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LA CIUDAD DE LAS DAMAS

La reina de la Fira de Xàtiva

Se abre el plazo para presentar las candidaturas a Reina de la Fira d’Agost de Xàtiva 2022

Hay jardines en los que es mejor no adentrarse, porque están llenos de matorrales espinosos, pero también hay compromisos ideológicos que hay que mantener y defender a pesar de que la inercia sea obviarlos y optar por la resignación. Ya nadie opina ni pretende abrir debate ante la reciente publicación de las bases para la presentación de solicitudes de las jóvenes interesadas en ser la próxima Reina de la Fira de Xàtiva porque el silencio es cómodo y aséptico.

Cuando se pregunta sobre este tema hay quien se muestra belicoso, ya sea a favor o en contra, sin que haga falta sulfurarse porque no hay ofensa en la discrepancia, que se debería abordar con argumentos y sentido común.

En 2016, en un referéndum con una participación del 24%, cerca de cuatro mil personas manifestaron su deseo de que se mantuviera la figura de la Reina de la Fira. Por ello, Xàtiva seguirá manteniendo un ritual que no parece en absoluto acorde con la sociedad que vivimos, con el papel de las mujeres en él, con el creciente reconocimiento a su valía, a su protagonismo, derivado siempre de su trabajo, de su talento e inteligencia.

Dos huelgas feministas que sacaron a mujeres y hombres a la calle en defensa de la igualdad, unos entusiastas compromisos políticos con el feminismo mil veces proclamados, unas jóvenes generaciones educadas en la condena y rechazo a los modelos sexistas, no repercuten en absoluto en la cansina convocatoria de la Reina de la Fira y su corte de Honor.

No es en absoluto rechazable que una mujer desempeñe un papel tan significativo en un acontecimiento tan importante para la ciudad como la Fira de Agosto. Muy al contrario se debería animar a todas las mujeres setabenses a que exijan que se les reconozca su papel protagonista en la celebración más emblemática de la ciudad.

La discrepancia surge cuando la Reina en cuestión, reina pero no gobierna. Lo que resulta humillante para las mujeres de hoy en día, sobradamente preparadas, con voluntad de ocupar su sitio en el mundo para hacerse oír y colaborar en su mejora es que el puesto para el que se las convoca es puramente estético, virtual, para embellecer el cartel de la fiesta, un reclamo sexista y rancio que no encaja en una sociedad moderna e igualitaria.

Exactamente igual que no se entiende hoy una Fira donde los animales no estuvieran perfectamente atendidos con todas las condiciones sanitarias garantizadas; a semejanza de las medidas que se toman para garantizar la seguridad de las atracciones mecánicas o evitar molestias al vecindario; de la misma forma en que se hacen controles de los productos en venta, etc…imponiendo nuevos requisitos y garantías adicionales acordes con los tiempos, se debería revisar el papel que se otorga a la figura de la Reina.

Lo cual no cuestiona de ninguna forma la dignidad y orgullo con el que han desempeñado el cargo las vecinas que lo han ocupado, exentas de toda crítica, porque lo que se reclama es la escasa relevancia de las funciones asignadas que impiden ver la calidad personal de la ocupante que solo se atisba en memorables discursos de Reinas, en las noches de inauguración y clausura, llenos de maestría, de emoción y de inteligencia, de sensibilidad y de talento. Abogar por otro modelo de Reina, es apostar por una representación moderna de la Fira, centrada quizás en las generaciones que garantizan su futuro, donde ellas y ellos se entienden como iguales para ofrecer no solo una imagen estética vacía de contenido sino un mensaje de renovación y permanencia de la «millor fira del món».

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