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Los ERE y los cierres temporales vuelven a planear sobre el textil de la Vall d’Albaida

Las empresas encaran un otoño «muy complicado» por los costes energéticos, que ya representan más de la mitad del gasto en el sector de los acabados y la tejeduría - El sector lanza un SOS al ver la situación insostenible y las ayudas, insuficientes

Un operario de una factoría textil en plena producción. | JUANI RUIZ

Con la inflación alterando el comportamiento de los consumidores y los costes de las materias primas y de la energía desatados, la amenaza de los expedientes de regulación de empleo y de los cierres parciales vuelve a planear sobre la industria textil a la vuelta del verano. A las empresas asentadas en la Vall d’Albaida no les salen los números e, incapaces de asumir el actual volumen de gastos que impone la coyuntura, algunas ya han comenzado a preparar medidas drásticas que impactarían de lleno en el empleo —según confirman a este diario fuentes del sector— con vistas a un otoño que se presenta «tremendamente complicado».

El desorbitado incremento del precio del gas tiene buena parte de la culpa. Facturas que antes ascendían a 25.000 euros ahora llegan a rozar los 200.000 euros para un mismo consumo en una factoría, una subida que no puede repercutirse en los clientes y que se traduce en una merma de la capacidad productiva de las industrias, con la consiguiente bajada de la actividad cotidiana.

«La energía es ahora mismo el factor más inestable y en nuestra industria la electricidad y el gas son elementos importantísimos», resume el presidente de la patronal textil valenciana (Ateval), el ontinyentí José Vicente Serna. Los costes energéticos ya representan la mitad del gasto total en el subsector de los acabados —del que depende el resto de la cadena productiva— y un 55 % en el ámbito de la tejeduría, mientras que en las empresas de hilaturas el consumo de electricidad ha pasado de representar el 10 % al 30 % del presupuesto global.

La prolongación del conflicto bélico en Ucrania y los efectos colaterales de los posibles cortes de gas que Rusia pueda aplicar a Europa contribuyen a alargar el oscuro túnel e impiden ver la luz al final. La preocupación en el ambiente es mayor que durante la pandemia, puesto que, una pasado lo peor de la crisis sanitaria, las empresas textiles se reconvirtieron y se produjo un repunte del consumo en los hogares que permitió al sector recuperarse rápidamente del golpe inicial provocado por el estado de alarma.

De vuelta al presente, algunas mercantiles ya han tenido que aplicar pequeños ajustes de personal y otras prevén seguir la misma línea y barajan presentar expedientes de regulación de empleo temporales (ERTE) cuando no cierres momentáneos para sortear la asfixia económica y poder capear el temporal. «Hay mucha incertidumbre», subraya Serna.

Llamada de auxilio

Es por todo ello por lo que el Consejo Intertextil Español (CIE) ha decidido lanzar una llamada pública de auxilio para visibilizar la problemática. La organización estatal pide a la Administración que cumpla sus promesas de ayuda al sector textil, tras un paquete de estímulos directos a la industria dependiente del gas que se considera «insuficiente» para paliar la tormenta. «No se ha utilizado un criterio objetivo en el reparto y no van a llegar a todas las empresas», sostiene Serna, vicepresidente del CIE.

En un momento en el que la Unión Europea apuesta por la transformación del sector textil hacia modelos de circularidad y sostenibilidad medioambiental, las industrias advierten de que todavía están muy lejos de alcanzar la estabilidad suficiente poder invertir en los cambios que demanda Europa. Se está constatando, de hecho, un proceso de descapitalización en las empresas por culpa de la crisis de precios energéticos. «La situación es insostenible y no hay ninguna señal positiva de cara al resto del año», incide el presidente del CIE, Manuel Díaz.

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