la técnica Golgi, lo que le permitiría al futuro Premio Nobel, descubrir la neurona como célula independiente. Mientras, Simarro impartía docencia en la Complutense de Madrid, y se convertía en el gran divulgador de las nuevas técnicas que llegaban de Europa. Catedrático desde 1902, intentó crear el primer laboratorio de psicología clínica, cosa que logró en 1915.

La convulsa situación política que vivía el país le hizo inclinarse por el activismo en política, en la línea de la defensa de los derechos humanos. El estallido de la Semana Trágica y la condena a muerte del maestro Ferrer y Guardia, le llevaron a escribir «el proceso Ferrer y la opinión europea», donde denunciaba la injusticia cometida, y los errores de un proceso judicial que pretendía culpabilizar a un maestro, cuyas ideas docentes basadas en la enseñanza laica y racional, podían generar revoluciones contra el orden establecido. A partir de entonces se comprometió ideológicamente con ideas republicanas y socialistas, lo que le llevó a participar en las campañas políticas organizadas por el partido republicano de Blasco Ibañez.

Proyectos sociales

España sólo podría modernizarse abriéndose a Europa, con especial atención, en la mejora del acceso a la educación y de la salud mental. Para ello, se implicó socialmente en proyectos como la asociación para el progreso de las ciencias, la humanización de los psiquiátricos como hospitales de enfermos mentales y no cárceles, la fundación de escuelas de criminología, o de laboratorios de psicología, donde impartir docencia y crear escuela, como bien inmortalizara Sorolla en sus cuadros, del que fuera amigo y médico personal. Al igual que con el poeta Juan Ramón Jiménez.

Concluyó el profesor Carpintero que ahí estuvo su problema, el no haber escrito. Si hubiera publicado algún libro con sus aportaciones científicas, tal vez sería más conocido, y más valorado, como científico precursor de la psicología y del compromiso ético con la sociedad de su tiempo. Tal vez por el IES Luís Simarro Lacabra de Xàtiva sea la única institución que lleva su nombre.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents