Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La guerra lastra el sector vinícola de la Costera al cerrar el mercado ruso

La cooperativa La Viña da por perdido uno de sus principales canales de venta en el exterior y busca otras salidas a la producción - La cooperativa de Moixent, en cambio, nota un repunte en la venta de aceite

Instalaciones de la planta embotelladora de la cooperativa vinícola La Viña de la Font de la Figuera, en una imagen de archivo. | PERALES IBORRA

A 3.700 kilómetros del corazón de la guerra que devasta Ucrania, las consecuencias del conflicto comienzan a palparse ya en los sectores primarios de la Costera y la Vall d’Albaida. La cooperativa La Viña de la Font de la Figuera da de momento por perdidas un «porcentaje importante» de sus ventas al exterior como consecuencia de las sanciones que prácticamente han cerrado las transacciones con Rusia, uno de los principales mercados para la entidad vinícola. Por encima de la crisis energética y de los problemas con los suministros, la cooperativa se está viendo especialmente golpeada por las repercusiones de la invasión, según admite el presidente de La Viña, José Fita. «No podemos seguir manteniendo la oferta en Rusia, primero por una cuestión logística del transporte, pero también por el bloqueo del sistema financiero que dificulta cobrar los pedidos y luego por un tema puramente ético», subraya.

La guerra ha trastocado por completo las previsiones de la entidad, puesto que los mercados «son muy competitivos» y de un día para otro resulta imposible recolocar esa alta porción de mercancía que se exportaba al citado país. Aunque se están explorando alternativas para intentar ofrecer salida al producto en otros mercados, por el momento la entidad tiene que «aguantarlo» en sus instalaciones.

La Viña se encuentra bajo el paraguas de Anecoop, cooperativa de segundo grado que calcula unas pérdidas de cerca de 18 millones de euros por el impacto de la guerra de Ucrania, el equivalente al 1,2 % de la facturación de esta cooperativa con filiales en Rusia y Polonia, que ahora está «totalmente volcada en la crisis humanitaria», enviando productos y acogiendo a refugiados en este último país, según precisan sus responsables.

Al conflicto se suma una crisis energética que ha disparado el precio del gasóleo agrícola hasta niveles tan preocupantes que las cooperativas comienzan a plantearse si no saldría a cuenta parar temporalmente la maquinaria para no consumir. «La situación se está poniendo muy seria. Acabamos de salir de la covid y, cuando parecía que íbamos a tener un respiro, seguimos sin poder levantar cabeza», resume Fita, que en cualquier caso limita las repercusiones económicas cuando «son vidas y sufrimiento humano lo que está en juego».

También en Cofrudeca (la Vall d’Albaida) auguran pérdidas importantes en el mercado del vino por la guerra debido al riesgo de los cobros que «se han complicado enormemente».

Crece la venta de aceite de oliva

En el reverso de la moneda, la cooperativa Sant Pere de Moixent está experimentando en los últimos días un repunte importante en las compras de aceite de oliva producido en sus instalaciones como consecuencia de las restricciones al aceite de girasol que han comenzado a sufrirse en los supermercados. «El motivo no nos gusta nada», matiza en todo caso el director de la entidad, Joan Llobell.

Por otra parte, los problemas en el suministro de materias primas también pasan factura a las coperativas de la comarca y están provocando auténticos quebraderos de cabeza a los comerciales ante la necesidad de anticiparse para conseguir determinados productos en tiempo y forma y cuadrar cuentas, puesto que los precios son muy cambiantes. «Los proveedores nos están pidiendo que tengamos una previsión a seis meses vista para podernos abastecer, cuando antes llamabas un mes antes para hacer el pedido y te servían. Ahora quieren saber de antemano el volumen de lo que necesitas», explica Llobell. La falta de vidrio también está dilatando las entregas de pedidos de algunas bodegas y almazaras de la Costera y la Vall con embotellado de cristal, lo que a su vez obliga a las tiendas a tener que aprovisionarse a largo plazo para atender la demanda de sus clientes.

Compartir el artículo

stats